La cotización oficial del dólar dejó de ser un dato seguido únicamente por economistas e importadores. La rápida escalada del tipo de cambio flexible comenzó a sentirse en la economía real. Este miércoles, la divisa alcanzó los Bs 11, consolidando una tendencia alcista que en algunos días registró incrementos de hasta cinco centavos y encendió nuevas alertas en el aparato productivo.
Desde la implementación del nuevo régimen cambiario, el precio oficial acumuló un incremento de Bs 1,27, al pasar de Bs 9,73 el 29 de junio a Bs 11 en la última cotización publicada por el Banco Central de Bolivia. El movimiento refleja un mercado donde la demanda de divisas continúa superando a la oferta, en un contexto marcado por la escasez de dólares y la incertidumbre sobre el ingreso de nuevos recursos externos.
En paralelo, el dólar digital (USDT y USDC) se cotizó entre Bs 11,20 y Bs 11,35 en plataformas virtuales, una referencia que muestra que la presión cambiaria todavía persiste.
Para el economista Rudy Sanguino, Bolivia ingresó a una etapa distinta. “La época del dólar barato ya se acabó”, resume, al explicar que el comportamiento del tipo de cambio dependerá de la disponibilidad de divisas. Mientras el Banco Central no logre aumentar la oferta de dólares, sostiene, la tendencia seguirá siendo alcista y continuará trasladándose a los precios finales que pagan familias y empresas. Recuerda además que, desde la implementación del nuevo esquema, el boliviano perdió alrededor del 12% de su valor frente al dólar en menos de un mes, deteriorando el poder adquisitivo y dificultando la planificación de hogares y empresas.
Las primeras reacciones ya aparecen en el sector productivo. La Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) se declaró en emergencia y dio un plazo de 48 horas al Gobierno para instalar una mesa de diálogo. Sus dirigentes aseguran que el encarecimiento del dólar elevó el costo de materias primas, insumos y mercadería importada. mientras la caída del poder de compra impide trasladar esos incrementos al consumidor.
El mercado ya encontró un nuevo precio para el dólar. Ahora la preocupación es cuánto de ese ajuste terminará trasladándose a los alimentos, los insumos, el transporte y el resto de la economía. Ese será el verdadero costo de convivir con un tipo de cambio flexible.