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Impulsado por el buen desempeño de la minería, los hidrocarburos, la construcción, la industria manufacturera y el comercio, el Índice Global de Actividad Económica (IGAE) registró -entre enero y abril- un crecimiento de la economía del 5,3%. El dato disparó el optimismo del Gobierno de Luis Arce Catacora, que se animó a plantear una “recuperación paulatina” de la economía tras un año de recesión producto de la pandemia del COVID-19.


Sin embargo, los economistas Juan Antonio Morales, Gonzalo Chávez y Gabriel Espinoza relativizaron el valor de esta cifra y coincidieron en alertar que la prevalencia de la pandemia y las débiles medidas del Poder Ejecutivo no están logrando una reactivación real del aparato productivo y de las exportaciones, por lo que se mantiene la situación de vulnerabilidad.


Según el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Marcelo Montenegro, el sector de la minería presenta un crecimiento acumulado de 34,2%; la construcción 17,9%; el de hidrocarburos 10%; la industria de manufacturas 9,6%; el comercio 8,4%; y otros servicios 8,1%. 


Durante el período enero y abril de 2021 también se registró una recuperación de los indicadores de comercio exterior. Las exportaciones, en promedio, llegaron a $us 3.096 millones, con un crecimiento de 34%, mientras que las importaciones alcanzaron a $us 2.643 millones, un ascenso de 15,8%, según cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).


Lo primero que llamó la atención de los analistas consultados para este informe es que los datos del IGAE no aparecen oficialmente en la página web del Instituto Nacional de Estadística (INE), por lo que no estarían plenamente consolidados.


En segundo lugar, y lo más importante, está la base de comparación del indicador. Si el país venía de un decrecimiento de más del 11% en 2020 producto del impacto de la pandemia del Covid-19 era previsible que, en 2021, haya un repunte estadístico, que no necesariamente se correspondería con un crecimiento real de la economía.


El problema parece estar en la base de comparación. “Si comparamos dicho incremento con lo que pasó en 2020, obviamente, representa un aumento significativo. Por ponerlo anecdóticamente, si una gallina pone todos los días un huevo, y un día pone dos huevos, el crecimiento sería del 100%, pero solo tendríamos dos huevos”, afirmó Juan Antonio Morales.


Gonzalo Chávez señala que “todos esperamos que ese 5,3% sea realidad, pero solo estamos midiendo los primeros cuatro meses. Esto es resultado de una mejora importante del contexto internacional, en particular, los precios de los hidrocarburos, de los minerales, y también están funcionando las políticas fiscales expansivas que se han implementado tanto durante el Gobierno de Jeanine Áñez como de Luis Arce”.


“El crecimiento se está recuperando lentamente, pero cabe aclarar que -técnicamente- estamos ante un ´rebote estadístico´. En 2015 también hubo un crecimiento de casi 5%, pero el que tenemos hoy, de 5,3%, no es el mismo, porque las condiciones son radicalmente diferentes. No nos olvidemos que venimos de -11% de recesión. Hasta 2013, la economía boliviana estaba creciendo, primero 4 pisos, luego 7 pisos; pero desde 2014 y 2015, comenzó a bajar. En 2019, crecimos 2,2%. Estábamos en bajada en los pisos del edificio. La pandemia y el mal gobierno de Añez nos llevó a la recesión con -11%. En 2021, recién estamos llegando a la planta baja. Esto indica que este crecimiento está bien, pero hay un largo camino por recorrer. Hay una pequeña luz al final del túnel, sin embargo, el camino es todavía muy largo”, afirmó el economista.


Entonces, “no es un dato genuino, ni es un dato integral. Venimos del sótano de la economía y recién estamos llegando a la planta baja”, advirtió el director de las maestrías de la Universidad de Harvard en la UCB.

Por su parte, Gabriel Espinoza alertó: “Es claro que los datos pueden interpretarse de diferentes maneras, sin embargo, en todos los casos, son los sectores relacionados con factores externos o aquellos en los que el autoempleo y la actividad privada y particular los que han impulsado el crecimiento. Esto es coherente con la ausencia de una política economía definida”.


En este sentido, el economista indicó que “los datos que se han presentado muestran un fuerte impulso de los sectores extractivos, lo que de nuevo se explica por factores de precios externos, que no tienen que ver con ningún plan de reactivación y un leve crecimiento de la construcción, que a pesar de las cifras positivas respecto al 2020, durante 2021 muestran que el sector sigue en números rojos. En los tres casos, es claro que el impulso de las políticas públicas tiene poco o nada que ver con su desempeño, lo que es una seria llamada de atención para las autoridades”.

