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El 8 de noviembre, Luis Arce Catacora recibirá un país, igual o quizás peor del que dejó en 2019. Las cifras no son buenas, y más si se ven en detalle los números del principal negocio que tiene el Estado: la exportación de gas.

Menos ingresos y menos producción, resumen la situación del sector que por años fue la ‘gallina de los huevos de oro’ del Gobierno del MAS, que nuevamente toma las riendas del país. Pero esta vez la bonanza y los buenos precios no acompañarán su gestión. Ahora más que nunca, Arce deberá hacer honor al sobrenombre que ganó en las calles: ‘Superlucho’, porque como se dice en el argot popular: le tocará bailar con la más fea.

Según los expertos consultados, con el actual ritmo de exportación y producción las reservas de gas pueden durar entre tres y diez años. Y si los volúmenes se reducen, hasta 15. Urge explorar, coinciden los especialistas.

Para entender la compleja situación de este negocio, que por 14 años sostuvo el ‘proceso de cambio’, es necesario ver sus cifras. Por la caída de los precios internacionales del petróleo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) hasta el mes de septiembre las exportaciones de gas natural bajaron en -21,7%, con relación al mismo periodo de 2019.

En valor esto significa que las exportaciones pasaron de $us 1.959 millones a $us 1.534,5 millones. Lo que implica una caída de $us 424,6 millones.

Lejos quedan los años dorados del gas, como el 2014 cuando las exportaciones por este recurso natural llegaron a $us 6.646 millones. En su informe, el INE resalta que debido a la importancia de la producción de gas natural en la oferta total de energía se debe analizar y determinar la disponibilidad de hidrocarburos para los siguientes meses.

“La producción debe ser capaz de generar mayores excedentes para cumplir los compromisos asumidos con la República Federativa de Brasil, debido a que una de las cláusulas del contrato establece la realización del ‘make-up’, que en términos del contrato se considera “reposición de energía pagada, pero no retirada”, señaló el INE en su informe.

Hasta junio, de acuerdo a datos del Ministerio de Hidrocarburos, la producción de gas natural llegó a 41,25 millones de metros cúbicos (MMm3/d), muy lejos de los 62 (MMm3/d) que llegó a producir en el año de mayor bonanza económica: 2014, cuando el presidente electo manejaba la billetera del país.

Y es que más allá de las observaciones a la gestión del Gobierno de transición, los expertos consultados por El DEBER señalaron que los problemas en el negocio del gas se arrastran desde la administración de Evo Morales.

Reservas y tiempo

Las críticas de los expertos apuntan a que durante la gestión del expresidente, y cuando Arce era ministro de Economía, se priorizó la explotación del gas, pero no así la exploración y desarrollo de nuevos yacimientos.

El tema de las reservas siempre estuvo en el ojo de la tormenta. Antes de su renuncia, durante el último año de Gobierno de Morales, se estimaban en 10,45 TCF (Trillones de pies cúbicos). Pero tras su dimisión, la administración de transición, mediante un nuevo estudio, concluyó que las reservas estaban en 8,95 TCF.

Para el exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos, hay suficiente gas para respaldar el contrato de exportación con Brasil por tres a cinco años más: con un volumen de entre 20 y 14 MMm3/d. Y también para renegociar entre 10 y 14 MMm3/d de gas con Argentina, por unos tres a cuatro años más. Pero todo esto después de abastecer el mercado interno.

La exautoridad dijo que el panorama hidrocarburífero luce bastante complejo: con una producción declinante y con menos exportaciones de gas. A esto se suman más importaciones de líquidos que “ojalá seamos capaces de revertir en el corto y mediano plazo”, dijo.

En la actualidad, Bolivia destina al mercado brasileño, de acuerdo a la última adenda, 20,4 MMm3/d, como máximo, y 11 MMm3/d, como mínimo.

Al mercado argentino los volúmenes máximos establecidos en la última adenda firmada en 2018 fueron de 16 MMm3/d.

