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En las películas y la literatura se suele ver a los caballos de guerra medievales representados como bestias enormes y poderosas, pero en realidad muchos no tenían más que el tamaño de un poni moderno, según un nuevo estudio publicado en el International Journal of Osteoarchaeology.

Los investigadores de cinco universidades inglesas examinaron los huesos de casi 2.000 caballos. Los ejemplares, que datan de los siglos IV a XVII, se recuperaron en 171 yacimientos arqueológicos únicos de Inglaterra, entre ellos castillos y cementerios medievales de caballos.

A continuación, el equipo comparó el conjunto de datos con muestras tomadas de caballos modernos –además de contrastarlos con registros históricos y relatos de ficción sobre la caballería–para obtener una imagen más clara de los tamaños y formas de los corceles medievales.

Caballos medievales, sorprendentemente pequeños

Su trabajo reveló que la mayoría de los caballos medievales, incluidos los utilizados en la guerra, medían menos de 1,2 metros desde el suelo hasta los omóplatos, la altura máxima de un poni en la actualidad. Uno de los caballos más grandes descubiertos en los terrenos del castillo de Trowbridge, en Wiltshire, medía solo 1,5 metros, lo que hoy se consideraría un caballo de montar pequeño.

En comparación, algunas de las mayores razas de caballos modernas pueden alcanzar alturas de más de 1,8 metros.

"Resulta que las cosas no son exactamente como se han retratado habitualmente", dijo el profesor Alan Outram, del departamento de arqueología de la Universidad de Exeter. "En la cultura popular, los caballos de guerra suelen ser del tamaño de un caballo de la comarca. En realidad, no era así. La mayoría de los caballos medievales son sorprendentemente pequeños. Hay muy pocos que tengan el tamaño que se retrata en las películas o incluso en las exposiciones".

Cumplir una amplia gama de funciones

Por otra parte, los investigadores e historiadores concluyeron que el tamaño no lo era todo en la era medieval. Según creen, se buscaba que los caballos tuvieran éxito en una amplia gama de funciones diferentes, como los torneos y las campañas de asalto a larga distancia.

El estudio, el mayor estudio de huesos de caballo realizado hasta la fecha, afirma así que la cría y el adiestramiento de los caballos de guerra estaban influidos por una combinación de factores biológicos y culturales, así como por las características de comportamiento de los propios caballos, como el temperamento, según explica un comunicado de prensa de la Universidad de Exeter.

"Ni el tamaño ni la robustez de los huesos de las extremidades bastan para identificar con seguridad a los caballos de guerra en el registro arqueológico. Los registros históricos no dan los criterios específicos que definen a un caballo de guerra; es mucho más probable que a lo largo del periodo medieval, en diferentes momentos, fueran deseables diferentes conformaciones de caballos en respuesta a las cambiantes tácticas del campo de batalla y a las preferencias culturales", dijo Helene Benkert, investigadora de la Universidad de Exeter.

En ese sentido, el equipo de investigación quiso aclarar que, a pesar del pequeño tamaño de los caballos, los registros históricos sugieren que se gastaba una gran cantidad de tiempo y dinero en la cría y entrenamiento de los caballos medievales. "En los siglos XIII y XIV, sobre todo, la yeguada real era una red increíble", dijo Outram. "Se gastaban mucho más dinero en caballos que en personas".

Futuros estudios

Debido a ciertas limitaciones del estudio –entre ellas el reto de asegurarse de que realmente se trata de caballos de guerra, y no de equinos utilizados para la agricultura u otras labores–, los arqueólogos tienen previsto estudiar las armaduras de los caballos medievales y el ADN de las muestras óseas para comprender mejor a estos emblemáticos animales.

"El caballo de guerra es fundamental para comprender la sociedad y la cultura inglesas medievales, ya que es un símbolo de estatus estrechamente relacionado con el desarrollo de la identidad aristocrática y un arma de guerra famosa por su movilidad y su valor de choque, que cambió la cara de la batalla", afirma Oliver Creighton, arqueólogo de la Universidad de Exeter y principal investigador del proyecto, en el comunicado de prensa.

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