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El 23 de julio de 2020, a sus 76 años, el empresario Ronald Larsen falleció, afectado por el coronavirus, que desde el 10 de julio había diezmado su salud. El estadounidense, originario de Montana, que desde 1968  vivía en el país, cobró notoriedad cuando en 2008, el Gobierno del MAS lo acusó de que en su hacienda de Caraparicito había indígenas en condiciones de esclavitud y servidumbre.

Su hijo, Duston Larsen, recordó que su padre llegó al país por la invitación de un amigo que estaba haciendo el servicio para los Cuerpos de Paz estadounidenses en Bolivia y que le dijo que en estas tierras si alguien trabaja sin hacer política puede tener éxito.

Ambos llegaron a Bolivia después de varios meses de viaje. Su amigo regresó a EEUU y Larsen se quedó para probar suerte en este país.

En una entrevista con la BBC, en 2010, Larsen padre sostuvo que adquirió tierras legalmente en Santa Cruz y que la hacienda Caraparicito se convirtió en su hogar. Grandes cantidades de ganado y enormes plantaciones de maíz le dieron al emprendedor la fortuna que buscaba.

Duston Larsen, muy golpeado por la partida de su padre, (que no quiso ser internado y pidió pasar los últimos días de su vida en su hogar), contó que Caraparicito, ubicado en Alto Parapetí de la provincia Cordillera (Santa Cruz), fue todo para su padre que construyó una escuela, una iglesia y un hotel para 40 personas con la idea de fomentar el turismo en esa región cruceña.

Mi padre era un emprendedor, en el lugar no había esclavos. Todo fue una mentira para quitarle Caraparicito, algo que lo afectó mucho y que no pudo superar”, contó su hijo.

La expropiación

Uno de los episodios más mediáticos se dio en 2008 cuando una comitiva del gobierno de Juan Evo Morales intentó ingresar a la hacienda y Larsen respondió a las 'visitas' con disparos, pues luego contó que eran personas extrañas que a las cuatro de la mañana empezaron a gritar y a asustar a los que estaban en la hacienda.

En 2010, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) expropió unas 15.000 hectáreas, que luego entregó a los indígenas guaraníes.

El entonces director nacional del INRA, Juan Carlos Rojas, advirtió que Larsen debía abandonar la propiedad y en caso de no hacerlo el Gobierno iba a usar la fuerza pública para el desalojo.

Larsen dejó Caraparicito y aseguró que no estaba arrepentido de haber llegado a Bolivia. Destacó la valentía de sus hijos y dijo que esperaba que el Gobierno cambie de postura, algo que no sucedió pues años después una empresa petrolera transnacional descubrió que en el lugar había importantes reservas de gas y petróleo y los comenzó a comercializar.

El empresario dijo que lo único que pidió como compensación fue un monto de dinero para editar dos libros sobre su reserva forestal y creía que la reserva hidrocarburífera era el verdadero motivo por el que sus tierras fueron revertidas.