El factor pandemia

Paradójicamente, según Morales, “la medida más importante de reactivación que adoptó el Gobierno fue levantar todas las medidas restrictivas de la cuarentena, entonces, cuando la gente pudo salir a trabajar, esto tuvo un efecto positivo inmediato en la economía”.

Sin embargo, “esta política está haciendo incurrir al país en riesgos altos para la salud pública; la pandemia está a todo dar, las cifras son sumamente preocupantes y, si no se controla la pandemia, eso también va a perjudicar al desempeño económico”, precisó Morales.

Gonzalo Chávez, por su parte, coincide en señalar que la prevalencia de la pandemia genera un freno en la reactivación económica y no vamos a ver una salida a esta grave situación sanitaria hasta que -al menos- el 70% de la población sea vacunada”.

Para Espinoza “la pandemia ha derivado en una gran oportunidad para reencausar el modelo de crecimiento en gran parte del mundo”. Por eso, la excesiva dependencia de las materias primas y energía no renovable, el descuido de los sistemas alimentarios y las nuevas formas de empleo y relacionamiento laboral se han hecho más que evidentes durante las cuarentenas y, por lo tanto, los recursos para la reactivación de la economía están siendo enfocados a corregir los problemas que derivan de esos factores.

Bolivia no escapa a esa realidad, por lo que “cualquier esquema de desarrollo que se aplique, principalmente desde los gobiernos subnacionales, debería priorizar la sostenibilidad ambiental, el desarrollo de la cadena de alimentos y las nuevas formas de empleo que buscan los trabajadores”, afirmó Espinoza.

Las medidas anticrisis

El Gobierno de Luis Arce asegura que ya se han invertido más de $us 1.300 millones en el primer trimestre, lo que explicaría el incremento en el sector de la construcción.

Sin embargo, los empresarios privados demandan medidas mucho más efectivas para enfrentar el bajón provocado por la pandemia. En particular, los empresarios de la construcción requirieron medidas más contundentes para enfrentar el bajón económico e impulsar las obras de infraestructura que permitan recuperar las fuentes de empleos que se han perdido.

En este sentido, Morales remarcó la importancia de “diferenciar la inversión en las empresas públicas de la inversión en infraestructura física de apoyo a la producción. Si esa inversión de la que habla el Gobierno fuera en infraestructura física que pueda ser capitalizada por la actividad privada y haya un refuerzo en la actividad económica entonces sí sería lo adecuado”, afirmó Morales. Pero, “si la inversión es en las empresas públicas yo tengo mis serias dudas porque no son transparentes ni muestran una salud económica fuerte, en 2018, todas estaban con datos rojos y a pérdida”, alertó el experto.

Entonces, “volver al viejo modelo económico que planteó el MAS sería un grave error. Tienen que darle mucho más espacio a la inversión privada.

Para enfrentar la reactivación, según Espinoza, se requiere un modelo económico más flexible en materia impositiva, laboral y comercial.

Para ello, “un cambio de largo plazo en las normas que regulan los impuestos o el trabajo requiere de un acuerdo social fuerte, por lo que la discusión debe ser profunda y a varios niveles”, señaló el economista.

Por lo tanto, los ajustes temporales, que permiten adaptar al aparato productivo a una normalidad post pandemia, en la que el empleo aún no ha vuelto a los esquemas anteriores y en la que las empresas todavía sienten los problemas financieros derivados de esos momentos, se han constituido en una herramienta muy útil para apuntalar los procesos de recuperación, afirmó Espinoza.

  

Minería e hidrocarburos

Juan Antonio Morales resalta la recuperación notable de la minería. Los precios de los metales comenzaron a subir ya desde el tercer trimestre de 2020 después de una caída muy fuerte cuando comenzó la pandemia en el mes de marzo. Los minerales sufrieron una caía en V (ve corta). Ahora, hubo dos minerales que no cayeron en ningún momento: el oro y la plata. El oro es un activo refugio y la plata también se convirtió en un refugio producto de la crisis.

Morales destaca la recuperación de los hidrocarburos, pese a la reducción que vino sufriendo el sector desde 2015. Este año hay una recuperación del orden del 10% en el primer trimestre, a tiempo de remarcar que puede ser que estemos ante una demanda estacional y habrá que ver cuán sostenible será este proceso positivo y qué pasará a lo largo del año.

