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En los últimos días, la situación en el este del Mar Mediterráneo ha escalado peligrosamente. Turquía anunció que enviará el barco de investigación "Oruc Reis" a las cercanías de la isla griega de Kastelórizo para explorar gas natural. Sin embargo, el Gobierno griego dejó claro que no aceptará ese tipo de perforaciones, puesto que tendrían lugar en territorio nacional heleno. ¿Es inminente una guerra y qué papel podría jugar Alemania para apaciguar el conflicto?

DW: El plan del presidente turco de llevar a cabo perforaciones en territorio marítimo griego ha provocado una escalada de tensiones bilaterales en el sur del mar Egeo. De acuerdo con un informe, el martes pasado (21.07.2020) la canciller alemana, Angela Merkel, logró mediar entre Grecia y Turquía, evitando de último minuto un conflicto armado. No obstante, las Fuerzas Armadas de ambos países están en alerta. ¿Acaso el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, estaría dispuesto a arriesgar un enfrentamiento militar con Grecia?

Günter Seufert: Seguramente Erdogan continuará con su política de los "alfilerazos militares". Así como no reconoce la zona económica exclusiva (ZEE) de Chipre, donde lleva a cabo perforaciones, pronto probablemente buscará gas natural en la ZEE griega. La pregunta de si eso conducirá a una guerra depende de la respuesta de Grecia: si le ofrece negociaciones a Turquía o no. También depende de cómo se posicionen la Unión Europea (UE) y, sobre todo, Estados Unidos. Después de todo, Grecia y Turquía son miembros de la OTAN. De ahí que los grandes países de la OTAN deberían tratar de mediar.

Sin embargo, hasta ahora, Estados Unidos y la OTAN han tratado de no meterse en el conflicto. La UE, por su parte, parece conformarse con declaraciones.

Si bien el bloque comunitario amenazó con nuevas sanciones, hasta ahora no ha pasado nada. El alto representante de la UE para asuntos exteriores, Josep Borrell, insta a ambas partes a sentarse en la mesa de negociaciones. De momento, tanto Turquía como Grecia asumen posiciones extremas. De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, Atenas reclama para sus islas griegas una plataforma continental. Por ejemplo, para la isla de Kastelórizo, ubicada directamente en la costa turca. Según la interpretación helena, Turquía solo puede reclamar una pequeña ZEE, a pesar de tener la mayor longitud de costa. Ankara, a su vez, argumenta que las islas no tienen plataforma continental y, por ende, no pueden exigir una ZEE. La única forma de salir de ese callejón es a través de negociaciones.

Estados Unidos, por su parte, se encuentra en una posición complicada. Por un lado, tiene muchos conflictos con Turquía, recordemos, por ejemplo, la compra del sistema antimisil ruso S-400. Por otro, Washington intenta limitar con ayuda turca la influencia rusa en el este del Mar Mediterráneo, así como en Libia. No obstante, Estados Unidos aún no ha decidido si, en primer lugar, se quiere posicionar contra Rusia o disciplinar a Turquía. Erdogan, por su parte, aprovecha la política titubeante de Estados Unidos, así como la indecisión de la UE.

Este año, Alemania asumió la presidencia rotativa del Consejo de la UE. Desde el principio, la canciller Merkel explicó que intercederá a favor de una estrategia coherente del bloque comunitario frente a Turquía. Teniendo en cuenta los sucesos más recientes, ¿es eso aún posible?

Cada vez es más difícil. Al principio, la política de la UE respecto a Turquía se basó en las negociaciones de adhesión al bloque. Puesto que el proceso de adhesión se guiaba por la puesta en práctica de reformas democráticas en Turquía, todos los países miembros de la UE lo apoyaron. No obstante, el proceso fracasó como consecuencia de la política turca y de la actitud de la UE. Ahora, se negocian temas individuales, por ejemplo, relacionados a los migrantes, la política energética, el papel de Turquía en Siria y Libia. En cada una de estas cuestiones, los países miembros del bloque se posicionan de acuerdo a sus intereses nacionales. Esto dificulta una política conjunta de cara a Ankara. Pero una estrategia comunitaria se ha vuelto más importante que nunca, ya que Turquía actúa de forma cada vez más agresiva: por ejemplo, usa a migrantes como armas y viola las zonas económicas exclusivas de algunos países miembros de la UE.

El martes pasado, la canciller alemana, Angela Merkel, conversó con el presidente Erdogan y logró evitar una escalada militar. ¿Acaso Alemania ha asumido un nuevo rol de mediador?

Es posible. Estados Unidos se concentra cada vez más en otras regiones del mundo, sobre todo en la región del Pacífico y en sus enfrentamientos con China. Además, la UE se muestra incapaz de desarrollar una postura de política exterior conjunta, sobre todo en lo que respecta al este del Mar Mediterráneo y sus relaciones con Turquía. Finalmente, Alemania logró que se pactara un acuerdo de refugiados con Ankara. En una Unión Europea muy dividida, Alemania debería asumir el liderazgo, aunque, en mi opinión, a Berlín no le gusta. Pero creo que a Alemania no le queda otra opción.

Según informaciones de los medios, este viernes (24.07.2020) el barco de investigación turco "Oruc Reis" zarpó rumbo a aguas griegas cerca de Kastelórizo, donde comenzará a trabajar. Es el mismo día en el que se celebrará por primera vez la oración musulmana de los viernes en la Santa Sofía, reconvertida en mezquita. Además, es el aniversario del Tratado de Lausanne de 1923, que fijó la frontera entre Grecia y Turquía. ¿Se trata de coincidencias?

Para nada, la política de Erdogan tiene como meta erigir una Turquía grande, orientada por la historia y el tamaño del Imperio Otomano: somos la nueva potencia en la región, llenamos el vacío de poder originado por la retirada de Estados Unidos y la debilidad de la UE, y representamos los intereses de los musulmanes sunitas en Cercano Oriente. Algunas de las consecuencias prácticas de esta política han sido el rearme del Ejército turco y la militarización de la política exterior en el este del Mar Mediterráneo. Esta política también tiene grandes dimensiones simbólicas como la reconversión de la Santa Sofía en mezquita.

Günter Seifert dirige el Centro de Estudios Aplicados de Turquía (CATS) en la Fundación Ciencia y Política en Berlín. Fue corresponsal en Turquía e impartió clases en las Universidades de Estambul, Nicosia y Lausanne. Sus campos de investigación abarcan, entre otros, Turquía, Chipre, migración, la política de ampliación de la UE, el islam político y el islamismo.