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Los trabajos de David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens, premiados ayer con el Nobel de Economía, se basan en experimentos naturales, un método innovador para la investigación empírica nacido en los años 1990.

Los experimentos naturales son situaciones surgidas de la vida real que los economistas estudian y analizan para determinar relaciones de causa a efecto.

Se acercan en parte a los ensayos clínicos que permiten a los investigadores evaluar la eficacia de nuevos medicamentos, separando de forma aleatoria a distintos grupos sometidos a pruebas.

Pero los experimentos naturales se distinguen de los ensayos terapéuticos pues, contrariamente a los científicos en los laboratorios, los economistas no controlan los parámetros del protocolo experimental.

El campo de aplicación de estos estudios es muy amplio, como por ejemplo, educación, mercado de trabajo e inmigración.

Salario mínimo y empleo

El canadiense David Card y su colega estadounidense Alan Krueger (fallecido en 2019) estudiaron por ejemplo la relación entre salario mínimo y empleo gracias a un experimento natural a principios de los años 1990. Para ello, compararon la situación del mercado laboral en la zona fronteriza entre los estados de Nueva Jersey y de Pensilvania.

El salario mínimo había sido aumentado en el primero, mientras que se mantuvo igual en el segundo. Al focalizarse en una zona geográfica homogénea, las investigaciones de Card y Krueger mostraron que la subida del salario mínimo no había generado un descenso del número de empleados.

Esta conclusión se oponía a la teoría dominante de la época, según la cual un aumento del salario mínimo destruía empleos.

Por su parte Card estudió la relación entre inmigración y mercado de trabajo, basándose en un caso concreto: la instalación en Miami (Florida) en 1980 de decenas de miles de cubanos que el presidente Fidel Castro dejó salir del país.

Los trabajos del economista mostraron que esta ola de nuevos llegados no tuvo un impacto negativo en el empleo.

También colaborando con Alan Krueger, el israelo-estadounidense Joshua Angrist se interesó por su lado en el vínculo entre nivel de estudios y salario. Comparó el tiempo pasado en el sistema educativo por personas nacidas el mismo año en función de su mes de nacimiento.

Los nacidos a principios de año, que pudieron dejar la escuela un poco antes que los demás, habían realizado en promedio estudios más cortos que quienes nacieron en el último trimestre, y sus salarios eran más bajos.

Ello permitió a Angrist determinar que un alto nivel de educación conduce generalmente a mejores sueldos.

Un premio formidable

El estadounidense-holandés Guido Imbens colaboró luego con Angrist para afinar la interpretación de estos resultados.

La economista Esther Duflo, que compartió el Nobel hace dos años por haber sido pionera en otro método de experimentos económicos en el terreno, saludó el Nobel de este año como “un premio formidable”.

“La “credibility revolution” (revolución de la credibilidad, o giro empírico en economía ¡lo ha cambiado todo!” escribió Duflo.

Para algunos economistas, los experimentos naturales deben no obstante ser manejados con precaución, pues el tamaño de las muestras y la escasa frecuencia de los acontecimientos observados no permiten siempre extraer conclusiones a gran escala.

“No podemos estar seguros al 100% de que los resultados serían exactamente los mismos en otro contexto”, recuerda Julien Pinter.

La ceremonia de entrega será el próximo 10 de diciembre en Estocolmo. El premio, que se dividirán los tres, es de 10 millones de coronas suecas, aproximadamente $us 1,1 millones.


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