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De pronto la cifra estaba ahí: 10 millones de euros. Diez millones para reparar un genocidio. Esa cifra fue difundida a través de agencias noticiosas que citaban al periódico The Namibian. Esa cita provenía, a su vez, de un portavoz del presidente namibio, Hage Geingob, en referencia a un discurso pronunciado por este ya a comienzos de junio de 2020. La oferta de indemnización de Alemania por los crímenes de la entonces colonia alemana de África Sudoriental fue calificada por Geingob de inaceptable y de “un insulto para Namibia”.

Realmente, esa suma es tan vergonzosamente baja que le quitaría seriedad a cualquier intento de -cuidado: trampa retórica- reparación de esos crímenes de lesa humanidad. Diez millones de euros no pueden ser, en verdad, el resultado de negociaciones que tuvieron lugar durante cinco años, si bien con interrupciones. La masacre cometida hace 116 años contra los hereros y namaquas, que empezó con la Batalla de Waterberg, es conocida como el primer genocidio del siglo XX, aunque las cifras de las víctimas y los detalles de la masacre varíen y se las haya instrumentalizado en ocasiones. No cabe duda de que fue un genocidio, de que ya es tiempo de cerrar las negociaciones sobre la indemnización y de que Alemania pronuncie una disculpa oficial.

“No sé de dónde sale esa cifra”

Ya en 2015, el jefe negociador alemán, Ruprecht Polenz, de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), anunció la posibilidad que se llegara un acuerdo hasta el fin de ese período legislativo, es decir, en 2017. Entretanto, se especula que ese acuerdo no se producirá sino hasta 2021. Pero como las negociaciones se realizan a puertas cerradas, la cifra de 10 millones de euros sigue circulando y nadie la contradice. Polenz solo dijo a DW: “No sé de dónde sale esa cifra”.

De fuentes bien informadas se escucha que la suma estimada sería mucho mayor, y que se otorgaría a fin de que fluya en proyectos de salud, educación e infraestructura, posiblemente en regiones que fueron gravemente afectadas por la masacre cometida por el entonces Imperio Alemán. El pedido oficial de perdón, muy probablemente por parte del presidente alemán, se haría al final de las negociaciones, y en Namibia. Y, naturalmente, se espera que los namibios acepten esa disculpa.

Estos miden la seriedad de las intenciones de Alemania también basándose en el resultado de las negociaciones, es decir, en la suma concreta que resulte de ellas. El hecho de que Namibia sea el mayor receptor per cápita de cooperación al desarrollo en África, y desde su independencia, en 1990, haya recibido casi 1.000 millones de euros, no es de importancia en este caso.

Alemania debe dar explicaciones

Alemania debe dar explicaciones, y el presidente de Namibia, Geingob, sabe usar eso políticamente. La discusión sobre la terminología pasa a ser tanto más mezquina cuando sabemos que los negociadores alemanes evitan de manera obstinada hablar de “indemnización”, un término legal (o sea: reparación), y prefieren hablar con eufemismos como “sanación de las heridas en la historia común entre ambos países”. Eso, del lado namibio provoca indignación e ira, ya que para ellos se trata justamente de eso: de una reparación material, cuyo volumen debería ser definitivamente mucho mayor que 10 millones de euros. Y lo será. Seguramente, tanto el gobierno alemán como sus negociadores lo tienen en claro.