El analista en energías Francesco Zaratti explicó que, si bien no hay cifras actualizadas de reservas de gas natural, es posible que el tiempo de vida útil de los campos -si no hay nuevos descubrimientos y tomando como referencia la tasa de extracción actual- bordee entre los 10 y 15 años. Esto suponiendo que Brasil y Argentina sigan pidiendo, en su conjunto, 35 MMm3/d; un volumen, que, a criterio del experto, no está garantizado.

El especialista Hugo Del Granado coincidió en que las reservas de gas pueden “durar entre ocho y diez años” si se raciona la producción y exportación.

“Pero no es ese el nivel que se debe observar, sino la capacidad de producción que hay. Los campos están en franca declinación y la producción se está yendo a la baja. En esa medida, el tiempo de vida de las reservas puede prolongarse, pero a costa de no satisfacer la demanda de los mercados”, dijo.

Explicó que en la medida en que no se descubran nuevos yacimientos, la capacidad productiva seguirá bajando. 

¿Qué hacer?

Para Ríos el nuevo Gobierno tiene que trabajar en un sistema impositivo a las operadoras privadas que permita recuperar inversiones y tener algo de rentabilidad.

“Una solución es otorgar periodos de gracia en el pago de impuestos que ayuden a esto. Hay muchas formas de hacerlo y creo que eso necesita Bolivia; para producir más gas y dejar de importar líquidos que drenan los dólares del país”, sugirió.

La exautoridad explicó que, bajo las actuales reglas “y los bajos precios de petróleo y gas no será nada fácil atraer nuevas inversiones al país en materia exploratoria”.

Para Zaratti, en los últimos años Bolivia se ha convertido en un país poco atractivo para las inversiones en hidrocarburos. Y principalmente por dos razones, una externa y otra interna.

La externa, según el analista, tiene que ver con la redirección de las inversiones en hidrocarburos de las grandes empresas hacia las energías limpias. Esto a causa del impacto del calentamiento global, que termina afectando el futuro de los mercados tradicionales de la región.

La interna, para el experto, es la habilidad “genética” de los gobiernos populistas para ahuyentar las inversiones en el sector por motivos ideológicos.

“En suma, nuevas e importantes inversiones en exploración de gas no pueden ni desean llegar a Bolivia. Que, dicho sea de paso, no es atractiva ni siquiera técnicamente (geología y mercados)”, dijo.

En este contexto, según el experto, el país tiene un camino para revertir la situación. Debe ofrecer mejores condiciones (en impuestos, institucionalidad y seguridad jurídica) que otros países de la región. “Ofrecer las mismas ya no sirve”, aseguró el analista.

Según Zaratti, Arce recibirá el negocio tal como lo dejó cuando era ministro de Economía, “en estado de coma”, no solo por los problemas del upstream (exploración) que todos conocemos, sino también por todas las actividades del downstream (la industrialización, refinerías, comercialización de combustibles, y el nivel de institucionalidad).

Renta petrolera

Según el Ministerio de Hidrocarburos la renta petrolera, entre 2014 y 2019 (último año de Gobierno de Evo) cayó hasta un 79%.

En la gestión 2014 los recursos generados por el gas llegaron a $us 5.489 millones. Para 2019, la cifra cayó a $us 1.148 millones.

Este año, en marzo, cuando comenzó la pandemia y los precios del petróleo llegaron hasta cifras negativas, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) informó que por estos factores los ingresos de la renta petrolera caerían en $us 669 millones.

La estatal había presupuestado un ingreso de $us 1.833 millones por la renta petrolera para la gestión 2020, tomando como referencia un precio de $us 41 por barril de petróleo. Pero por el desplome de precios, calculó que la cifra bajaría a $us 1.164 millones.

Luego, en junio, la Fundación Jubileo calculó que estos recursos caerían hasta un 53%, tomando en cuenta si el precio del crudo se mantiene en $us 51,37 el barril.

