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Por Walter Vásquez


La harina, la carne de pollo y el aceite lideran el incremento de precios en productos de la canasta familiar cruceña, según familias cuya percepción del mercado no está en línea con el nivel de inflación que refleja el INE, una sensación que sí comparten analistas que consideran que el aumento del valor de los alimentos es parte del inico de un proceso de estanflación (estancamiento económico y mayor desempleo), “uno de los peores escenarios para la economía”.

“Todo ha subido”, lamenta por ejemplo Nicolasa Trujillo, comerciante del mercado La Ramada. “La verdura casi se mantiene, mayormente es la harina, el pollo y el aceite lo que ha subido, los productos que más se utilizan”, afirma Abigail Arroyo, quien realiza diariamente sus compras en mercados del Plan Tres Mil. 

Además de la harina y la carne de pollo, que están en el foco de los medios por estar su disponibilidad vinculada a la guerra entre Rusia y Ucrania y a la escasez de maíz para alimentar a los animales, respectivamente, las familias han notado en este último tiempo que también otros productos de la canasta básica han subido de precio, especialmente en los alimentos, un sector en el que influyen muchas variables, como la disponibilidad según el periodo de cosecha, sequías, inundaciones, el exceso de producción, la capacidad de transportar los productos hasta el mercado, los intermediarios, la mayor o menor demanda de la población, las expectativas económicas y el contrabando, entre otros.

Trujillo cuenta que en esta época del año, al comenzar el frío y por la humedad y la época de lluvias, suben de precio el tomate, la zanahoria, el brócoli, el plátano y la cebolla; mientras otras verduras como el brócolí bajan.
Lo que “no es normal”, subraya, es que suba el precio de los abarrotes, como el aceite y el azúcar, de las maltas y de otros productos que llegan por importación o contrabando. “Es una pena. La gente se queja muchísimo, porque en algunos casos solo trabaja o el hombre o la mujer y (el dinero) no alcanza, peor si tienes familia”.

“Ha aumentado el pollo, el aceite, la harina, el azúcar, el kétchup y la mayonesa. El huevo de segunda, que comprábamos en Bs 17 o 18, ahora está en 20 y hasta en 23. Eso nos afecta porque mayormente somos de escasos recursos y trabajamos al día”, afirma Ángela N. quien compra en La Ramada.

“Subió en exceso el pollo. Lo comprábamos a Bs 11 el kilo y ahora está en 14,50. Las vendedoras dicen que va a seguir subiendo porque está escaseando el maíz”, relata Arroyo. “El kilo de harina también subió de Bs 4,50 a 6, y llega hasta 7 en las tiendas; el aceite que se compraba en Bs 18 (2 litros) ahora está en Bs 22, en 25; el azúcar de Bs 4,50 a 6 y en pocos lugares se lo pilla a Bs 5”.
“Lo que está pasando en nuestra economía es que ahora estamos importando inflación”, explica el economista Germán Molina.

El experto precisó que hasta hace unos meses los precios en el mercado nacional se mantuvieron estables y el nivel de inflación bajó debido a que llegaban de los países vecinos productos más baratos a través de la importación o el contrabando, pero ahora esos artículos comenzaron a subir en sus países de origen por lo que también ingresan y se venden en Bolivia con un mayor valor.

A esto se suma la lucha contra el contrabando en el país, que hace más difícil la llegada ilegal de mercadería de otros mercados, lo que encarece el precio de los productos que pueden burlar los controles fronterizos.

Para el investigador laboral Bruno Rojas, una causa por la que los datos oficiales aún no registran claramente el incremento de precios en Bolivia es el cambio desde 2018 del Año Base del Índice de Precios del Consumidor (IPC), el cual aumentó de 426 a 513 la cantidad de productos de los que se saca el promedio de la inflación e incluyó entre los nuevos ítems: máquina de coser; radiograbadoras; servicios dentales, de revelado de películas y de manicura y pedicura; triciclos; llantas; escuelas deportivas; y cursos de música, canto y baile, entre otros.

Cálculo del INE

“Eso hace variar el cálculo base para el IPC (…). La subida de la carne, el tomate o el huevo se pierden frente a artefactos o bienes que han mantenido su precio, como un horno microondas, que quizá gran parte de las familias no tiene o no consume”, afirma Rojas.

El economista Róger Banegas indica que “en Bolivia no hemos sentido el efecto del aumento global de precios por dos motivos: el tipo de cambio fijo y la subvención a los combustibles, sin la cual la inflación estaría en torno al 10%, como sucede en países vecinos”.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) dan cuenta de que la inflación en 2021 fue apenas del 0,9% y que a abril de este año se situó en 0,41%.

A diferencia de estas cifras, el alza de precios a marzo en Brasil llegó hasta el 11,3%, en Chile y Uruguay al 9,4%, en Colombia al 8,5%, en Perú un 6,8% y en Ecuador al 2,6%, mientras que en Argentina alcanzó un 55% y en Venezuela un 284,4%, según reportó la BBC.

“Es inconcebible que en 2021 los productos en general no hayan ni siquiera subido en un centavo”, recalca Rojas, quien considera que se mantiene un IPC a bajos niveles para hacer ver al país como una economía “superestable”.
Pero esta situación no podrá sostenerse por mucho tiempo.

Tanto Molina como Banegas coincidieron en que la actual tendencia inflacionaria va a mantenerse en Bolivia y el mundo, porque en la economía internacional ha caído la producción de bienes y servicios debido a factores como la pandemia, la invasión de Rusia a Ucrania, el encarecimiento de los sistemas de transporte, la expansión del gasto público de todos los países para frenar la crisis sanitaria y la elevación de las tasas de interés, para evitar que el alza de precios se acelere, lo que hace que suba el costo del crédito.

En Bolivia, a este complejo panorama se suma el hecho de que ha aumentado la tasa de referencia (TRE), encareciendo aún más el interés de los créditos no regulados a los que acuden los productores, y que las empresas empezarán a trasladar a los precios de sus productos el mayor costo de operaciones que significa el incremento salarial de esta gestión.

“No estamos aislados y el ajuste sucederá”, anticipa Banegas, quien recuerda que la inflación proyectada para este año subió al 3,3%.
¿Y cuál es el impacto en Bolivia de esta tendencia que recorre el mundo desde el año pasado?

Las familias, que destinan entre el 30 y 40% de sus ingresos a la compra de alimentos, verán reducida su capacidad de adquisición, lo que se suma al hecho de que en estos últimos dos años fueron golpeadas por el desempleo y la reducción de sus ingresos.

El sector productivo accederá a créditos no regulados a un mayor costo y tendrá que trasladar parte o el total de ese costo adicional a los precios de sus productos y al consumidor final. Pero eso no termina ahí. Al enfrentar precios elevados, la población reducirá su consumo y al vender menos el productor recortará su producción. 

“Ese círculo vicioso de elevación de precios y de disminución de la producción va a llamar a una recesión con inflación (estanflación) y salir de esa situación económica es bien difícil”, sostiene Molina, quien reafirma que esa tendencia económica está presente en Bolivia y el mundo.

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