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El nuevo Gobierno de Bolivia, a la cabeza de Luis Arce, asumirá las riendas del país en una de las coyunturas económicas más complicadas del siglo XXI, debido a la desaceleración de la economía global que se vive desde hace un par de años, la cual se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. 

Esta situación hace que tenga que enfocar sus esfuerzos cuanto antes en temas como el mercado laboral, impositivo, déficit fiscal, contrabando, créditos, entre otros. ¿Pero cuál es el más urgente que se debe resolver?

Los empresarios esperan un clima de negocios favorable que los ayude a recuperar la alicaída economía de los emprendimientos. Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), dijo que el nuevo Gobierno debe flexibilizar el mercado laboral adecuándolo a la nueva normalidad pos-Covid-19; acelerar la implementación de los fondos de garantía y créditos estatales a las empresas e implementar al 100% el Programa de Compras y Contrataciones Estatales de productos Hechos en Bolivia.

“Para reanimar la oferta y la demanda es prioritaria la flexibilización para la producción y comercialización de bienes y servicios en el mercado local”, expresó Blazicevic. Esto, impulsado por una política de sustitución de importaciones de productos industriales por la de bienes e insumos intermedios para agregarles valor y comercializarlos en el mercado interno. La CNI además sugiere mantener los subsidios a productos clave (gasolina y electricidad) e implementar bonos de asistencia social.

Por su parte, Rolando Kempff, titular de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), señaló que para reactivar la economía de Bolivia se necesitan entre $us 7.000 millones y $us 8.000 millones, recursos que, podrían provenir de organismos internacionales como el FMI.

Kempff además manifestó que los empresarios seguirán invirtiendo en el país, pero para ello se precisa un clima de negocios adecuado y seguridad jurídica. “Pensamos que el modelo económico de Luis Arce Catacora incluye al sector empresarial”, dijo.

Entretanto, Oswaldo Barriga, presidente de la Cámara de Exportadores de Santa Cruz (Cadex), considera que el nuevo Gobierno debe enfocar todos sus esfuerzos a recuperar la liquidez del sistema monetario boliviano.

Esto implica la inyección de mucho capital a la economía. Desde el primer día de la pandemia lo venimos diciendo, incluso la cifra que manejábamos en su momento alcanzaba los $us 10.000 millones, que debieron ser inyectados a través de bonos, préstamos, diferimiento de impuestos y apoyo a la emisión de bonos de empresas”, dijo Barriga.

Otro aspecto que el nuevo Gobierno no debe descuidar es el de los incentivos. Así lo considera Gabriela Jiménez, líder de Juventud Empresa. Para ello, se pueden utilizar tarjetas de débito, transferencias por código QR y por distintos métodos digitales. “Este año hemos visto la importancia que tiene la digitalización de las empresas para nuestro crecimiento”, dijo.

La emprendedora considera que se tiene que reducir el IVA (Impuesto al Valor Agregado) a todas las empresas que no sean Pricos (Principales Contribuyentes) y Gracos (Grandes Contribuyentes), las cuales son solo 2.100 en todo el país. Y es que, esta medida balancearía el crecimiento de las micros, pequeñas y medianas empresas (mipymes) e incentivaría la formalización de una forma sana para la economía. Incluso sería más alto el crecimiento si se redujera el IUE (Impuesto a las Utilidades) de las mipymes.

Para Rolando Schrupp, director ejecutivo de Industrias Schrupp y extitular de Fundempresa, Bolivia se encuentra ante una inminente crisis económica de extraordinaria magnitud. “Me temo que el equipo económico del electo presidente Arce no hará lo correcto, sino lo popular y lo político para enfrentar esta crisis. Hoy tenemos tasas de depresión y desempleo históricas”, lamentó Schrupp.

El empresario estima que el nuevo Gobierno dejará de lado el Pacto Fiscal (suspensión a la redistribución de la economía hacia las regiones), aplicará impuestos a los ricos (bajo la bandera de reducción de la desigualdad, lo que causará un aumento de presión tributaria hacia la economía formal), cobrará factura a la derecha (usará la excusa de que la derecha destruyó el Modelo Económico Social Comunitario Productivo durante el año del Gobierno de transición) e incentivará al consumo (inyectando flujo a través de nuevos proyectos de todo tipo, que no tendrán los impactos esperados).

“Las ilusiones que venderá el masismo de una recuperación económica le permitirán tener un breve periodo de estabilidad política y social”, sostuvo Schrupp.





Generación de ingresos

Para Christian Aramayo, coordinador del Centro de Desarrollo Humano y Empleabilidad (Cedhe), el nuevo Gobierno, en términos de urgencia, debe resolver una trilogía por la crisis. La generación de ingresos y movimiento económico a través de una reducción de la carga tributaria y apertura de la economía; el déficit fiscal (y evitar así el incremento de la deuda y la posible emisión monetaria), donde se tiene que reducir el tamaño del Estado y la modernización del mismo; y la pobreza, dado que desde 2013 no hay una reducción significativa de la pobreza en Bolivia, prueba de que el modelo no funciona ni siquiera para la población en situación de vulnerabilidad.

A decir de Aramayo, no hay expectativas prudentes del nuevo Gobierno, porque lo anteriormente realizado durante 14 años no tiene bases para enfrentar shocks externos (crisis). “En la formulación del modelo de Arce, es explícito en que los sectores estratégicos distribuyen sus excedentes a través del Estado, dichos sectores dependen de un contexto internacional favorable, por lo que el modelo es conceptual y estadísticamente inconsistente”, señala el experto.

Por su parte, el economista José Antonio Alberti considera que se debe potenciar el Plan de Reactivación Económica (PRE) inyectando liquidez a las empresas a través de líneas de crédito con montos mayores a los ya disponibles, al mismo tiempo que se reactiva la demanda creando programas de empleo transitorio. De igual manera, hay que honrar las deudas con el sector de la construcción y focalizar la inversión pública en proyectos que requieran bastante mano de obra.

En lo que respecta a los impuestos, Alberti señala que se debe continuar con los diferimientos, pero focalizados, ya que existen algunas empresas que están en condiciones de cumplir.