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Finalizaba la década del 90. Luis Rivera Bottani (47), oriundo de Camiri, hijo de Gastón Rivera y Josefina Bottani y formado como arquitecto en Cochabamba, anhelaba dominar el inglés. Cada día escribía cinco palabras durante 25 veces para aprender el idioma. Aunque no entendía, miraba programas de TV en inglés. Vivía en EEUU.

Dos meses después del catastrófico 11 de septiembre de 2001, Rivera creó Bottani Contractors, una empresa de revestimiento de edificios con vidrio y aluminio. Poco tiempo después participó en la refacción del Pentágono. En 2016, esta firma concretó 17 proyectos y rentabilizó cerca de $us 2 millones. 

—Actuamente ¿en qué proyectos están trabajando?
Tenemos varios proyectos. Ahora estamos con  la línea plateada del metro que conecta Tyson Corner hasta el aeropuerto de Dallas. El 
material que trabajamos se llama store front y courtain wall que son cortinas y revestimiento de edificios con vidrios y aluminio. 

—¿Cuántos empleos está generando?
Tengo 100 trabajadores directos. Y eso es variable dependiendo de la temporada. Por ejemplo, en invierno baja por el tema de la nieve, que son alrededor de tres meses, pero todo vuelve a subir pasando esta etapa.

—¿Cuáles son las obras más importantes que han desarrollado?
He trabajado en algunas fases del Pentágono. Asimismo, en el teatro Arena Stage que es un proyecto de $us 300 millones donde se ha encapsulado con vidrio, aluminio y madera. En el edificio antiguo también participamos en el revestimiento del Instituto de la Paz en Washington, que tiene forma de una paloma en el techo, desarrollamos varios laboratorios, estaciones de metro y en el Convention Center.

—¿La mayoría son obras públicas o privadas?
Son obras gubernamentales, pero también las hay privadas.

—¿Quiénes son los accionistas de la compañía?
Soy el único dueño. No tengo socios. Estamos proyectando la posibilidad de abrir una sucursal en Bolivia.

—¿Quién les provee la materia prima?
Son diversas compañías. No hacemos compra directa.  Uno solicita de acuerdo al proyecto y dependiendo de la obra ellos ya nos van dando las sugerencias de productos y nosotros hacemos la elección. Se adecúa el material a la obra y no viceversa.

—¿Cuántos proyectos realizaron en 2016?
En 2016 hemos hecho alrededor de 17 proyectos. Para 2017 estamos proyectando 22 proyectos. En 2016 hemos tenido bastantes escuelas públicas, laboratorios de investigación y edificios particulares como ser hoteles y centros comerciales.

—¿Cuánto facturaron el año pasado?
Casi llegamos a los $us 2 millones, solamente en la parte de mano de obra. Este año queremos superar esta cifra.

—¿Cómo hizo para aprender el idioma allá?
No fui a ningún curso de inglés. Todos los días escribía cinco palabras 25 veces y las repetía. Miraba TV en inglés y trataba de entender qué es lo que estaba pasando. La necesidad de comunicarse es grande. De esa forma me fui autoformando. La situación de un migrante que no habla el idioma del país al que llega es complicada.

—¿La mayoría de sus trabajadores son latinos?
En todo el grupo tengo a 10 jamaiquinos que son el alma del grupo. Son súper tranquilos, no matan una hormiga porque creen en la reencarnación. Tengo también mexicanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y muy pocos bolivianos.

—¿Por qué no hay bolivianos?
El boliviano que va a EEUU no está yendo a trabajar en esta área. Pero hay bolivianos con los que hemos trabajado, han retornado al país y están implementando algo del conocimiento. El problema es que aquí no existen los sistemas.

—¿Nos estamos acercando a la etapa en la que se fabrican casas en días y cualificadas?
Bolivia está en un proceso de crecimiento y en ese camino va ir identificando las fallas y qué es lo que se necesita hacer. Aquí también hay algunas desventajas con los horarios y las formas de pago.

—¿A qué se refiere?
Tenemos que trabajar en la educación. Allá empezamos el trabajo a las 4 am y salimos a las 14:00. Pero si se requiere nos quedamos hasta las 18:00 o más para aprovechar la luz natural que hay en verano. Además no hay eso que llamamos aquí los 10 minutos de tolerancia. A las 4:00 ya estamos trabajando, no alistándonos.

—Para un migrante ¿es difícil hacer empresa en EEUU?
Lo que yo hice fue agarrarme de los valores que mi mamá nos enseñó, como ser la honestidad, puntualidad, el respeto y más que todo saber escuchar. El que no escucha se mete en problemas. Aprender de los demás viendo y no tratar de buscar una experiencia propia para aprender. 

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