Se consultó a YPFB sobre cómo se encuentra la renta petrolera, pero hasta el cierre de esta edición no contestaron.

El exministro de Hidrocarburos Guillermo Torres dijo que los ingresos serán cada vez menores, si es que se mantienen los precios bajos y una baja producción.

“Habrá problemas en el volumen porque los campos están en declinación. El único estable es Margarita, pero en tres años ingresará a declinación”, dijo.

Reactivar la exploración

En este contexto, el especialista Hugo del Granado sostuvo que cuando Arce asuma la Presidencia recibirá un sector en peores condiciones, a las que dejó en 2019.

Sostuvo que “el MAS el año pasado dejó en muy malas condiciones” a la actividad petrolera; por los bajos niveles de ingresos y producción de gas.

“Pero este Gobierno (de transición) en el año que ha estado, no ha remediado nada. No ha hecho nada para incrementar la exploración, la producción o terminar los pozos que estaban en perforación y eliminar los supernumerarios para reestructurar YPFB”, señaló Del Granado.

Para el especialista, es necesario que el nuevo Gobierno incremente la producción a través de un plan de emergencia: mediante la recuperación mejorada de los pozos maduros.

“Se tienen que reactivar los programas exploratorios estatales y de las empresas privadas. Se debe llegar a acuerdos con las operadoras. Se debe actualizar la ley de incentivos, modernizarla, para que puedan invertir”, dijo.

El analista, Bernardo Prado, coincide en que la realidad del sector es dura. Pero para él, culpar al actual Gobierno de los problemas de la actividad, es errado. Aseguró que la pandemia fue un factor que nadie en el mundo esperaba, y afectó a todos los países.

“La pandemia hizo que el sector de los hidrocarburos entre en una especie de letargo, y se vean muy afectados los ingresos que se han visto muy mermados”, dijo.

Para Prado, hace años, el país perdió definitivamente su rol protagónico y posición, en el contexto internacional.

“No es un factor que tendríamos que atribuir a esta gestión. Bolivia ya perdió su protagonismo hace años. Las reservas que tenemos, no nos dan mucha cintura para ponernos en el tablero de los protagonistas del negocio”, explicó.

Siguiendo su análisis, sostuvo que el país no se preocupó por conseguir mercados alternativos y diversificar el destino de su gas.

Se consultó a la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía, pero indicaron que al haber renovado su directorio por el momento no atenderían ningún requerimiento de los medios de comunicación.

Las cifras crudas y proyecciones ponen las cosas difíciles. Arce, al que todos consideran artífice del crecimiento económico tendrá un trabajo difícil. Tendrá cinco años para demostrar que la bonanza no fue casual, y que Bolivia sigue siendo un actor importante en el negocio del gas.

Proyectos

Sipotindi. El viceministro de Hidrocarburos, José Antonio Pino, informó que el pozo Sipotindi X1 tiene el doble de reservas; es decir, 0,6 trillones de pies cúbicos (TCF) en vez de 0,3 que inicialmente estaban proyectados.

Inversión. En agosto de 2018, la estatal inició la exploración del pozo Sipotindi X1, en el bloque Aguaragüe Norte, con una inversión de 62,5 millones de dólares.

Perforación. Según Pino, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) tendrá que comprar un nuevo taladro capaz de soportar la enorme presión del gas, que es “mucho mayor a la que se esperaba”, anticipó la autoridad.

Campos. A la fecha, según datos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), de los 59 campos que operan en el país 41 están en declinación. Entre los campos en declive figuran San Alberto, Sábalo e Itaú, que en sus buenos tiempos recibieron la categoría de megayacimientos

Exploración. De acuerdo con datos del Ministerio de Hidrocarburos, durante las gestiones 2006 y 2018, se invirtieron $us 2.500 millones, en exploración de hidrocarburos.