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No se confundan. El piercing, la barba desaliñada y una camiseta ‘informal’ con el logo de Mambo, firma peruana de la que es CEO y fundador, son solo una muestra de su autenticidad: un empresario millennial no convencional. Su nombre es Nicolás Aramburu (29) y corporaciones como Claro, Scotiabank, Bucka y Sura, entre otras, ya integraron a este ‘bicho raro’ a la transformación de su cultura organizacional.

¿Cómo se define Mambo y cuáles son sus líneas de negocio en la actualidad?

Mambo es un ‘bicho raro’ en el mundo empresarial. Es mitad empresa y mitad comunidad. Desarrollamos proyectos de innovación para diferentes corporaciones en la región. Estos desarrollos tienen cuatro áreas distintas: transformaciones culturales; el rediseño de experiencias desde cero, ya sea un producto, un servicio o una tienda a partir de la empatía con el público; a partir de la tecnología creamos canales enfocados en lo que los clientes valoran y ayudamos a reconfigurar marcas para que hablen desde su propósito y no tanto desde su producto final. Tenemos una unidad de aprendizaje corporativo donde las empresas desarrollan este ‘mindset’.

En sus presentaciones asegura que la cultura es lo más importante, ¿qué motiva esta afirmación?

Hay una frase que dice que hoy en día la cultura se desayuna a la estrategia. Cuando construyes una cultura potente, que convence, que es de la gente y no precisamente de los líderes o de la empresa, el equipo será capaz de tener la motivación y visión para conseguir resultados. No existe una innovación, logro o acontecimiento de algún líder que no haya venido de un grupo de gente que creía en lo que estaba haciendo. De eso se trata la cultura, de estar en un lugar donde hay propósito y también puedas ser tú mismo.

¿Cómo se construye una cultura sólida en tiempos donde confluyen distintas generaciones y donde los valores no son los mismos?

Yo creo que hay valores que pueden ser compartidos. Una generación puede aprender mucho de otra. Tengo amigos, consejeros y clientes que son mayores que yo y por otro lado están personas que son más jóvenes. Entonces, ahí están los valores de ser abierto de mente, de entender y ser empático con el otro. La empatía es el ADN de Mambo y vemos que si se empatiza con una generación mayor, se comprenderá cómo piensan y así colaborar y trabajar para generar valor con formas distintas de observar las cosas.

Las empresas tienen en agenda planes de innovación y de tener el foco puesto en el cliente, pero no precisamente está en la lista el tema de la empatía, ¿de qué manera se construye esta base?

Se construye viviendo conscientemente. Si eres consciente de lo que generas con tus acciones, significa que estás empatizando con los que te rodean y con el futuro. Entonces, ¿cómo se construye? Es algo que se hace en todo momento. Llevar la empatía a las empresas depende de la mentalidad de las personas. Nosotros no damos empatía, sino que vamos y la construimos junto con ellos. Hay que estar en el día a día.

¿Qué resultados se palpan cuando confluyen los valores de la gente, entre ellos la empatía?

Depende de cada organización, pero siempre que se construya donde hay empatía con la gente y se les da libertad para que se sientan cómodos y sean ellos mismos, eso se traducirá en motivación y los resultados van a mejorar. No te puedo decir cuánto, pero habrá mejoras cuando la gente esté feliz y sintiéndose auténtica. Si ser auténtico y ser serio significa usar saco y corbata, pues está bien. Pero el millenial no sigue precisamente esa línea, sino que busca entornos más abiertos para desarrollarse y eso es lo que nosotros valoramos en Mambo.

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