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Al menos seis regiones del centro de Chile, donde se concentra cerca del 80% de la población, enfrenta una crisis hídrica sin precedentes, al menos desde que existen registros.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, definió esta sequía como “un terremoto silencioso”. Se calculan al menos 10.000 animales muertos por la falta de agua, en las seis regiones especialmente afectadas: de norte a sur, Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins y Maule. 

Las autoridades han promulgado 14 decretos de escasez hídrica para 126 comunas del país –de las 346 que existen en todo Chile– y seis declaraciones de emergencia agrícola, que afectan a 119 municipios. En Coquimbo y Valparaíso se declaró zona de catástrofe.

“Tenemos una sequía muy profunda, como no habíamos tenido antes, que causa problemas y nos preocupa”, indicó el ministro de Obras Públicas, Alfredo Moreno, líder de la Mesa Nacional del Agua, una instancia presentada por el Gobierno chileno para hacer frente a la crisis. De acuerdo con Moreno, “en lo inmediato es necesario ayudar a los dañados —las zonas rurales, el pequeño campesino—, pero en el mediano y largo plazo debemos tener las obras necesarias para el nuevo nivel de agua”. “Este desafío es similar al de reconstruir el país luego de un terremoto”, reflexiona.

 Causas de la crisis

La crisis hídrica chilena —o la megasequía, como se le llama— se explica por varias razones.

“Es una especie de tormenta perfecta”, señala el ingeniero Rodrigo Fuster, académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile.

De partida, por el clima: “Parte importante de Chile ha estado experimentando niveles de precipitaciones por debajo de lo normal por 11 años consecutivos. Históricamente, desde que hay registros, no había ocurrido”, indica Fuster.

De acuerdo con el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia de la Universidad de Chile, esta megasequía en un tercio puede atribuirse al cambio climático de origen antropocéntrico.

“Independientemente de la variabilidad climática -que el próximo año sea lluvioso, por ejemplo, y nos olvidemos de la sequía inmediata- el fenómeno del calentamiento marca una tendencia en Chile central”, explica Fuster.

Como las temperaturas medias son mayores y las pocas precipitaciones se acumulan en Los Andes a mayor altura que antes, resulta inevitable pensar que Chile tendrá menor capacidad hídrica en los ríos que dependen del derretimiento de nieve en la cordillera.

Hace una semana, la Dirección General de Aguas (DGA) publicó su informe anual de pronósticos de caudales para la temporada de riego, de septiembre a marzo de 2020: “Es de los más bajos de la historia”, indica el ingeniero.

La región de Atacama, en el norte, presenta un déficit del 99% respecto al promedio histórico de precipitaciones, entre 1981 y 2010. Los grandes embalses tienen poca acumulación: El Yeso, en la capital chilena, está a un 50% de su capacidad.