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Eta fue la tormenta número 28 de la superactiva temporada de huracanes que 2020 deparó a Caribe. Tras golpear a Nicaragua con fuerza de huracán categoría 4 en los primeros días de noviembre, se degradó horas después a tormenta y depresión tropical, con lluvias que inundaron poblaciones enteras y destruyeron miles de viviendas en Honduras y Guatemala.

Según datos del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), el huracán Eta dejó unos tres millones de personas afectadas en Centroamérica. Guatemala y Honduras reportaron cerca de 200 muertos y decenas de miles de damnificados. 

En el caso de Nicaragua, se informó de unas 5.000 personas afectadas en la zona norcaribeña, así como de la muerte de dos mineros en un derrumbe, aunque el gobierno no confirmó esos decesos.

Toda Centroamérica se declaró en alerta desde que Eta comenzó a impactar el territorio desde el mar Caribe, y en medio del desastre surgió la solidaridad entre los países de la región.

Ayuda sin precedentes

El hecho de que Eta no golpeara tan duramente a El Salvador como a sus vecinos, hizo que el presidente Nayib Bukele resolviera auxiliar a Honduras y Guatemala de forma casi inmediata. 

La ayuda alimentaria, valorada en dos millones de dólares, fue entregada por unos 200 socorristas que salieron del país organizados en brigadas de apoyo junto a rescatistas y especialistas médicos.

El ministro de Defensa Salvadoreño, Francisco Merino, dijo que se trató de una ayuda sin precedentes entre los países centroamericanos.

"Vamos a colaborar el tiempo que sea necesario” en tareas de coordinación, logística, búsqueda, búsqueda en aguas rápidas y rescate, declaró Mario Durán, presidente de la Comisión Nacional de Protección Civil y ministro de Gobernación de El Salvador.

"La solidaridad empieza entre los vecinos y hermanos centroamericanos. Agradezco a Nayib Bukele el apoyo de El Salvador a Guatemala y Honduras por poner a disposición 100 rescatistas y un millón de dólares en paquetes alimentarios para cada país”, publicó vía Twitter el expresidente guatemalteco Vinicio Cerezo, secretario general del SICA.

En un convoy de medio centenar de camiones, los salvadoreños trasladaron 60.000 paquetes de alimentos, 30.000 para Honduras e igual cantidad para Guatemala, con un peso total de 2.000 toneladas. En un tuit, el presidente salvadoreño agradeció a sus homólogos Juan Orlando Hernández y Alejandro Giammattei por "aceptar la ayuda, agilizar los trámites y quitar la burocracia”.

En Honduras, miles de personas salieron a las calles y recibieron con aplausos a la caravana de camiones salvadoreños a su ingreso al país por la carretera occidental. "Bukele, Bukele...", gritaban los vecinos de las zonas fronterizas, mientras ondearon banderas de Honduras y El Salvador, en agradecimiento por el apoyo humanitario.

Carolina Recinos, comisionada presidencial para asuntos del gabinete de El Salvador, dijo que el gobierno de su país también envió apoyo en maquinarias pesadas para limpieza y remoción de escombros en zonas afectadas.

BCIE autoriza donaciones

Tras el paso de Eta y en espera de otro sistema que podría transformarse en tormenta tropical, y eventualmente en huracán, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) otorgó a los gobiernos de Nicaragua y Honduras una donación de un millón de dólares, a repartirse en partes iguales.

"El BCIE por más de 60 años siempre ha apoyado a sus países miembros durante este tipo de emergencias y situaciones y en esta ocasión no los dejará de ayudar”, expresó su presidente Ejecutivo, Dante Mossi.

Explicó que cada país designará una entidad que coordinará la correcta implementación de los recursos, que podrán ser utilizados para compra de alimentos, agua potable y demás bienes de uso primario; compra de medicinas, colchones y otros materiales requeridos en los albergues de damnificados, así como materiales y mano de obra para la construcción o reparación de viviendas, puentes y la red vial. También podrán destinarse a la compra de insumos para la recuperación de siembras agrícolas afectadas por el poderoso ciclón.

Reclamos a los gobiernos

Los hondureños reaccionaron molestos con el gobierno por la lentitud en declarar la emergencia y en el rescate de decenas de miles de personas que quedaron aisladas por las inundaciones en el valle de Sula, en el norte del país.

También denunciaron que en algunos sitios miembros de iglesias, organizaciones sociales y particulares que transportaban ayuda fueron retenidos por militares que los obligaban a entregar los cargamentos y distribuirlos entre entidades gubernamentales.

En el caso de Nicaragua, una semana después del paso huracanado de Eta, más de 1.000 familias seguían clamando asistencia humanitaria al gobierno de Daniel Ortega.

Uno de los sitios más afectados por el impacto del ciclón es la comunidad de Wawa Bar, al oeste de Puerto Cabezas, donde Eta dejó en escombros unas 450 viviendas. Según un informe preliminar del gobierno, el huracán destruyó más de 1.700 casas en la región norcaribeña, la mayoría frágiles construcciones de madera.

"Cuando el huracán vino, nosotros estábamos en nuestras casas aquí. El viento estaba soplando, el mar subiendo. Ahí estábamos nosotros cuando estaban cayendo los palos (árboles)”, dijo el pescador Jefferson Henríquez, de 22 años, a un periodista que visitó Wawa Bar. "Esa era la casa de mi mamá y allá estaba la de mi hermana”, contó señalando con tristeza el territorio desolado.

Dirigentes opositores y de ONG en Managua también denunciaron que el gobierno envió patrullas de policía "para asediar y amenazar” a las personas que estaban recolectando ayuda humanitaria con el objetivo de enviarla a las zonas afectadas. Una parte de esa ayuda logró trasladarse luego a través de la Cruz Roja, según se informó posteriormente.

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