Por Daniela Revollo
Con apenas un carrito ambulante y tres ventas el primer día, “De Corazón” Luis Carlos Bustamante Salvatierra superó desalojos y rechazos para convertirse en un exitoso emprendimiento gastronómico, que hoy opera dos sucursales y llegó a vender hasta 200 kilos de carne por día.
Por momentos, el frío parece instalarse más en el alma que en el cuerpo. La voz de Luis Carlos tiembla al principio, como si el invierno cruceño le recordara las pérdidas, las pausas forzadas y los inicios desde cero. Tiene 28 años y, si bien la cocina siempre fue su pasión, su camino ha estado lejos de ser una receta sencilla.
Nos recibe con una sonrisa un poco nerviosa, pero cuando empieza a hablar de su negocio, “De Corazón Anticuchos”, su postura se afirma y su tono cambia. Da órdenes precisas a su equipo, pero siempre con amabilidad. Sus ojos brillan cuando escucha a un cliente preguntar qué puede recomendarle.
Estudió gastronomía, trabajó en varios restaurantes y aprendió desde adentro el ritmo y el arte del fuego. Pero la muerte de su madre cambió todo. La tristeza se apoderó de él y, durante un tiempo, colgó los cuchillos y apagó los fuegos. Se fue a trabajar con su padre en una empresa de productos dentales, intentando dejar atrás esa cocina que, por mucho que doliera, seguía latiendo dentro de él.
Un día cualquiera, entre brasas y anécdotas con un amigo, preparó unos anticuchos. El sabor fue tan agradable que su amigo, con un entusiasmo que cambiaría el rumbo de todo, le dijo: “Esto está tan bueno que tenés que venderlo”. No solo lo animó, también le prestó el dinero para iniciar el negocio.
“De Corazón Anticuchos” nació un 7 de agosto de 2022. Empezaron con un carrito en la feria Barrio Lindo. Vendieron tres porciones ese día: a su hermana, su cuñado y un curioso que pasaba. Esa misma noche, los comerciantes los echaron. Así empezó una odisea de desalojos: de Barrio Lindo a Guaracachi y luego a la Virgen de Cotoca. Cada intento, una nueva caída.
Pero, un giro inesperado le abrió una puerta. Caminando con su tío por la avenida Alemania, sin un bocado en el estómago y buscando un lugar donde establecerse, encontraron un puesto de horneados. Conversando con la dueña, le contaron su historia y ella —con la generosidad que a veces aparece en los momentos más duros— les ofreció un espacio a cambio de un pequeño pago mensual. Así encontraron su primer punto fijo.
Luis tenía un secreto que reveló en esta entrevista: durante los primeros días, su familia y amigos hacían fila para simular clientela. Un pequeño truco que terminó rindiendo frutos. Las filas ficticias se convirtieron en reales, gracias a ese sabor tan único. El negocio despegó.
Pero justo cuando comenzaban a estabilizarse, llegó el paro cívico. Entre bloqueos y tensiones, se vieron obligados a mover el carrito una vez más. Fue en la casa de Rosa Pérez, su entonces novia (hoy esposa), en la zona de la Roca y Coronado, donde lograron vender en medio del caos. Allí también conquistaron nuevos paladares.
Una pausa obligada
En tiempos de la pandemia, hubo una pausa mundial que obligó a replantearlo todo. Pero Luis logró superar esa prueba.
Decidió establecerse de forma más cómoda y abrió una sucursal en la avenida Alemania, quinto anillo. También inauguró otra en la Radial 19, donde ya llevan dos años de actividad constante. En su mejor momento, llegaron a vender hasta 200 kilos de carne de corazón por día.
El cierre de la primera sucursal fue un golpe brutal. Luis lo describe como “perder un hijo”. No había insumos, ni caros ni baratos. No podía sostener ambas tiendas. Decidió quedarse solo en la Radial 19, entre tercer y cuarto anillo, reajustando todo: desde los costos hasta la logística, pero sin negociar la calidad. Nada se improvisa. Hay una parrilla específica para cada tipo de carne, una cadena de frío rigurosa y una limpieza impecable. “La calidad no es negociable”, repite Luis, casi como un mantra.
Hoy, seis personas trabajan fijas con él. De lunes a jueves ofrecen anticuchos de corazón de res y tripitas a Bs. 12, 24 y 35. Los fines de semana, la estrella son los tacos de anticucho a Bs. 28, una mezcla entre tradición y creatividad.
Luis no olvida cómo empezó: el primer día, los fracasos, las filas fingidas, los cambios de ubicación. Pero, sobre todo, recuerda a quienes nunca lo dejaron solo: su amigo, su familia, y muy especialmente Rosa, su compañera de vida y de lucha, a quien agradece cada paso dado.
Antes de despedirnos, deja un consejo para quienes sueñan con emprender: “Láncense, siempre se puede. No tengan miedo. Si lo piensan mucho, nunca va a llegar el momento correcto.”
Y con eso, volvemos al inicio. A ese joven cruceño de 28 años que, aunque alguna vez sintió que su pasión se apagaba, decidió volver a encender el fuego.
PARA SABER
Recomendaciones. Diferentes expertos en emprendimientos indican que las metas se van cumpliendo en etapas y que las caídas forman parte del aprendizaje.
Alternativas. En el país los emprendimientos ligados a la tecnología, consumo masivo, alimentos y textitles son los de mayor presencia.