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El arte de sostener: la historia silenciosa de Rosario Paz Gutiérrez

Martes, 21 de abril de 2026 a las 10:29

Con liderazgo en un mundo masculino y fe en Bolivia, la CEO de Nexocorp construye desde el propósito. Combina disciplina, tecnología y una mirada humana

Rosario Paz Gutiérrez, CEO Nexocorp, habla de ella misma sin grandilocuencia, como si fuera parte de una rutina invisible. Quizás lo es. Quizás ahí reside la diferencia entre dirigir y sostener.

Cuando intenta resumir su historia en una palabra, no dice éxito, ni crecimiento, ni liderazgo. Dice propósito.

“Propósito. Porque todo lo que hemos construido durante estos 89 años solo tiene verdadero sentido cuando mejora concretamente la vida de las personas”.

Habla de una madre que busca un medicamento en la madrugada, de una familia que encuentra cerca lo que necesita, de un colaborador que crece y cambia el destino de los suyos. No son metáforas. Son escenas. Fragmentos de realidad donde, según ella, se justifica todo lo demás.

Aprender a entrar

Entró joven a un mundo donde casi nadie se parecía a ella: la industria farmacéutica, rigurosa, técnica, exigente; en un mundo empresarial, mayoritariamente masculino. Y en medio, una certeza todavía en construcción: que el liderazgo no se hereda ni se impone, se ejerce.

No hubo ceremonia de bienvenida. Hubo, en cambio, una secuencia de pruebas silenciosas: reuniones donde había que hablar con más precisión, decisiones que debían sostenerse con más firmeza, errores que no admitían repetición.

“Aprendí muy pronto que el liderazgo no tiene género: tiene visión, preparación y coherencia”.

Pero entrar no era suficiente. Había que quedarse. Habia que sobrellevar el peso que no se ve, pero con los años la escala cambió

Lo que antes era desafío personal se transformó en responsabilidad colectiva. Bajo su dirección, Nexocorp dejó de ser una estructura centrada en un solo rubro para convertirse en un entramado diverso: salud, retail, gastronomía, desarrollo inmobiliario, nuevas apuestas tecnológicas.

Ese camino se traduce en un ecosistema empresarial consolidado. Bajo el paraguas de Nexocorp, el grupo ha logrado expandirse a distintos sectores, con más de 200 sucursales y más de 3.000 colaboradores. Un país entero como mapa operativo.

El corazón del negocio sigue siendo Farmacorp, posicionada como líder en el mercado farmacéutico boliviano, pero alrededor creció un ecosistema que exige algo más que visión: exige equilibrio y más en un entorno volátil.

Para Rosario, la diversificación no es solo crecimiento, sino una forma de adaptarse a la incertidumbre.

Porque crecer, en Bolivia, no es solo expandirse. Es aprender a moverse en la inestabilidad sin perder dirección.

Decidir sin certezas

Hay momentos —no los enumera, pero se intuyen— en los que el contexto aprieta: tensiones económicas, incertidumbre política, mercados que se contraen o se vuelven impredecibles.

Ahí, dice, aparece otra forma de liderazgo: la serenidad.

No como calma ingenua, sino como disciplina. “Cada vez que actué alineada con nuestros valores y con una visión estratégica de largo plazo, los resultados confirmaron que ese era el camino correcto”, asegura.

En medio de ese escenario, la tecnología irrumpe. La inteligencia artificial ya no es una conversación futura. Está ahí, en la operación diaria: anticipando comportamientos, ordenando datos, haciendo más eficiente lo complejo.

Pero Rosario no habla de la tecnología con fascinación, sino con cautela. Sabe que puede amplificar decisiones, pero no reemplazarlas. Que puede acelerar procesos, pero no construir criterio.

Hay algo, insiste, que no se automatiza. “Pues el componente humano sigue siendo insustituible”, define.

Cuando se le consulta sobre el cumplir objetivos, considera que los mismos no son un punto final, sino un horizonte en movimiento. Por eso, más que hablar de metas cumplidas, prefiere enfocarse en lo que aún falta: innovación, sostenibilidad y mayor impacto social.

Lugar incómodo

Ser mujer en ese mundo no es una anécdota. Es una condición que atraviesa el recorrido.

No lo dramatiza. Tampoco lo minimiza. Habla de exigencias distintas. De evaluaciones más duras. De la necesidad de demostrar, una y otra vez, que el lugar que ocupa no es concesión.

Y, sin embargo, también habla de otra cosa: de una forma distinta de mirar. Más integral, dice. Más conectada con el impacto. No necesariamente mejor, pero sí necesaria.

Apostar cuando no es obvio

Hay una palabra que vuelve, como un eco: Bolivia. No aparece desde el optimismo fácil. Aparece desde la decisión. Invertir en un país con incertidumbre no es un acto automático. Es una elección. Una forma de leer el presente sin renunciar al futuro.

Reflexiona de lo que falta: institucionalidad, confianza, reglas claras. Pero también de lo que hay: talento, capacidad, posibilidad. Y en ese equilibrio —entre lo que es y lo que podría ser— decide quedarse. Decide seguir creyendo en el potencial del país y en la capacidad de su gente.

Rosario define que apostar por Bolivia es un acto de convicción y quienes tienen esa posibilidad considera “que también tienen la responsabilidad de hacerlo”.

En algún punto de la conversación, la narrativa se desplaza.

Ya no habla de empresas, ni de mercados, ni de decisiones estratégicas. Habla del tiempo. De lo que falta.

Extraña la pausa. Leer sin interrupciones. Pensar sin urgencia. Estar sin agenda. No lo dice como queja, sino como descubrimiento tardío: entender que detenerse también forma parte del movimiento.

Cuando se le pregunta si se considera una ganadora, la respuesta se escapa de lo esperado. No hay afirmación. Tampoco negación. Hay, en cambio, una incomodidad con la idea de final. Como si aceptar esa etiqueta implicara cerrar algo que, para ella, sigue abierto.

Por eso prefiere hablar de construir. De aprender. De seguir.

¿Y cuándo todo pasa?

Si algún día alguien intentara resumir su historia, le gustaría que no empezara por los números.

Le gustaría que la recuerden como una mujer coherente. De haber creído en un lugar, incluso cuando no era sencillo. De haber construido algo que toca vidas, aunque no siempre se vea.

Porque al final —parece sugerir— lo importante no es lo que se muestra. Es lo que se sostiene.

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