En la misma línea, Chávez explica que en minería e hidrocarburos está jugando el efecto precio, ambos sectores vienen de bajones muy importantes en sus precios relativos. Hoy tenemos mejores precios del petróleo, entre 60 y 65 dólares el barril, lo que implica 6 o 7 dólares el millar de BTUs de gas natural. Lo propio ha ocurrido con los minerales que se han recuperado en los mercados internacionales.


Construcción y comercio

Otro sector muy dinámico es la construcción, según Morales. “La construcción, tanto privada como pública, muestra cierto dinamismo pese al contexto adverso.

Chávez coincide al señalar que “la actividad en la construcción está siendo impulsada por el arrastre de la inversión pública. No ha ingresado todavía con suficiente fuerza la inversión del sector privado para la construcción de viviendas y edificios.

Producto del gasto público en bonos sociales, el sector del comercio también está registrando un incremento significativo, explica Chávez. Esto se potencia por la apreciación del tipo de cambio, lo que ha impulsado también las importaciones.

El economista explicó que “hay que esperar los porcentajes consolidados por el INE a fin de año que tengan en cuenta el comportamiento de todos los sectores, no solamente, estos cinco principales (minería, hidrocarburos, construcción, industria manufacturera y comercio) para ver realmente qué está pasando con la economía. Entonces veremos qué pasó con el sector turismo (estaba en -35%) o la construcción que estaba en -35% y ahora subió un 30%”.


El desafío, según Chávez, está en observar la calidad de la recuperación económica. “Hay que ver en qué sectores nos va mejor y en cuáles estamos volviendo al mismo lugar de 10 años atrás, o estamos abriendo senda a un crecimiento de mayor calidad, más diversificado”, señaló.

Menos reservas internacionales

Morales, Chávez y Espinoza alertaron, además, por la baja en las reservas internacionales que genera otro frente de vulnerabilidad en la economía boliviana. En 2021, ascienden a 5.000 millones de dólares, la mitad en oro físico y la otra mitad en dólares, siendo que en 2015 las reservas llegaban a 15.000 millones de dólares.

Los desafíos que se vienen

Espinoza anticipa que, después de una caída tan fuerte como la del 2020 (según las estimaciones del MEFP cerca del 8%), a un ritmo de crecimiento del 4%, a la economía le tomará al menos tres años retornar al nivel previo a la pandemia, lo que significa que las presiones por el alto desempleo, la reducción de los ingresos de los gobiernos subnacionales y las pugnas distributivas podrían incrementarse seriamente.


En este sentido, “las metas que plantea el actual gobierno son insuficientes y peligrosamente conservadoras, pero consecuentes con las limitaciones del modelo de crecimiento que ya habíamos observado desde finales del 2013. Esto se hace evidente para el aparato productivo y por lo tanto la lectura oficial resulta sumamente desconectada de la realidad que percibe gran parte de las familias trabajadoras y el aparato productivo”, indicó el economista.


Según Espinoza tenemos tres desafíos en el cortísimo plazo: financiamiento, preservación del empleo y sostenibilidad de los equilibrios macroeconómicos. Este último está fuertemente relacionado a la acumulación de reservas (que permitan mantener la confianza en la política cambiaria), lo que al mismo tiempo implica un mejor manejo de las cuentas fiscales y fomento a las exportaciones (hoy por hoy la única vía sostenible y de corto plazo para atraer nuevas divisas al país).

Para Espinoza, preservar empleo pasa por proteger a las empresas que aún subsisten en medio de la crisis, aliviando las cargas impositivas y regulatorias (que al margen de la pandemia ya eran sumamente asimétricas) y facilitando la pesaba burocracia que genera el Estado. “En todos los casos, las medidas que se deben tomar implican el reconocimiento de la importancia del sector privado y por lo tanto una coordinación mayor con este”, aseguró.

Finalmente, el financiamiento, pasado y futuro, depende en gran medida de cómo se solucione el problema del largo diferimiento que se ha aplicado en Bolivia. “Lamentablemente las políticas asumidas por la Asamblea Legislativa en el 2020 y el Poder Ejecutivo en el 2021 están debilitando al sistema financiero, y por lo tanto afectado la posibilidad de acceder a recursos nuevos para la trasformación productiva”, indicó Espinoza.


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