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Las maquinarias nuevamente volvieron a encenderse. El murmullo de los trabajadores otra vez volvió a escucharse en el ingreso de las diferentes fabricas asentadas en el Parque Industrial de Santa Cruz de la Sierra. Ya sea a pie, en bicicleta o micros los obreros regresaron a sus fuentes de trabajo luego de casi dos meses de estar parados.

Por la presencia del coronavirus, desde el 22 de marzo Bolivia entró en un confinamiento total, que detuvo el engranaje industrial del país. Salvo algunos sectores, como el de alimentos, todos frenaron su producción.

Pero después de casi dos meses, el Gobierno, con contratiempos y mucha burocracia, según los gremios de empresarios, decidió flexibilizar la cuarentena. Dando paso a un retorno a las actividades.

Esta nueva realidad fue diferente. Nuevas formas de trabajo y horarios más cortos, más controles y sobretodo mucho temor, marcaron la jornada.

“Pero lo bueno es volver”, sostiene Freddy Arandia, un sexagenario operario de una industria aceitera, que llegó en un bus que dispuso su empresa.

Para el hombre de 60 años, de los cuales 25 los dedicó a trabajar en ese lugar, el retorno a la actividad industrial le resulta extraña. El uso del alcohol en gel, los barbijos y la desinfección a través de equipos de sanitización, son protocolos nuevos a los que debe acostumbrarse.

“¡Oiga, hay gente que parece astronauta! Por suerte me falta poco para jubilarme. Pero hay que tener mucho cuidado con ese virus. Uno no sabe dónde se puede contagiar”, señaló.

A unos pasos de Arandia, Zenón Flores, un guardia de seguridad toma apuntes y registra cada camión que entra y sale de la fábrica. De forma rigurosa verifica que cada vehículo o personas que entra y sale sea desinfectado.

El hombre de tez morena, cejas pobladas y porte recio llegó en bicicleta a su fuente de trabajo. Pedaleó 10 kilómetros desde su domicilio ubicado en el barrio La Campana (zona del Plan Tres Mil) hasta el Parque Industrial.

Trajo consigo su mochila en la que cargó un poco de café e insumos de limpieza personal, y un litro de alcohol que usa a cada momento para desinfectarse las manos.

“Tengo un turno de 48 horas. Pero por lo menos ahora hay un poco más de movimiento de gente. Antes, estaba todo silencio, pero las cosas ya no son como antes. Uno tiene miedo de enfermarse”, señaló el hombre.

No todos se transportaron en bicicleta o vehículos. Marco Antonio Salvatierra, llegó a pie hasta una fábrica de gaseosas. No es un trabajador de planta. Se gana la vida cargando productos a los camiones que llegan a comprar las bebidas, que luego son llevadas a otras ciudades.

Salí a las cinco de la mañana. No era el único, varios llegaron así. Yo llegué a las siete de la mañana, pero hay poco movimiento. Todo está muy tranquilo”, señaló.

Con una extensión de 1.000 hectáreas el Parque Industrial de Santa Cruz es uno de los más importantes del país. En sus calles de losetas todos los días transitan más de 7.000 personas que trabajan en las entrañas de 370 industrias, que devoran materias primas que luego transforman en productos.

Recaudos

Este retorno implicó que las industrias tomen sus recaudos. En las diferentes fábricas se observó a personal con trajes de bioseguridad y barbijos.

El ingreso a las instalaciones en las diferentes factorías fue muy controlado. La mayoría implementó cámaras de desinfección. Otras fábricas optaron por usar equipos de sanitización portátil.

Todo el que ingresa y sale se somete a un riguroso control. Las medidas de control van desde la limpieza, desinfección, transporte de personas y mercaderías. Además, varias fabricas habilitaron punto para el lavado de manos.

Como parte de los cambios, el horario de trabajo fijado para las fabricas fue de las 7:00 hasta las 15:00. Además se dispuso que cada empresa tiene que recoger a su personal.

Otros de los protocolos preventivos que adoptaron las empresa es el uso de termómetros digitales, para medir la temperatura corporal de las personas que ingresan a la fabricas.

La empresa  Corimexo, adquirió fumigadoras, barbijos, químicos para las áreas de ingreso y cada tres horas desinfectan todas las instalaciones.

Más allá de la emergencia sanitaria que vive el país, el sector de a poco sale de la terapia intensiva ocasionada por el enemigo invisible. Las máquinas se encendieron con la premisa de no volverse a apagar.