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Con la continuación de las restricciones por la pandemia, que mantienen cerrados los museos, los cementerios parisinos han pasado de ser lugares de duelo a pequeños paraísos apartados del frenesí de la ciudad donde muchos encuentran el arte además de la tranquilidad en tiempos convulsos.

La naturaleza salvaje compuesta por el musgo, los cedros y los caminos sinuosos de Père-Lachaise, el más famoso de ellos, nos trasladan a otro mundo que, con la vida puesta en pausa por la pandemia, atrae a contemplativos, ascetas, parejas y paseantes.

Despojada de los turistas, los locales visitan las tumbas de aquellos personajes célebres que decidieron prolongar su estancia en la ciudad de la luz y algunos parisinos reparan, por primera vez, en la belleza y el misterio de los monumentos de algunas de sus tumbas.

Así lo asegura Sylvain École, conservador de los cementerios de París: "Desde el inicio del confinamiento muchos vienen a los cementerios buscando paz, arte y curiosidad por conocer las vidas de las celebridades que aquí están enterradas".

Más de tres millones de personas visitan cada año Père-Lachaise, por lo que levantar un monumento funerario allí "requiere la autorización del conservador del cementerio y un informe favorable del arquitecto del Patrimonio de Francia", explica École.

Un parque para los parisinos

París es una de las ciudades más densas de Europa y, sin duda, una de las que menos espacios verdes tiene. Para encontrar paz, los parisinos deben desplazarse a los periféricos Bosques de Boulogne y de Vincennes.

Por ello, cementerios como el Père-Lachaise se han convertido en el espacio de recreo de muchos locales. Más aún con un toque de queda a partir de las 18.00 horas no permite alejarse en busca de zonas verdes.

"Hacía tiempo que queríamos venir pero nunca encontrábamos el momento. Ahora con los museos cerrados hemos decidido descubrir los lugares menos conocidos como este", explican Stefano y Sara, dos italianos que viven en París.

"Hemos venido para huir del ruido y aprovechar la calma de este lugar. Nunca habíamos venido a este cementerio. Es un lugar que hay que ver por su rareza y la cantidad de famosos que están enterrados aquí", dice esta familia de Normandía.

Tan sólo el graznido de los cuervos rompe el silencio de este lugar que asegura un viaje al pasado con sus más de 70.000 sepulturas, entre las que destaca la de la mítica cantante Edith Piaf, una de las mas visitadas.

Sus leyendas van desde las monumentales borracheras sobre la tumba de Jim Morrison, los besos con pintalabios sobre la de Oscar Wilde, hoy protegida por una mampara de cristal, o las visitas esotéricas a la del padre del espiritismo, Allan Kardec.

Otra de las tumbas mas famosas es la de Victor Noir, un periodista que fue asesinado en 1870 por orden de Napoleón III y cuya escultura posee un miembro prominente que las mujeres que buscan fertilidad acuden a frotar.

Museos al aire libre

Además de la función de parque urbano, los otros dos grandes cementerios parisinos (Montparnasse y Montmartre) también han incrementado sus visitas.

Aún en Père-Lachaise, se ven tumbas extrañas como la de André Chabot, un fotógrafo especializado en arte funerario que eligió para su sepultura una enorme cámara fotográfica de granito negro colocada en el interior de una capilla.

En Montparnasse se puede encontrar una de las mejores esculturas del artista rumano Constantin Brancusi, que adorna la tumba de una joven rusa que se suicidó con 23 años y que hoy en día es objeto de litigio entre la familia y el Estado francés por considerarla patrimonio nacional.

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