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En la campaña electoral de Estados Unidos, el gobierno mexicano tomó una posición clara a favor de Donald Trump. El presidente Andrés Manuel López Obrador tomó un avión a Washington en julio, su único viaje al extranjero hasta la fecha, para apoyar efusivamente al presidente de Estados Unidos, muy rezagado en las encuestas en ese momento. No es la mejor carta de presentación ante el ganador de las elecciones, el demócrata Joe Biden. 

Sin embargo, los analistas no esperan que haya represalias directas de Washington contra su gran socio comercial del sur, sino nuevas prioridades que podrían resultar incómodas para el nacionalista de izquierda con tendencias populista, López Obrador.

México y Estados Unidos han crecido económicamente al como hermanos siameses desde 1994, cuando entró en vigor el tratado de libre comercio (T-Mec), recientemente renovado. Muchas empresas tienen cadenas de suministro binacionales y sucursales a ambos lados de la frontera. Unos 38 millones de mexicanos viven en Estados Unidos. Bienes por valor de 1.600 millones de dólares cruzan la frontera en ambas direcciones todos los días. 

Alrededor de 13 millones de estadounidenses van de vacaciones a México cada año, buscan tratamiento médico allí, pues es más asequible, o tienen su segunda residencia o una casa para la jubilación en el país. Una integración tan fuerte significa que ambos países dependen de una estrecha cooperación en cuestiones estratégicas como la migración y la seguridad.

Medioambiente y derechos laborales, puntos de fricción

La victoria de Biden "es un cambio de 180 grados" para la política exterior mexicana, afirma la politóloga Lila Abed en entrevista con DW. "Los demócratas no van a actuar con venganza, pero sí habrá mayores presiones en diferentes rubros como democracia, derechos humanos, transparencia y derechos laborales y medio ambiente que fueron incluidos en el T-Mec por presiones demócratas", explica la profesora de la Universidad de Georgetown y del Boston College. "Puede ser muy incomodo para AMLO", augura.

En este punto le da la razón José Antonio Crespo, historiador y politólogo del Centro de Economía e Investigaciones (Cide). "En lo laboral y ambiental los Democratas van a apretar mas las tuercas", enfatiza en entrevista con DW. "Pero también en materia energética: Biden está más preocupado por el cambio climático y las energías limpias, de ahí pueden llegar presiones o desacuerdos hacia la política energética de AMLO", más dependiente de los combustibles fósiles. 

El gobierno de México ha detenido la expansión de las energías renovables en el país por el momento, poniéndose en contra a numerosos inversores extranjeros.

Ambos expertos coinciden además en que una mayor presión de Washington por la transparencia y el avance del estado de derecho podría tener repercusiones en el país que jueguen a favor de la oposición. Desde hace algún tiempo, esta acusa al presidente de tendencias autoritarias, centralismo y fracaso en sus políticas ambiental, de seguridad y sanitaria. Sin embargo, hasta ahora no han podido frenar al presidente. 

Afianzado en su gran popularidad, López Obrador expandió su influencia en los poderes legislativo y judicial y castigó a instituciones independientes retirándoles fondos y a gobernadores rebeldes suspendiendo los pagos de transferencias estatales. "Si a alguien teme AMLO es a Estados Unidos, su verdadero y único contrapeso", resume Crespo.

Tono suave en inmigración, palabras duras en seguridad

Cuando se trata de migración, Carlos Heredia, experto en política exterior y cofundador del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), espera que Biden suavice y sea más humano. Biden prometió poner fin a prácticas como poner tras rejas a los niños o separarlos de sus padres. La política de "quédense en México" implementada por Trump, que obliga a México a acomodar a los solicitantes de asilo en suelo mexicano hasta que las autoridades estadounidenses tomen una decisión, también podría terminar con Biden.

Como resultado de esta política, en el lado mexicano de la frontera se habían formado grandes campamentos de actualmente unos 80.000 refugiados, imágenes ilustrativas de lo que para Heredia, que también forma parte del consejo asesor del centro de estudios estadounidense Woodrow Wilson Center, es una "catástrofe humanitaria". 

Según Heredia, poco cambiará en el hecho de que México está cerrando su frontera sur bajo la presión de Estados Unidos y deportando cada vez a más migrantes de terceros países. "Biden ha dicho que van a establecer un trato digno para los migrantes", explica, pero "al mismo tiempo hay temor de que, si México suaviza los controles migratorios, se registren nuevas caravanas".

Un tema en el que el gobierno mexicano está fallando, tanto desde la perspectiva republicana como desde la demócrata, es el de la política de seguridad. "La confianza está rota en seguridad, hay que reconstruir la relación", resume Heredia, citando como muestra la sorprendente detención en Estados Unidos del ex ministro de Defensa, el general Salvador Cienfuegos, acusado de blanqueo de capitales y de recibir sobornos por parte de los cárteles de la droga. La estrategia de López Obrador de "abrazos y no balazos" no ha convencido a nadie en Estados Unidos. Según espera Lilia Abed, los Estados Unidos "van a apretar mucho para que se hagan mas cosas para enfrentar frontalmente a los cárteles".