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Innovar. La Real Academia Española define el término como la capacidad de mudar o alterar algo introduciendo novedades (en ocasiones confundido con la visión de inserción tecnológica como enfoque único). Sin embargo, la madre de este concepto no solo se apoya en un tema de estrategia empresarial de crecimiento, sino también en otras dimensiones que se apegan al desarrollo de la parte humana y la cultura organizacional.

Un ejemplo de ello es lo aplicado en firmas como Farmacias Chávez. El CEO de esta cadena de retail, Leonardo Salvatierra, resume tres aristas fundamentales: no se puede innovar si esa esencia no está en la cultura, hay que ser abiertos y entender cuando no se tiene la razón; asumir la responsabilidad de gestar equipos productivos y fortalecidos (educación que se muestre hacia el exterior de la empresa); y tomar en cuenta que la evolución es una constante en el mundo corporativo.

“Todos andamos locos por ingresar a nuevos mercados, pero si mi cultura no es innovadora será en vano hacer transformaciones si no somos abiertos. Es por eso que el CEO debe estar metido en cada proceso y hacer seguimiento para hacer que las transformaciones sean realizables (desde la fidelización del cliente externo hasta la retribución de los integrantes del equipos. La creatividad llevó a hacer socios a colaboradores por medio de un modelo de microfranquicias)”, resaltó el ejecutivo.

Así como se dan estos modelos de innovación, también este tema exige una búsqueda permanente de equilibrio. De esta manera, el gerente general de Terbol, Juan José Landívar, señaló que explorar los campos de innovación exige tener un bagaje de fracasos al momento de hacer cambios, ya sea en desarrollos o profundizar en el negocio existente (abocado al sector salud).

El desafío de innovar

Sobre estas dinámicas, la directora global de marketing digital de Great Place To Work (GPTW), Cessi Riva, exteriorizó que en toda empresa que madura se generan fricciones que no son saludables para la empresa, pero la clave para evitarlas se centra en una cultura innovadora que debe contar con bases tales como la confianza (transversal en las relaciones laborales), el respeto (entregando herramientas, recursos informativos y transparencia), la credibilidad, la imparcialidad y el liderazgo efectivo.

Un estudio realizado por GPTW concluye que la capacidad de innovación de la organización está determinada por cuántos empleados experimentan oportunidades significativas para innovar frente a las que encuentran ausentes o incluso amenazantes.

“Cuando logramos maximizar a todos (los miembros de un equipo), se llega a una innovación gestada por todos. Así se consigue que las personas den lo mejor de sí. En la actualidad las máquinas no son una amenaza para los puestos de trabajo, sino las personas que se comportan como máquinas. El líder debe dar el lugar correcto a sus colaboradores porque en la disrupción va a necesitar de ellos”, puntualizó Riva.



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