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Sudán ya había recorrido un trecho considerable del camino hacia la democracia. Se había constituido un gobierno de transición y se perfilaba la celebración de elecciones para un futuro lejano, pero no inalcanzable. Pero ahora se haproducido un golpe de Estado.

Los militares llevaron al primer ministro y a otros miembros de su gabinete a un lugar desconocido, interrumpieron los servicios de internet y de telefonía, incluyendo gran parte de la red fija, y declararon el estado de excepción.

El comandante general de las Fuerzas Armadas sudanesas, Abdel Fattah al- Burhan, afirmó que el Ejército se había visto forzado a intervenir para proteger la seguridad del país y prometió proseguir el rumbo hacia la democracia, hasta entregar el poder a un gobierno elegido. Dijo también que los comicios habrían de celebrarse, según lo planeado, en julio de 2023.

Probablemente sean palabras huecas, a juicio de Theodore Murphy, director de los programas para África del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. "Los militares, a todas luces, quieren pulir un poco su imagen. Pero la cúpula debe estar consciente de que este es un paso muy drástico”, indicó. Ya en septiembre se había producido un intento de golpe en Sudán y, desde entonces, la tensión política había subido enormemente.

Tensiones entre civiles y militares

El golpe se produjo en una fase decisiva del planificado proceso de transición a la democracia, que el país venía recorriendo desde hace más de dos años. Omar Al-Bashir, quien gobernó autocráticamente durante 26 años, había tenido que dejar el poder en abril de 2019, tras meses de masivas protestas.

En complejas negociaciones, militares y civiles acordaron un proceso de transición de 39 meses. En la fase actual, la cúpula de las Fuerzas Armadas habría tenido que entregar la conducción política a los civiles, explica Theodore Murphy.

Pero, últimamente, aumentaron las tensiones entre ambas partes, que se achacaban recíprocamente la responsabilidad por los problemas del país.

Entre ellos, se cuenta una creciente inflación, al igual que dificultades de abastecimiento de artículos de primera necesidad, provocadas por el bloqueo de los principales puertos del este del país. Además, se incrementó la violencia política, pese a un acuerdo de paz alcanzado el año pasado con los grupos rebeldes.

Protestas contra el golpe

No obstante, los miembros civiles del gobierno cuentan con el respaldo de grandes sectores de la población. Poco después del golpe, numerosos sudaneses salieron a la calle a protestar. Según reportes de prensa, en Jartum también se escucharon disparos.

Pero no todos los sudaneses respaldan el proceso de transición. Además, parte de los grupos rebeldes prefieren ver a los militares en el gobierno, explica Theodore Murphy: "Ven que un futuro democrático no les sería probablemente favorable. Por eso consideran a todas luces que una dictadura militar les ofrece mejores perspectivas".

Según Murphy, los militares tienen presente el estado de ánimo de la población, pero, en el fondo, no les importa mucho su aprobación. "Ellos se fían de países vecinos como Egipto”, dice, acotando que es el más estrecho aliado del Ejército sudanés. Además, apuestan por el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos, un país que ve con poco entusiasmo los experimentos democráticos.

El papel de Occidente

En mayo de este año, acreedores internacionales condonaron a Sudán deudas millonarias. La intención era respaldar así la transición pacífica a la democracia. Tanto más importante será, según Murphy, la posición que asuman los países occidentales, y en especial la Unión Europea, frente al golpe de Estado.

"Si la UE declara en forma unánime y clara que solo es concebible una mejora de las relaciones con Sudán sobre la base de la transición democrática, y que estas se romperían si tales premisas ya no se cumplen, eso podría influir en la cúpula militar”, afirma.

Las primeras reacciones apuntan a una reacción decidida. Tanto el encargado de las Relaciones Exteriores de la UE, Josep Borrell, como el presidente francés, Emmanuel Macron, han demandado la puesta en libertad del premier sudanés, Abdullah Hamduk.

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