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Una especie de abejas en Vietnam utiliza excrementos de animales, que pega a la entrada de sus colmenas, para disuadir a los temibles avispones gigantes de aventurarse allí, según un estudio.

Como todas las abejas, la especie "Apis cerana" no puede competir con los ataques de avispas gigantes como la Vespa soror o la Vespa mandarinia.

En primer lugar, porque son "cuatro o cinco veces más grandes", explica a la AFP Heather Mattila, profesora de biología en la universidad estadounidense de Wellesley.

También porque una avispa común ataca en solitario, mientras que las especies gigantes "realizan ataques en grupo", prosigue la autora del estudio, publicado el miércoles en Nature Communications.

Típicamente, un avispón "explorador" marcará químicamente una colmena frotándose el vientre, antes de regresar con hasta cincuenta congéneres. Su objetivo es "tomar el control de la colmena, matando a todas las obreras o ahuyentándolas, antes de penetrar en el nido, robar las larvas y llevarlas a casa para alimentar a sus crías", explica Mattila.

Las abejas no carecen de recursos para oponerse a estas incursiones. Por ejemplo, utilizando una técnica de "heat-balling", en la que un centenar de ellas se aglutinan alrededor del avispón asiático formando una bola cuyo calor lo mata.

Pero es la primera vez que los investigadores observan el uso de excrementos.

"Extraño ballet"

En Vietnam, algunos apicultores habían notado el extraño ballet de sus abejas depositando algo después de un ataque de avispones, pero sólo uno de ellos sugirió que eran excrementos de búfalos de agua.

"Pensamos que era una locura porque las abejas no recolectan excrementos", comentó Mattila, recordando que se trata de un insecto particularmente limpio y cuidadoso.

Pero, de hecho, eso es lo que hacen, aplicando una constelación de trozos de estiércol o de excremento de pollo en la entrada de su colmena después de un ataque, o cuando detectan la marca de un avispón explorador en su colmena.

Y cuanto más denso es este "moteado", más eficaz es, constató el equipo de Mattila, que estudió tres colmenares durante dos meses de otoño, en una época en la que los avispones gigantes multiplican sus ataques para subvenir a las necesidades de sus propios nidos.

En promedio, los avispones pasaron cuatro veces menos tiempo en la entrada de la colmena cuando estaba llena de excrementos.

EL(afp)

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