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Fueron 54 años. Muchas veces se dice que las personas pasan y las instituciones quedan. Este no fue el caso. La medianoche del 1 de diciembre de 2021, de forma sorpresiva el Decreto Supremo (DS) 4630 dejó fuera del escenario aeronáutico nacional a la Administración de Aeropuerto y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea (Aasana). En su lugar, se creó la entidad pública Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos (Naabol) y a la Liquidadora de la exAasana encargada de dejar todo en orden en el plano laboral, tributario y judicial.

Boris Barroso, liquidador de la exAasana, en sus primeros cinco días de labor ya tiene un camino trazado. Dos son los temas que queman las manos. El primero cumplir, lo antes posible, con el pago de los beneficios sociales a 898 extrabajadores de Aasana.

Luego, encarar la deuda -en especial la tributaria- que, según cálculos de Barroso, suma Bs 700 millones (el 54% del total).  Édgar Montaño, ministro de Obras Públicas y Servicios, adelantó que la institución reemplazada por Naabol arrastraba un pasivo de Bs 1.300 millones y de ese monto las obligaciones con el Fisco representaban un gran porcentaje.

Siempre perdedores

Barroso, en sus primeras 72 horas de trabajo, y a partir de diferentes auditorías comprobó que, en los juicios ejecutados contra la exAasana, siempre perdió. Y las veces que ésta realizó una demanda legal contra un tercero nunca ganó. Así, los compromisos de pago fueron creciendo.

En lo que respecta a los impuestos, el liquidador sostuvo que hay deudas de todo tipo, de diferentes periodos y montos. Que necesitará tiempo para elaborar una estrategia frente a estas obligaciones. Pero la premisa es cumplir con los pagos impositivos acorde con la normativa vigente y descartar o recuperar los recursos de aquellos que no corresponden.

En este punto -se envió- el miércoles 1 de diciembre, por la tarde, un cuestionario al Servicio de Impuestos Nacionales, pero hasta el cierre de edición no contestó.





Pago de los beneficios

Para cumplir con esta obligación, el Tesoro General de la Nación (TGN), destinó a la Liquidadora de la exAasana, Bs 182 millones. De los cuales el liquidador estima que para pagar los finiquitos se necesitarán entre Bs 165 y Bs 170 millones.

Los trabajadores han indicado que el pago de sus beneficios será un proceso lento que durará dos años, ¿esa así?, se consultó a Barroso. “Son desinformaciones que dan algunas personas. Primero, por mandato del presidente Luis Arce, la Liquidadora debe cumplir con el pago, hasta el último centavo, de todos los beneficios de los extrabajadores de Aasana. “Vamos a respetar lo que indica la Ley General de Trabajo. Por ello, en 15 días debemos cumplir con lo indicado”, explicó Barroso.

Pero ¿cómo será la forma de pago? Se tiene contemplado primero pagar la deuda salarial de noviembre de 2020. Luego las horas extra de unos cinco meses, dos de la gestión pasada y tres de esta. Para finalmente, abonar el finiquito; es decir, bonos de antigüedad, salarios y demás beneficios contemplados en las leyes vigentes. “Por eso pido a los extrabajadores que se acerquen hasta nosotros o que nos digan dónde están. Nosotros iremos donde ellos indiquen, para explicarles, darles certidumbre y decirles que no se los va a engañar”, puntualizó Barroso.

La situación en los aeropuertos

El cambio abrupto sorprendió a los extrabajadores de Aasana que el martes, 30 de noviembre, sumaban el segundo día de huelga de hambre y se aprestaban a empezar con el paro nacional e indefinido desde las 8:00 del 1 de diciembre. El Gobierno se les adelantó. Ya que a las 7:00 de la mañana de ese día, Édgar Montaño, ministro de Obras Públicas, informaba que Aasana era historia. Paralelamente, los aeropuertos del eje troncal eran copados por efectivos militares y policiales.

La puesta en vigencia del Plan de Contingencia para contar con la cantidad mínima de trabajadores que garanticen las operaciones aéreas nacionales y extranjeras fue la apuesta de Montaño. Se presionó, especialmente a los operadores de tráfico aéreo, aquellos que desempeñan tareas en las torres de control, para que sigan trabajando hasta 17 y 19 horas continuas.

Producto de esas presiones y del cansancio hubo dos eventos (errores) en el cálculo de la velocidad, distancia y altitud de las aeronaves que -por fortuna- no llegaron a problemas mayores, debido a que el espacio aéreo boliviano no es muy transitado.

El secretario ejecutivo del Sindicato de Trabajadores de la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea (Aasana-Fenta), Einar Roca, hizo notar que el control aéreo es una tarea delicada que no puede estar en manos de personal desactualizado como funcionarios de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) jubilados hace cinco o diez años.

Roca lamentó que -por cálculos políticos- se ponga en riesgo la seguridad aeroportuaria del país y cuestionó a Barroso; que había indicado que hasta las primeras horas de la mañana del viernes la Naabol ya contaba con 149 trabajadores de la exAasana que migraron a la nueva empresa pública, aunque cuando fue consultado por la tarde sostuvo que la cifra había subido a 200.

“Sean 149 o 200, la cantidad de trabajadores sigue siendo insuficiente para brindar un adecuado servicio”, cuestionó Roca.

Con respecto a los supernumerarios en la exAasana, Roca explicó que la estructura actual es de 1.967 funcionarios y esa cantidad de trabajadores es por recomendación de la Organización Civil Internacional (OACI) para la administración de 30 aeropuertos, cuando en el país funcionan 42, justificó Roca.

En cuanto a los vuelos nacionales e internacionales en los aeropuertos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, de acuerdo con las líneas aéreas que operan en el país, se están desarrollando con normalidad.

Ronald Casso, gerente general de Bolivia de Aviación (BoA), explicó que el viernes transportaron a más de 11.000 pasajeros -producto de 105 vuelos- y no se registró ningún inconveniente.

La demora en el despegue de las naves y el aumento en la reprogramación de los vuelos son las consecuencias generadas por la salida de Aasana, de acuerdo con Casso.

Jorge Valle, experto en aeronáutica, sostuvo que lo que está pasando en los aeropuertos de Bolivia es preocupante. Debido a que el control aéreo se apoya en el Plan de Contingencia del DSD 28496, de 2005, considerado obsoleto por no responder a las necesidades técnicas de la actualidad.

Valle ve que la creación de Naabol fue improvisada debido a que no es posible que se busque responder, con 200 trabajadores, las necesidades administrativas y técnicas de los aeropuertos del eje troncal.


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