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La apuesta a largo plazo de Bolivia por el oro está ayudando a apuntalar sus bonos, incluso cuando la pandemia de Covid-19 azota al país con más de 100.000 contagiados. Aproximadamente 43 toneladas de oro en poder del Banco Central se han disparado en valor a medida que el precio del metal precioso superó los $us 2.000 la onza troy.

Los bonos con vencimiento en 2028 han subido de 13 centavos a 88,6 centavos por dólar estadounidense desde un mínimo de abril, a pesar de las pérdidas de la semana pasada, ya que los partidarios del ex presidente Evo Morales bloquearon carreteras en todo el país para exigir elecciones, según reporta el sitio Bloomberg.com, especializado en economía.

De alguna manera la mayor cotización del oro favorece a Bolivia. Así, algunos inversores están mirando más allá de los titulares, concentrándose en el reciente repunte de las reservas de divisas y en el optimismo de que las elecciones de octubre ayudarán a estabilizar el país. El oro ahora representa alrededor del 42% de las reservas, mucho más alto que cualquier otro banco central importante en América Latina y compensa una caída en las tenencias de moneda extranjera (dólares).

"Una gran parte de las reservas está en oro, por lo que se ha apreciado hasta el punto de compensar el impacto negativo que tuvieron a principios de año", dijo Filipe Gruppelli Carvalho, asociado de Eurasia Group con sede en Washington DC. .

El costo de una onza de oro ha subido un 26% y escaló hasta los $us 2.000 desde fines de marzo, lo que elevó el valor de las tenencias de metales preciosos de Bolivia a $us 2.888 millones al 7 de agosto desde $us 2.090 millones a fines del año pasado. Eso aumentó las reservas totales a $us 6.680 millones desde $ 6.470 millones, según datos oficiales del Banco Central de Bolivia.

De acuerdo con el gráfico que muestra Bloomberg.com, Bolivia es el país con el mayor porcentaje de reservas en oro (42%), superando a Argentina con el 8,7% y Paraguay con el 5,6%. (ver infografía)

Baja de calificación no desanima a inversionistas

Las empresas de calificación crediticia S&P Global Ratings y Moody's Investors Service rebajaron la calificación de Bolivia a principios de este año debido a la preocupación por la caída de las reservas extranjeras, las crecientes necesidades fiscales (déficits gemelos) y la caída de los precios del petróleo. 

Aún así, hay optimismo de que las elecciones generales puedan restaurar la estabilidad. La primera ronda de votaciones está programada para el 18 de octubre, casi un año después de que una controvertida elección provocara protestas masivas en medio de acusaciones de fraude electoral. Morales dimitió, huyó del país y dijo que fue víctima de un golpe, mientras un Gobierno transitorio asumía el poder.

Los bolivianos enfrentaron una amenaza muy reciente de que un presidente podría intentar convertirse en un 'presidente vitalicio' y, por lo tanto, la situación actual en la que habrá elecciones a su debido tiempo es menos amenazante que la situación anterior”, dijo Carl Shepherd, un administrador de fondos en Newton Investment Management Ltd. en Londres.

El Gobierno boliviano ha pospuesto la repetición de las elecciones del 3 de mayo entre el 7 de junio y el 6 de septiembre, y luego nuevamente hasta el 18 de octubre. La presidenta Jeanine Áñez, una senadora que asumió el poder después de la renuncia de Morales, es una de las tres candidatas en la votación de este año. 

"No he visto nada hasta ahora que sea una señal lo suficientemente fuerte como para hacerme creer que no se llevarán a cabo elecciones o que el país no puede permitirse cumplir con sus obligaciones de deuda", dijo Shepherd.

Sugieren cambiar modelo de impulso económico

De acuerdo con el economista Mauricio Ríos García, al inicio de la crisis se proyectó que Bolivia sufriría una recesión del 3,4% en 2020, y solamente tres meses después se ajustó las previsiones; la recesión sería del, -5,9%. "Me sigue pareciendo relativamente optimista, sobre todo por los problemas que se observan con el nivel de reservas del BCB, la presión sobre el tipo de cambio, y la improvisación de las autoridades sobre el sistema bancario y financiero, que pronto podría terminar siendo el gran protagonista de la crisis", advierte.

El verdadero problema -según Ríos- vendrá cuando toda la cartera diferida entre en mora o se reprograme; las malas buenas intenciones pueden terminar provocando problemas todavía mayores. "Esperemos que no suceda", dice.

Asimismo, indica que más allá de los detalles, y de algunos ajustes relativamente cosméticos que se ha hecho hasta el momento, lo que verdaderamente importa aquí es que se ha implementado un programa típicamente keynesiano de “obras con empleos” para el día después de la cuarentena con el mal argumento de que “es lo que están haciendo todos los países”, o de que “lo está haciendo EEUU”.

Esto no se traduce en que el modelo de libreto de estímulo de la demanda agregada interna de los últimos 15 años, que ya demostró su agotamiento más que sobradamente -porque ya no hay manera de continuar con su financiamiento-, sigue intacto, y en la medida que no haya ajustes y reformas, no habrá salida amable de la crisis.

Las consecuencias de persistir en esto, en el mejor de los escenarios es, como ya lo adelantamos con otros casos, 'zombificar la economía', generar estanflación (situación económica de un país que se caracteriza por un estancamiento económico a la vez que persiste el alza de los precios y el aumento del desempleo).