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Los líderes mundiales y las empresas no están invirtiendo suficiente dinero en la adaptación a los peligrosos cambios del clima del planeta y deben "intensificar urgentemente sus medidas", alerta un informe publicado este jueves  por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El año pasado fue el más caluroso del que se tiene constancia, y los desastres afectaron a todos los continentes. Incendios forestales devastaron comunidades desde Australia hasta el Ártico. Tormentas extremas azotaron ciudades costeras desde Filipinas hasta Nicaragua, mientras que las inundaciones sumergieron un tercio de Bangladesh y cubrieron aldeas enteras en Nigeria.

Según la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, los extremos climáticos y los desastres relacionados con el clima han causado la muerte de más de 410.000 personas en los últimos 10 años, casi todas ellas en los países más pobres.

"La dura verdad es que el cambio climático está sobre nosotros", dijo el Director Ejecutivo del PNUMA Inger Andersen, en el prólogo del informe. "Sus impactos se intensificarán, incluso si limitamos el calentamiento global. No podemos permitirnos perder la carrera hacia la adaptación", añadió.

Adaptación al cambio climático, un largo camino

El Informe sobre la Brecha de Adaptación de la ONU, ahora en su quinto año, encuentra "enormes diferencias" entre lo que los líderes mundiales acordaron hacer en el marco del Acuerdo de París de 2015 y lo que necesitan hacer para mantener a sus ciudadanos a salvo del cambio climático.

Un examen realizado por la Iniciativa de Monitoreo de la Adaptación Mundial al cambio climático, que contiene casi 1.700 ejemplos de adecuación a los desafíos que plantea el clima, determinó que un tercio de ellos se encontraban en las primeras etapas de aplicación, y sólo el 3% había llegado al punto de reducir los riesgos.

Los desastres naturales, como las tormentas y las sequías, son más fuertes de lo que deberían ser porque el ser humano ha calentado el planeta quemando combustibles fósiles y talando las selvas tropicales. El mundo se ha calentado más de 1,1 grados desde la Revolución Industrial y está en camino de calentarse unos 3 grados hasta finales de siglo.

Si los líderes mundiales cumplen con las recientes promesas de llevar las emisiones de gases invernadero a cero neto para mediados de siglo, casi podrían limitar el calentamiento a 2 grados. El objetivo del Acuerdo de París, sin embargo, es alcanzar una meta muy por debajo de eso, de idealmente 1,5 grados.

Hay dos maneras, dicen los científicos, de disminuir el daño que traerá el calentamiento: mitigando el cambio climático mediante la reducción de la contaminación de dióxido de carbono y adaptándose al entorno más caliente y menos estable que eso traería consigo.

El costo de la adaptación al clima

Alrededor de tres cuartas partes de los países del mundo cuentan con planes nacionales para adaptarse al cambio climático, según el informe, pero la mayoría carece de las regulaciones, incentivos y financiamiento para llevarlos a cabo.

Se estima que los costos de adaptación anuales sólo para los países en desarrollo ascienden a 70.000 millones de dólares (unos 57.600 millones de euros). Se espera que esa cifra se duplique al menos a finales de la década, a medida que las temperaturas aumenten, y alcanzará entre 280.000 y 500.000 millones de dólares en 2050, según el informe.

Pero no adaptarse saldría aún más caro.

Cuando poderosas tormentas como los ciclones Fani y Bulbul golpearon el sur de Asia, los sistemas de alerta temprana permitieron a los gobiernos sacar del peligro a millones de personas en poco tiempo. Las tormentas de fuerza similar que han golpeado África oriental, como los ciclones Idai y Kenneth, han resultado más mortíferas porque se evacuó a menos personas antes de que se produjera el desastre.

Explorando soluciones basadas en la naturaleza

El informe también destaca la manera en que la restauración de la naturaleza puede proteger a las personas del cambio climático y, al mismo tiempo, beneficiar a las comunidades locales y a la ecología.

En países como Brasil y Malasia, los gobiernos podrían proteger mejor las casas costeras de las inundaciones y las tormentas restaurando los manglares, arbustos que crecen en los pantanos tropicales. Además de anclar los sedimentos y absorber el choque de las olas, los manglares pueden almacenar carbono, ayudar a las poblaciones de peces a crecer e impulsar las economías locales a través del turismo.

No se trata de sustituir la infraestructura, dice Matthias Garschagen, geógrafo de la Universidad Ludwig Maximilian de Alemania, que no participó en el informe del PNUMA. "El caso de las soluciones basadas en la naturaleza es a menudo malinterpretado como una batalla... pero son parte de un conjunto de herramientas que hemos ignorado durante demasiado tiempo".

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