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Los resultados de las elecciones estadounidenses generalmente se filtran en la noche de elecciones, seguidos de un discurso de concesión del candidato perdedor en las primeras horas de la mañana.

Pero este año, con un número récord de estadounidenses que votaron por correo debido a preocupaciones sobre Covid-19, tomará más tiempo contabilizar las boletas, lo que alargará la noche electoral a un proceso de días o incluso semanas tras el 3 de noviembre.

Agregando a esto las dudas que algunos republicanos han emitido sobre la credibilidad del voto por correo y las reiteradas negativas del presidente Donald Trump a comprometerse a aceptar los resultados, las secuelas de estas elecciones podrían ser caóticas.

Ante este panorama, esto es lo que hay que saber sobre los posibles escenarios en que podrían derivar estas elecciones de 2020.

La votación por correo ralentiza el proceso

En medio de la pandemia de coronavirus, casi 60 millones de estadounidenses ya han votado por correo en las elecciones generales, según el US Elections Project.

En Colorado, Oregon, Washington, Utah y Hawái, esto no debería ser un problema, ya que los votantes y los funcionarios electorales están acostumbrados a lidiar con la votación por correo. Otros estados que han facilitado la votación por correo para los ciudadanos desde marzo podrían tomar un día o más para contar las boletas, especialmente aquellos que no pueden abrir las boletas enviadas por correo hasta el día de las elecciones, incluidos estados disputados como Wisconsin y Pensilvania.

Durante las primarias que tuvieron lugar después del 17 de marzo, un análisis del Washington Post descubrió que a los estados les llevó un promedio de 4 días informar resultados casi completos.

"Una cosa que diría sobre los encargados electorales de este país, los administradores, es que son muy, muy dedicados", dice a DW Edie Goldenberg, profesora de políticas públicas y ciencias políticas en la Universidad de Michigan. "Han trabajado muy duro para prepararse para esta elección. Entonces, creo que se ha trabajado en muchas de las dificultades que ciertamente vimos en varias primarias".

En las elecciones generales de noviembre, los estados procesarán muchas más papeletas que en las primarias. Algunos estados, incluidos estados indecisos cruciales como Pensilvania y Carolina del Norte, han ampliado sus plazos para aceptar boletas con matasellos del día de las elecciones.

Incluso para los estados que requieren que las boletas se reciban antes del día de las elecciones, podría llevar una semana contarlas todas si el resultado es cerrado, como fue el caso en Arizona en 2018.

"Es un poco difícil saber qué predecir", reconoce Goldenberg. "Algunos estados estarán en muy buenas condiciones para evaluar la votación, incluso en la noche de elecciones. Pero otros muchos de ellos no", prevé.

Entre dudas sobre la emisión de votos

En el período previo a las elecciones de 2020, el presidente Trump y otros republicanos han cuestionado la credibilidad de la votación por correo, a pesar de que los casos de fraude con votación postal son muy raros, al igual que el fraude de votación en general, según un análisis de The New York Times.

El propio presidente vota por correo, y lo hizo incluso en las elecciones intermedias más recientes y en las primarias de Florida de este año.

El presidente está "preocupado por estados particulares que envían automáticamente las boletas a todos los votantes registrados", dijo el subsecretario interino del Departamento de Seguridad Nacional, Ken Cuccinelli, a Conflict Zone de DW.

Votar por correo no ha favorecido previamente a una parte sobre la otra. De hecho, los republicanos solían ser un poco más propensos a votar en ausencia, según Goldenberg. Sin embargo, debido a los mensajes recientes, a los votantes republicanos se les calculó ahora la mitad de probabilidades de solicitar boletas por correo que a los demócratas. Entre los estadounidenses que planeaban votar, 6 de cada 10 pretendía hacerlo en persona (80% de los republicanos y 40% de los demócratas), mientras que los otros 4 de cada 10 pensaban emitir sus votos por correo, según la Brookings Institution.

La divergencia en cómo los demócratas y los republicanos planeaban votar este año probablemente signifique que los resultados informados inicialmente, de la votación en persona, favorecerán a los republicanos, mientras que los resultados posteriores de las boletas por correo inclinarán la balanza hacia los demócratas.

"Si el resultado está lo suficientemente desequilibrado, lo que vemos a menudo es que los medios adelantan el desenlace de la elección, y eso sería peligroso este año en varios estados", advierte Goldenberg.

Una elección litigiosa

Se han presentado más de 400 causas legales sobre las elecciones y ambas campañas han reforzado sus equipos legales antes de los comicios.

La mayoría de las demandas sobre cómo se administran las elecciones se decidirán en los tribunales estatales, según Bruce Ackerman, académico constitucional y profesor de la Facultad de Derecho de Yale.

Él y otros expertos creen que es poco probable que veamos una repetición del caso de la Corte Suprema de Bush contra Gore de 2000, que decidió el resultado de esa elección presidencial, a pesar de las declaraciones del presidente Trump en sentido contrario.

"Las consecuencias de Bush contra Gore repercutieron contra la Corte Suprema de Estados Unidos", dice Ackerman a DW. "Sin ningún precedente, sorprendió a los juristas de todo el espectro", recuerda. Para él, lo más probable es que en una situación así, el Congreso eligiera al ganador.

Siguiendo pautas constitucionales

Si ningún candidato obtiene la mayoría de los votos electorales debido a un empate o a disputas no resueltas sobre los votos de los estados, la recién elegida Cámara de Representantes decidiría al presidente hasta el 6 de enero, según lo estipulado en la Constitución de los Estados Unidos. La última vez que algo así sucedió fue en el siglo XIX.

Para complicar aún más las cosas, si hay estados que no han definido a sus representantes hasta el 8 de diciembre, tal vez debido a demandas aún pendientes, el Congreso no necesariamente tiene que aceptar los resultados de esos estados.

Si no se decide sobre ningún presidente el día de la toma de posesión el 20 de enero, el siguiente en sucesión presidencial se convierte en el presidente interino, que podría ser, por ejemplo, el presidente de la Cámara de Representantes.

Aceptación de los resultados

Otro resultado posible es que Trump se niegue a aceptar los resultados de las elecciones si pierde. En respuesta al comentario de Trump de que "tendremos que ver qué pasa", en septiembre, los senadores estadounidenses aprobaron por unanimidad una resolución que garantiza una transición pacífica del poder.

Muchos observadores electorales tienen la esperanza de que los resultados sean lo suficientemente claros como para que no lleguen a eso. Goldenberg prefiere ser optimista: "En general, soy optimista de que vamos a hacer que esto funcione porque el interés en las elecciones es extremadamente alto".