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Si bien las exportaciones de los ‘superalimentos’ son una alternativa al comercio internacional tradicional (minerales y gas natural) que tiene el país, su industrialización todavía es una tarea pendiente.

En este camino, la soya, de acuerdo con la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) es uno de los alimentos al que más valor agregado se le incorporó. En comparación con los países de Mercosur, Bolivia es el que más industrializa la soya para exportar y vende al exterior cantidades mínimas en grano.

Así, el complejo oleaginoso está compuesto por aceites vegetales, harina y torta de soya y alimentos en donde la exportación solo de granos, es de un 22%, mientras el resto está compuesto por productos con un alto valor agregado.

Mejor en grano

La quinua real, que tiene un buen desempeño como producto primario, no corre la misma suerte cuando se la industrializa. Los mercados con buen poder de compra prefieren el alimento sin ningún proceso adicional, un aspecto que traba el despegue masivo de la industrialización de este grano.

Ernesto Peca, subgerente comercial de la Asociación Nacional de Productores de Quinua (Anapqui), detalló que la industrialización del grano se enfoca principalmente en la producción de fideos, harinas, flanes y budines.

Estos productos tienen buena aceptación en el mercado interno y se ven potenciados con el apoyo del Estado porque son incluidos en las bolsas de los subsidios y, antes de la pandemia, también formaban parte de los desayunos escolares.

“Con el mercado interno no hay problemas, es en el exterior donde es difícil colocar nuestros productos con valor agregado y con un mejor precio”, lamentó Peca.

La historia no es muy diferente con la cañahua. Trigidia Jiménez, ingeniera agrónoma, aparte de ser productora, también se dedica a la transformación de estos granos y es la encargada de dirigir la Granja Samiri.

Así, el 65% de la producción se la destina a la planta de transformación donde se elaboran semillas orgánicas, grano lavado, harina cocida y precocida, hojuelas, pito, pipocas, api de cañahua y barras energéticas.

Sin embargo, los volúmenes siguen siendo reducidos como para marcar una diferencia y desplazar a la exportación primaria.

Hugo Aliaga, gerente de la empresa Sobre la Roca, que transforma el amaranto que se produce en Chuquisaca, apuesta por el mercado interno. Su fuerte son los bocaditos de energía, la barra energética de cereales de amaranto con frutos secos y los ‘pops’ de amaranto, así como las galletas con amaranto, chips de chocolate y donas con amaranto.

Debido a la pandemia, el negocio se encuentra parado ya que los desayunos escolares, fueron reemplazados por bolsas de alimentos.

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