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Boris Johnson se divorció, se comprometió nuevamente, tuvo un nuevo hijo y a duras penas logró salvarse de la muerte. En tanto, Gran Bretaña se retiró de la Unión Europea y luchó contra la pandemia del coronavirus. Todo esto en un año.

Fueron muchas las pruebas que Boris Johnson tuvo que superar. Desde niño, él siempre quiso ser el "rey del mundo", según escribió su hermana, Rachel Johnson, en una biografía familiar. Su modelo a seguir es Winston Churchill, sobre el que también ha escrito un libro.

Sin embargo, ha quedado claro que Johnson no ha estado a la altura de este desafío. Es un populista, un hombre de grandiosos gestos, pero no es un estadista prudente que navegue por la crisis del país con las manos firmes en el timón. Con sus promesas vacías e ilusiones está corrompiendo al país, incluso según los conservadores más recalcitrantes.

De un desastre a otro

El balance después de un año es devastador. En el fondo, aparte de su victoria electoral, no hay nada más que haya hecho bien hasta ahora. Aunque ha celebrado su salida de la UE como un éxito, ahora teme no lograr ningún acuerdo de libre comercio global con la UE, lo que significaría que Gran Bretaña, en caída libre, termine finalmente también fuera de la alianza comercial. Esto costará probablemente decenas de miles de puestos de trabajo solo en el sector del automóvil. Las colas de camiones en las fronteras o, tal vez, incluso la escasez de alimentos frescos podrían ser problemas que los británicos podrían vivir en algunos meses.

Probablemente, el supuesto acuerdo comercial con EE.UU. no se alcanzará por el momento. Y en lugar de una "era dorada" con China, el gobierno británico se vio obligado a congelar el tratado de extradición con Hong Kong, y por lo tanto a seguir un curso de confrontación con Pekín. En un mundo donde las brechas divisorias entre las grandes potencias son cada vez más profundas, Gran Bretaña se ve de repente bastante sola.

El informe sobre Rusia publicado esta semana por el parlamento británico tampoco arroja una buena luz sobre Johnson. Se trataba de la posible influencia rusa en el referéndum sobre el "brexit", entre otras cosas. Los eurodiputados concluyeron que Rusia es una gran amenaza para el Reino Unido, y se quejaron de que el gobierno no estaría tomando en serio la amenaza.

Algunos conservadores se han estado beneficiando de las donaciones al partido de los oligarcas rusos que viven en Londres. Por ejemplo, la esposa de un cercano a Putin donó más de cien mil libras para un partido de tenis con Johnson. Varios millones han fluido hasta ahora a las arcas del partido de esta y otras formas similares.

También es cuestionable que Johnson tardara meses en hacer público que le daría la presidencia del comité de inteligencia a uno de sus más leales -pero incompetente- colega conservador. La impresión sigue siendo que el cálculo político es el factor más importante en la asignación de los puestos más relevantes del país, y no así la competencia. Johnson también ha ocupado su gabinete de forma similar, sin nada más que lealtades breves.

"El rey del mundo se ve cada vez más viejo"

En el tema más importante de la actualidad, la lucha contra la pandemia del coronavirus, Johnson se arrastra de un error a otro. Gran Bretaña tiene una de las tasas de mortalidad más altas del mundo y es uno de los países más afectados económicamente. Los mensajes del gobierno no son claros. Por ejemplo, no está claro cuándo, dónde y por qué la gente debe usar mascarillas, ya que las instrucciones cambian constantemente. Los expertos temen que el confinamiento se haya relajado muy pronto y luego pueda llegar una segunda ola, similar a la de Estados Unidos.

Además, si debido a este fracaso los escoceses deciden romper su alianza -una clara mayoría está a favor de la separación del Reino Unido-, sería sobre todo culpa de Boris Johnson. El "rey del mundo" se ve cada vez más viejo luego de estar apenas un año en el trono.