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En una carrera contra el tiempo los países procuran acceder al preciado bien en que se han convertido las vacunas contra el Covid-19. Con marcadas diferencias, por cierto, según la región.

América Latina ha sido una de las áreas más afectadas por la pandemia y, sin embargo, también ha sido una de las regiones que menos dosis de vacunas ha recibido.

Según la base de datos desarrollada por la Universidad de Oxford "Our world in Data", América Latina ha sido la destinataria, hasta la fecha, de apenas algo más de un 2 % del total de dosis aplicadas, mientras que Europa concentró más del 25 %, Norteamérica, más del 30 %, y Asia, casi un 40 % del total de vacunas.

Ahora bien, cómo acceder a ellas. Las opciones consisten en adquirirlas (por varias razones, no siempre sencillo), apostar a desarrollos locales (numerosos proyectos en marcha), mediante el mecanismo de distribución equitativa Covax (con algunos retrasos en su funcionamiento), o también, fabricándolas en territorio propio con la anuencia de las industrias farmacéuticas titulares de las licencias en cuestión.

¿Qué se fabrica y dónde?

Argentina se ha convertido en punta de lanza en el continente con la fabricación en Buenos Aires de las vacunas rusa Sputnik V y el principio activo de la sueco-británica AstraZeneca.

El laboratorio local Richmond llegó a un acuerdo con el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) a fines del pasado mes de abril para fabricar la vacuna rusa Sputnik V.

"El primer lote de la vacuna producida ya ha llegado al Instituto Gamaleya en Moscú para la supervisión de su control de calidad”, informaron desde el Ministerio de Salud de Argentina sobre la marcha de la fabricación, que espera elevar a los 5 millones de dosis por mes con la intención de exportarla al resto del continente.

Un derrotero algo más "accidentado” lleva hasta ahora la producción en el continente de otra de las principales vacunas del mercado farmacéutico, la de AstraZeneca.

El laboratorio argentino mAbxience fue seleccionado para fabricar el principio activo de la vacuna, que luego sería envasada en México por el laboratorio Liomont.

A día de hoy, sin embargo, millones de dosis producidas en la localidad bonaerense de Garin desde noviembre pasado se encuentran demoradas en México.

Las dificultades en el proceso han tensado las relaciones entre los socios de ambos países, en lo que comenzó como un ambicioso acuerdo para distribuir a precios accesibles hasta 250 millones de dosis en la región.

El empresario Hugo Sigman, propietario de mAbxience, ha atribuido la responsabilidad a su contraparte azteca: "Formular, fraccionar y envasar cada tipo de vacuna requiere una serie de equipos e insumos específicos que, por la alta demanda global, hoy resultan imposibles de conseguir rápidamente”, ha detallado en su cuenta de Twitter.

"Este es el problema que enfrentó en México el laboratorio Liomont (…) que determinó una demora en el inicio de la producción”, se ha explayado.

Lo cierto es que las vacunas estarían superando sus últimos escollos: "A fin de mes tendríamos las primeras vacunas de Oxford AstraZeneca enviadas desde México, cuyo componente principal fue producido en la Argentina, según me anticipó el presidente AMLO", sostuvo este lunes el presidente argentino Alberto Fernández en su visita a Portugal.

Sin embargo, "estas demoras implican el retraso en la vacunación en varios de nuestros países, que se encuentran urgidos de disponibilidad de vacunas, en momentos en que la mayoría enfrenta una segunda ola de la pandemia”, sostuvo al respecto el epidemiólogo mexicano Noé Alfaro, en diálogo con DW.

Además, "se trata solo de licencias de emergencia de vacunas de laboratorios externos a nuestros países. Las instancias locales han sido desmanteladas, y se ha privilegiado la dependencia a la autosuficiencia”, analizó Alfaro.

Apenas un destello en otra dirección: México ha anunciado recientemente que su laboratorio estatal Birmex comenzará a envasar la vacuna rusa Sputnik V.

El caso de Brasil

Brasil, por su parte, ha iniciado en el mes de febrero la fabricación de la vacuna china CoronaVac de Sinovac, a cargo del Instituto Butantan local, así como también, en el mes de marzo, el preparado de AstraZeneca, en las plantas de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), vinculada al Ministerio de Salud del país.

"Se han firmado acuerdos de transferencia de tecnología con los laboratorios que detentan los derechos de propiedad intelectual”, explicó al respecto el doctor en Ciencias Humanas y Salud de la Universidad del Estado de Río de Janeiro Pedro Villardi.

"Pero las patentes son una barrera que impide que otros laboratorios produzcan vacunas y otras tecnologías”, agregó el experto brasileño, coordinador del Grupo de Trabajo sobre Propiedad Intelectual (GTPI), que nuclea a numerosas organizaciones de la sociedad civil.

"Así, hay una escasez artificial, que les permite a las empresas detentoras de las patentes decidir precios, qué países reciben antes y cuáles después”, indicó Villardi a DW. "Existe un apartheid de vacunación en el mundo”, graficó.

"El problema central consiste en la dependencia tecnológica en materia de medicamentos biológicos y biotecnológicos que tiene la región latinoamericana”, afirmó la química farmacéutica colombiana Mayra Vasquez, consultada por DW.

"Si bien Brasil y Argentina cuentan con algunas capacidades y desarrollos en este campo, estos no han tenido un crecimiento importante, ya que dependen directamente del gobierno de turno”, afirmó Vasquez, consultora de Política Farmacéutica del Banco Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, entre otros organismos.

"Latinoamérica es completamente dependiente en materia sanitaria. Se hace urgente una política industrial que genere mayor capacidad de producción local", concluyó.

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