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A causa de un dolor de ciática, el papa Francisco aplazó su tradicional recepción del cuerpo diplomático internacional previsto el lunes, y renunció a presidir dos misas, anunció ayer el portavoz del Vaticano.

El vocero, Matteo Bruni, indicó no obstante en un comunicado que el pontífice recitaría el domingo la oración del Ángelus, una cita retransmitida por televisión desde su biblioteca privada a causa de la pandemia de coronavirus.

Sin embargo, no dirá la misa en la Basílica Vaticana el domingo ni la oración vespertina prevista en la Basílica de San Pablo, para cerrar una semana de oración. La reunión con el cuerpo diplomático en la Santa Sede será reprogramada, de acuerdo a Bruni.

El recrudecimiento de su problema de salud, plantea dudas sobre el viaje de Francisco del 3 al 8 de marzo a Irak, una visita que algunos han cuestionado dada la pandemia.

Los viajes papales son agotadores en cualquier circunstancia, con muchas citas cada día, largas misas y colas de recepción y múltiples traslados en coche y en avión.

El papa, de 84 años, ya se vio obligado a cancelar su participación en dos celebraciones el pasado 31 de diciembre y 1 de enero, por la misma ciática, un mal que padece desde hace varios años y del que pontífice católico ha hablado abiertamente.

La ciática es una enfermedad que suele originarse en el nervio ciático y consiste en que el nervio se inflama, generando dolor que puede extenderse desde la espalda hasta la pierna.

El papa argentino fue vacunado hace diez días contra el COVID-19, al estar considerado persona de riesgo: cuando tenía 21 años, en 1957, sufrió una pleuresía aguda y los cirujanos tuvieron que extirpar parcialmente su pulmón derecho.

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