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Cristiana Chamorro quería enfrentarse al gobernante nicaragüense Daniel Ortega en las elecciones de noviembre. Prácticamente le viene de familia: su madre, Violeta, derrotó a Ortega en 1990 al frente de una amplia alianza opositora. Estas fueron las primeras elecciones libres desde la victoria de los rebeldes sandinistas de izquierda en 1979. Pero parece que el duelo familiar no se repetirá: Chamorro fue detenida el miércoles.

El fin de una candidata, pero no de la oposición

La judicatura controlada por Ortega acusa a Chamorro de "gestión abusiva y falsedad ideológica en concurso con lavado de dinero, bienes y activos”. Al mismo tiempo, la fiscalía solicitó su inhabilitación para las elecciones. Chamorro rechazó las acusaciones por considerarlas infundadas y políticamente motivadas. Solo un día antes, se había inscrito como candidata a las primarias internas del partido del movimiento de oposición "Ciudadanos por la Libertad".

Los observadores consideran que se trata de otro paso del cada vez más autocrático Ortega para asegurar su reelección. Al mismo tiempo, dicen, es también un signo de nerviosismo y debilidad, y no el final del póquer político en Managua.

"Eso es parte de la estrategia de Ortega en la que ha querido desincentivar la participación en las elecciones a través de leyes antiterrorismo y contra las ONG, con nuevos nombramientos al TSE y exclusión de partidos”, explica a DW Tiziano Breda, experto en Centroamérica del International Crisis Group. Varias figuras prominentes de la oposición están bajo arresto domiciliario. A principios de mayo, se prohibió a la alianza opositora Coalición Nacional participar en las elecciones. El partido Ciudadanos por la Libertad, por el que Chamorro quería presentarse, es por tanto el principal vehículo político de sus adversarios.

"Miedo a la derrota"

"Chamorro es especialmente peligrosa para Ortega porque es la más conocida de los candidatos de la oposición, va por delante en las encuestas y es una figura popular que, al igual que su madre, habría podido unificar a la oposición", afirma Breda. "Ortega está sacando a todos los candidatos potencialmente peligrosos para enfrentarse al oponente más conveniente", sospecha Alberto Cortés, profesor del Departamento de Centroamérica de la Universidad de Costa Rica. "Eso podría sembrar dudas que pueden fomentar la alta abstención, que es el mejor escenario para Ortega”, añade en entrevista con DW.

Pero, para Cortés, el hecho de que Ortega haya tenido que inventar "acusaciones tan rebuscadas" es también una muestra de debilidad y "miedo a la derrota". "Sacar a Cristiana de la carrera no significa que una candidatura de oposición unida esté fuera de la mesa", advierte el profesor de ciencias políticas y geografía. "Este tipo de acciones también pueden unir a la oposición", afirma.

Prueba de fuego para sus oponentes

Breda es más escéptico y lo califica de "momento de la verdad" para la oposición. "Ahora debe decidir si respalda a Chamorro o busca un candidato alternativo que podría correr la misma suerte", dice el experto de Crisis Group. Esto, advierte Breda, podría provocar debates internos y dividir a la oposición hasta que solo quede un pequeño grupo que acepte todas las condiciones, incluida la perspectiva de la derrota, solo para poder participar en las elecciones y seguir sobreviviendo políticamente. "Independientemente de lo que decida la oposición, asume riesgos y pierde opciones. Ortega es muy hábil para dividir a sus oponentes y ponerles obstáculos".

Peligros para Ortega

Aun así, Ortega también está asumiendo algunos riesgos. "La suerte aún no está echada. Tales acciones pueden tener un efecto bumerán, provocando protestas y aumentando la presión interna sobre él", dice Cortés. "Y deben dejar claro hasta a la última persona en el extranjero que este es un régimen autoritario". Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han criticado la represión en Nicaragua; la ONU y la Organización de Estados Americanos (OEA) también han denunciado repetidamente las violaciones de los derechos humanos, el Estado de derecho y la democracia. Su imagen internacional, en tanto, es secundaria para Ortega, según Breda. "Para él, la perspectiva de una derrota electoral es una amenaza mayor que el aislamiento internacional".

¿Una ventana para concesiones?

Ambos coinciden, sin embargo, en que aún no se ha dicho la última palabra sobre las elecciones, y que la presión de la comunidad internacional podría ayudar. "Creo que todavía hay una posibilidad de diálogo, sobre todo porque la política exterior de Estados Unidos es ahora mucho más activa en la región", dice Breda. "Las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos han golpeado fuertemente a Ortega, lo que ha verbalizado en varias ocasiones. Ahí es donde se podría empezar".

Para Cortés, es importante que la comunidad internacional presione a Ortega para que cumpla las normas mínimas de unas elecciones democráticas y permita la presencia de observadores internacionales. "Si se permite que la oposición se presente, si se libera a los presos políticos y se permite el regreso de los exiliados políticos, entonces Ortega tiene pocas posibilidades de ganar las elecciones", dice. Y recuerda lo ocurrido en 1990. En ese entonces, Ortega perdió inesperadamente contra todas las encuestas anteriores. "Aprendió esa lección, y por eso quiere evitar las sorpresas.

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