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"Europa se ha convertido en el epicentro del tráfico global de la cocaína”. Este el resultado de una investigación realizada por InSight Crime y la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado en 10 países, durante dos años, presentada este 2 de marzo desde Roma. "A pesar de que debido a las restricciones de la pandemia en Europa ha habido en casi un año pocas fiestas, el consumo de cocaína continuó porque los traficantes locales han innovado ofreciendo su entrega a domicilio a través de servicios de mensajería”, dice a DW, Laurent Daniel, analista científico del Centro de Monitoreo de Drogas y su Adicción (EMCDDA), con sede en Lisboa.

Las últimas incautaciones de cocaína en Europa confirman un incremento de la oferta del alcaloide. En febrero de 2021, las autoridades de Alemania, Bélgica y Holanda reportaron el decomiso de 23 toneladas, la mayor cantidad de cocaína jamás confiscada en la Unión Europea. En Hamburgo fueron descubiertas 16 y en Amberes 7,2 toneladas.

La droga en Hamburgo se hallaba oculta en un contenedor procedente de Paraguay, mientras la interceptada en Amberes había zarpado de Panamá. "Los hallazgos son cada vez más frecuentes y más voluminosos, también en puertos europeos de menor tamaño”, apunta el taller de investigación InSight Crime, con sedes en Medellín y Washington.

René Matschke, jefe de Investigación de la Aduana de Hamburgo, estimó en la cadena de televisión alemana ZDF que "el valor de venta - alargada y por gramos - en las calles de las últimas 16 toneladas incautadas en Alemania llegaría a entre 1.800 millones y 4.200 millones de dólares”.

Para Jeremy McDermott, director ejecutivo y cofundador de InSight Crime, "el hecho de que las drogas interceptadas en Alemania provinieran de Paraguay parece confirmar que las vías fluviales de ese país con Bolivia se han convertido en una ruta de transporte de narcóticos crucial en el trayecto hacia los puertos sobre el Atlántico”.

Gigantescas ganancias, múltiples vías, producción y criminales a ambos lados

Europa ya ha sustituido a Estados Unidos como mayor mercado del tráfico de cocaína. Las razones, según el investigador, están, por una parte, "en el astronómico margen de ganancias que la cocaína ofrece en Europa, mientras en Estados Unidos los precios han seguido cayendo”. La Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD) calculaba ya en 2017 que el precio al por mayor de un kilo de cocaína en Europa era de 41.731 dólares, mientras en Estados Unidos se cifraba en unos 28.000.

Otros dos factores que promueven el auge de la cocaína en Europa es "la gran variedad de opciones de vías de transporte al alcance de los traficantes”, agrega McDermott a DW. Entre esos medios se han detectado vuelos de Venezuela a África, charters desde el Caribe al Reino Unido; pero el caso ocurrido con el transporte de 1,3 toneladas de cocaína en un vuelo regular de Air France en 2013 entre Caracas y Parísaún aterra a las autoridades porque demuestra que "en Venezuela están involucrados en el narcotráfico hasta los mismos miembros del Comando Antidrogas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB)”, indica el informe de InSight Crime.

Además, prosigue McDermott, el que Europa se haya convertido en el mercado más atractivo para la cocaína en el mundo se debe igualmente "al aumento de la producción en Colombia, Perú y Bolivia, así como a la disposición de los eslabones de transporte a través de Venezuela, Paraguay, Brasil y América Central”.

Las altas rentas de la industria del narcotráfico despiertan la pericia criminal en casos cada vez más intrépidos. Hasta ahora se habían confiscado los llamados "narcosubmarinos” en aguas del océano Pacífico, pero en diciembre de 2019 fue interceptada la primera de estas naves de fabricación casera frente a costas españolas. Dos ecuatorianos y un español cruzaron el Atlántico en 26 días en un semisumergible con más de 3.000 kilos de cocaína a bordo, como reportó El País de Madrid.

Colombia: ausencia del Estado da vía a libre a los narcotraficantes

En momentos en que se escribían están líneas, en Colombia se reportaba este 2 de marzo la incautación de 800 kilos de clorhidrato de cocaína al Clan del Golfo. Esta es la mayor organización criminal surgida de los paramilitares disidentes del proceso de paz bajo Álvaro Uribe en 2006, así como de las alianzas con antiguos guerrilleros maoístas y el Cartel mexicano de Sinaloa. La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) asegura que el Clan del Golfo cuenta con 560 redes criminales.

Más batallones y más veneno desde los aires

Mientras la Unión Europea pone la mira en los sistemas de contenedores como escondite favorito de las drogas ilícitas, en Colombia, en vista del deterioro de la situación de seguridad, el Gobierno de Iván Duque busca reforzar la "guerra contra las drogas” con la formación del Comando Contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales (CONAT), activado el 26 de febrero.

A esta medida se agrega la "certificación” en reducción de cultivos ilícitos que le expidió este 1° de marzo a Colombia la administración del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. En dicho boletín de "buen desempeño”, otorgado por el Departamento de Estado, se recuerda que el gobierno de Iván Duque se comprometió a reducir los cultivos en un 50% antes de finales del 2023 - o sea, a lograr que las hectáreas no pasen de 100.000 y que la producción de cocaína esté por debajo de las 450 toneladas-. Ese "certificado" es un requisito para la entrega del 20% de los recursos que Washington asigna anualmente para el combate contra las drogas y que equivale a unos 25 millones de dólares. Pero ese certificado viene acompañado de una exigencia que en los mismos Estados Unidos está prohibida: reanudar la fumigación aérea con glifosato.

Todo comienza con la ineficiencia de los Estados en los países productores

Jeremy McDermott, de InSight Crime, considera que "atacar a los más pequeños e inermes de la cadena del narcotráfico es un error repetido, porque cuando se fumiga una región solo se traslada el problema a otra”. En ello coincide con Monika Lauer-Pérez, directora de la sección Colombia de Adveniat, una fundación de la Iglesia católica con sede en Essen, Alemania.

"Nosotros apoyamos a las comunidades, sobre todo del Pacífico colombiano, en donde la Iglesia católica es, a menudo, la única institución confiable ante la ausencia del Estado colombiano”, dice a DW Lauer-Pérez, quien resalta que lo que vive el Pacífico es también una crisis humanitaria. Agrega que "Adveniat ayuda a los pequeños campesinos a erradicar voluntariamente los cultivos ilícitos que siembran porque el Estado no les ofrece alternativas, promoviendo el cambio hacia el café o el cacao, entre otros productos”.

Sobre la posible retoma de la fumigación aérea con glifosato, Lauer-Pérez advierte que "conociéndose los graves efectos nocivos de este pesticida en la salud y la naturaleza, solo podemos calificar dicha decisión como un absoluto desastre”.

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