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DW: Dr. Drexler, la idea de lograr una inmunidad colectiva, a pesar de los esfuerzos de la vacunación, sería probablemente imposible, según un informe de la revista "Nature". ¿Por qué estamos cada vez más lejos de la inmunidad de rebaño, que se pretendía alcanzar con un 70% de población inmunizada por infección o vacunación?

Felix Drexler: Hay tres factores que nos están complicando llegar a una inmunidad de rebaño. La primera es la baja disponibilidad actual de vacunas en el planeta, siempre dijimos que la inmunización no se debería llevar a cabo de forma regional porque todo el mundo está interconectado. Justamente eso conduce al segundo factor: las mutaciones, que escapan a la inmunidad inducida por vacunación. Estas pueden estar surgiendo precisamente en lugares de alta incidencia con bajo acceso a vacunas.

El tercer factor es la inmunidad estéril con los coronavirus en general. Una persona puede estar llena de anticuerpos pero puede puede infectarse y tener el virus en el tracto respiratorio superior. Es decir, puede transmitir todavía el virus. Y lo mismo puede ocurrir cuando uno está vacunado. No lograremos tan rápido la inmunidad contra el COVID-19, porque, justamente, la inmunidad inducida por la vacuna no es estéril, pero tampoco sería inalcanzable. Se están haciendo avances, y en el futuro tal vez tengamos una vacuna de aplicación nasal que reduzca aún más la transmisión.

Por ahora, entonces, ¿no se puede hablar de una inmunidad de rebaño a la vista?

No podemos decir eso todavía. Pero no quiero llegar a una conclusión desmotivadora. Hay que recordar que, a pesar de que las vacunas tal vez no pueden eliminar la transmisión, sí la pueden disminuir. Los datos actuales muestran que los vacunados pueden replicar el virus, pero menos que los no vacunados. Además, la vacuna está ayudando mucho a que la gente no se enferme de gravedad y muera. Entonces hay que vacunar lo más rápido posible.

¿Qué tan cierto es que la inmunidad por infección dura menos de seis meses?

Es distinto en cada caso. Pero en general, es posible que los infectados que no tuvieron síntomas, o tuvieron síntomas muy leves, son quienes podrían tener anticuerpos durante menos tiempo, en comparación con los que tuvieron síntomas más fuertes. Ellos se podrían volver a contagiar, pero todavía faltan estudios. En el caso del SARS-CoV-1, el hermano del SARS-CoV-2 que circuló hace casi 20 años en China, hay personas que se contagiaron entonces y actualmente todavía tienen una respuesta inmune detectable. Por eso tampoco podemos generalizar.

Colombia, Uruguay y Bolivia han implementado campañas de vacunación en la frontera con Brasil para frenar la propagación de la variante P.1. ¿Qué le parece esta estrategia de inmunización focalizada?

En general, no es una mala idea. Siempre se dijo que sería bueno detectar en qué lugar de los países había mucha circulación del virus y, por lo tanto, mucha inmunidad para enfocar las pocas vacunas que hay. Pero no hay que olvidar que el problema no solo es Brasil, que sí es fuente de nuevos virus. Todo lugar de transmisión intensa facilita el surgimiento de variantes de preocupación, sea Brasil, Colombia, Sudáfrica o India. Y hay que recordar que en esos lugares se hace muy poca vigilancia genómica. De hecho, no sabemos todo lo que pasa. Las variantes se detectan mayormente cuando estas pasan a los países ricos, donde se realiza mucha secuenciación de los virus.

¿Qué se sabe de la variante de la India, y qué similitudes tiene con la P.1, predominante en América Latina?

Sabemos que tiene una acumulación de dos mutaciones en la proteína S (espícula): una mutación en la posición 484, como la brasileña o la sudafricana, y una segunda mutación muy cerca de la posición 452. Pero todavía no sabemos con exactitud cuál es su potencial y qué problemas nos puede causar. Siempre previmos que la India podría ser el lugar más preocupante en cuanto al surgimiento de mutaciones. El lado positivo es que sabremos en qué enfocar las nuevas vacunas y tratamientos. En ese sentido, América Latina necesita hacer más vigilancia epidemiológica y controlar mejor a los viajeros en los aeropuertos.

Muchos latinoamericanos están viajando precisamente a EE. UU. a vacunarse, ante la escasez de vacunas en sus países. ¿Qué opina sobre el turismo vacunal?

Me parece algo bastante raro, aunque este fenómeno también se ve en Alemania, donde se organizan viajes a Rusia para vacunarse con Sputnik V. Creo que la misma solidaridad que esperamos entre los Estados hay que esperarla de los ciudadanos. Es válido que la gente se vaya a vacunar a otros lugares, pero no me parece una solución, porque eso representa injusticia y desigualdad en muchos países. Los países más ricos deberían donar a los países más pobres las vacunas que les sobran, y entender que es por su propio interés que hay controlar la pandemia en países vecinos. Incluyendo a Estados Unidos, que recibe a muchos latinoamericanos.

Los turistas estadounidenses vacunados podrán viajar pronto a la Unión Europea. ¿Está usted de acuerdo con que los vacunados tengan estos privilegios?

Creo que es inevitable y muchos países seguirán a Estados Unidos. Eso da un poco de miedo, porque, como conversamos al principio, se trata de personas que podrían seguir transmitiendo el coronavirus, y estamos viendo que hay un cierto riesgo de infectarse con una de las mutaciones. Vamos a ver cuánto tiempo duran esas medidas, que puedo entender perfectamente debido a motivos económicos para reactivar el turismo.

El Dr. Jan Felix Drexler, virólogo y profesor de la prestigiosa Clínica Universitaria Charité de Berlín, es consejero científico de la Corporación Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ) y dirige delegaciones que ayudan a los Gobiernos latinoamericanos en su lucha contra el nuevo coronavirus. Drexler tiene amplia experiencia profesional en América Latina, donde también llevó a cabo proyectos para combatir el zika.


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