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Para que el proyecto del biodésel sea factible en Bolivia, se precisa un marco legal adecuado, seguridad jurídica para los inversionistas, un panorama atractivo en términos de retorno de la inversión, pero sobre todo un precio justo, competitivo y garantía de compra de la producción. Así lo afirmó Miguel Dabdoub, presidente de la Cámara de Biocarburantes del Gobierno del Estado de Sao Paulo, durante su participación en el Foro Internacional del Gas.

“La realidad económica tiene que garantizar el desarrollar de esta industria naciente. El productor y el inversionista tiene que tener la garantía de compra de su producción (unos cinco años) a un buen precio (internacional) por parte del comprador, que en este caso es el Gobierno”, explicó Dabdoub.

A decir del experto, cualquier aceite vegetal que pueda ser combinado con alcohol (metanol o etanol), puede ser utilizado para la producción de biodiésel.

En el caso de Bolivia, según Dabdoub, además de la soya, algunas alternativas para producir biodiésel son el maní, cártamo, moringa, girasol y la palma aceitera. “Este último cultivo, puede llegar a producir 5.800 litros de aceite por hectárea; es decir, 5.300 litros más que la soya”, dijo.

De acuerdo con Marcelo Velázquez, director general de comercialización del Ministerio de Hidrocarburos, las oportunidades para llevar a cabo el proyecto del biodiésel en el país, dependen de la capacidad política y planificadora del desarrollo de esa industria emergente.

“Si abrimos una propuesta donde todos pueden participar y el Estado, a través de Yacimientos, evaluar cuáles son los proyectos e inversiones que requiere el país y que cumplan las condiciones claras, se puede tener éxito”, manifestó Velázquez.

Por su parte, Juan Carlos Munguía, gerente general de Gravetal, indicó que la industria está abierta a realizar inversiones, ya sea de forma particular o en asociación con los productores.

Beneficios para el país

Uno de los beneficios indirectos que puede generar la nueva industria, según Marcelo Pantoja, titular de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), es el fomento a la competencia entre industrias que consumen el grano de soya, lo que traerá consigo mejor precio para los agricultores.

“Nuestro objetivo es ampliar la producción de soya, ya que la demanda estará asegurada por los aceiteros o el biocombustible. Esto los podemos hacer mejorando la productividad, hasta un 30%, con biotecnología”, sostuvo Pantoja.

Por su parte, Reynaldo Díaz, presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), señaló que tan solo utilizando un 5% de aceite vegetal en la mezcla de biodiésel, se producirían 100 millones de litros y se generarían 50.000 empleos directos.

En cuanto al ahorro de divisas, el productor manifestó que se pueden alcanzar hasta los $us 300 millones (con un 20% de aceite vegetal en la mezcla).

Para Velázquez, el proyecto de biodiésel generará empleos, divisas y crecimiento económico. “Cualquier desequilibrio que podría presentarse en la balanza comercial, se puede compensar a través de un desarrollo interno sostenible”, señaló.

Por su parte, Gary Medrano, director ejecutivo de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), considera positiva la implementación del biodiésel.

Sobre el impacto ambiental, Dabdoub explicó que sería menor el efecto del desmonte para incrementar la superficie agrícola, que el que genera actualmente el uso de diésel en los vehículos.

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