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Las perspectivas para Bolivia en 2020 no son del todo alentadoras, según el informe país generado el 9 del presente mes por la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, especializada en el monitoreo y análisis de los factores políticos, económicos y sociales que pueden determinar el futuro en 180 países del mundo.

En lo político, The Economist prevé que un candidato político centrista gane las elecciones presidenciales derrotando al candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) en segunda vuelta, prevista para el 14 de junio (la primera tendrá lugar el 3 de mayo). Cualquiera sea el resultado, insinúa que la inestabilidad política siga siendo alta y que las protestas de los seguidores del expresidente Evo Morales (2006-2019) persistirán en la presente gestión, con un alto riesgo de nuevos disturbios después de las elecciones.

Concibe que el nuevo gobierno mantendrá una posición débil en un congreso fragmentado, ya que el MAS retendrá representación considerable. Esto aumentará el riesgo de estancamiento legislativo y la gobernabilidad será más frágil en el período de pronóstico que abarca de 2020 a 2024.

En la actualidad, Jeanine Áñez, del Movimiento Demócrata Social, gobierna hasta las elecciones. Se convirtió en presidenta interina cuando Morales renunció en noviembre de 2019, después de que el ejército le retiró su apoyo en medio de la presión social resultada de las elecciones presidenciales del 20 de octubre, empañadas por el fraude, según un informe de la Organización de los Estados Americanos.

La relación de incertidumbre política y polarización entre los partidarios y opositores de Morales persistirán en 2020. Se prevé una transición de poder relativamente ordenada, pero existe una gran posibilidad de continua inquietud social. Es probable que esto desestabilice la situación política nuevamente y podría incluso llevar el término del nuevo gobierno a un final prematuro.

Suponiendo que el MAS pierda las elecciones, es probable que las bases radicales pro-Morales y los movimientos sociales impugnen la legitimidad del proceso electoral.

A medio plazo, los desequilibrios económicos serán más pronunciados en medio de la inestabilidad política, lo que aumenta el riesgo de un ajuste económico más desordenado en 2020-2021 de lo previsto actualmente.

La previsión fija que una atmósfera política febril retrasará la implementación de las reformas y ajustes necesarios para abordar los crecientes desequilibrios económicos, lo que aumenta el riesgo de un ajuste más desordenado en el período de pronóstico para el país.

Proyecta un crecimiento más débil del producto interno bruto (PIB), impulsado por la disminución de la producción y las exportaciones de gas natural, y la inestabilidad política, aumentará la posibilidad de un proceso de ajuste problemático. Aguarda que el próximo gobierno retrase la desviación de la vinculación monetaria hasta 2021 para minimizar posibles desencadenantes de disturbios sociales adicionales.

Crecimiento económico

The Economist pronostica que el crecimiento anual real del PIB promediará un 2,6% en 2020-2024, que es menor que en los últimos años, debido a los ingresos de gas natural más débiles y la mayor incertidumbre política, así como algunos ajustes fiscales modestos. El crecimiento dependerá del consumo privado y la demanda regional. Este año se proyecta un crecimiento real del PIB del 2,2%.

En medio del ajuste fiscal, el crecimiento del consumo del gobierno disminuirá a un promedio del 2,3% en 2020-2024, desde un estimado del 5,1% en 2015-2019.

La confianza empresarial sufrirá este año por la inestabilidad e incertidumbre política y la debilidad de la gobernanza, lo que retrasará los proyectos de infraestructura.

El crecimiento bruto de la inversión fija volverá a territorio positivo en 2021, pero promediará solo un 1,8% entre 2021y 2024. El crecimiento en los volúmenes de exportación será débil, debido a la menor demanda de Brasil y Argentina (los principales mercados de Bolivia), lo que hará que las exportaciones netas se mantengan negativas en 2020. El volumen de importaciones disminuirá a partir de la presente gestión, lo que refleja una demanda interna más débil; seguirá siendo bajo de 2021 a 2024, debido a la carga adicional de la devaluación de la moneda.

Política monetaria

El Banco Central de Bolivia continuará aplicando una política monetaria expansiva en el corto plazo, manteniendo bajos requisitos de reserva para apoyar una economía en desaceleración. La previsión sostiene un tibio crecimiento de los depósitos en el presente periodo en medio de la inestabilidad política, endureciendo aún más las condiciones de liquidez.

Por lo tanto, los riesgos del sector bancario de los préstamos no redituables aumentarán, y los operadores reclamarán retrasos en los pagos de los préstamos. La política monetaria se ajustará en 2021-2023 para garantizar que el ajuste de la moneda sea gradual.

Tasas de cambio

La previsión es que el BCB mantenga el tipo de cambio actual (Bs 6,96) hasta la segunda mitad de 2021, una salida más temprana haría subir los precios más rápido y podría socavar el apoyo al gobierno que se elige en mayo del presente periodo. Asume que el BCB supervisará un proceso gradual de depreciación para acercarse al tipo de cambio real efectivo promedio de diez años, hasta alcanzar Bs 7,84 a fines de 2023. Suponemos que la depreciación quedará en suspenso en el período previo a las próximas elecciones, previstas para 2025.

El boliviano ahora es aproximadamente un 22% más fuerte en términos reales efectivos que su promedio entre 2009 y 2018, y es una creciente resistencia a la competitividad. Las previsiones implican que la moneda será más débil que su promedio de 10 años para 2024, pero seguirá siendo mucho más fuerte que su promedio de 20 años. Por lo tanto, los problemas de competitividad persistirán.

Aunque no hay riesgo de una crisis en la balanza de pagos, la falta de ajuste finalmente precipitaría la crisis a medida que las reservas internacionales continúan cayendo. En este escenario el gobierno podría imponer controles de capital, pero el BCB eventualmente sería obligado a emprender una devaluación del boliviano.

Otras miradas

El miércoles, en la aclaración que el ministro de Economía, José Luis Parada, brindó sobre el cambio de perspectiva a Bolivia de B1 a Ba3 generado por la calificadora de riesgos Moody’s, indicó que las reservas internacionales al 31 de diciembre de 2019 alcanzaron las $us 6.467 millones (16% del PIB) por encima del promedio de los ratios RIN/PIB de la región.

Sobre las medidas asumidas por el Gobierno para mantener el nivel de las RIN mencionó la liberación a la exportación de productos agrícolas y fomento de la producción, la cual además de alentar la inversión en el sector agrícola y agroindustrial, contribuye a reducir desequilibrios y frenar el deterioro de las reservas. Como ejemplo, en enero Bolivia registró superávit comercial de $us16 millones.

Con relación al crecimiento económico, Parada afirmó que el Gobierno ha mostrado su voluntad en mantener la inversión estatal, velando por la ejecución de proyectos rentables y eficientes. Respecto al tipo de cambio, aludió que no está en los planes del Gobierno, bajo ningún punto de vista, la devaluación en este momento genera estabilidad y el sistema financiero está con liquidez.

Moody’s reflejó que el riesgo político ha aumentado la incertidumbre y ha afectado negativamente el crecimiento del país, lo que ha exacerbado la tendencia a la disminución de las reservas de reservas fiscales y de divisas.

En febrero, el exministro de Economía y candidato del MAS, Luis Arce, criticó la gestión del actual Gobierno, “han demostrado que no saben administrar el país (…) el contexto económico es crítico, la gente está retirando sus dineros de los bancos, se asoma una dolarización. Están ejecutando una economía neoliberal que destroza los avances obtenidos”, dijo.

Si bien el informe de la unidad de inteligencia de The Economist muestra un crecimiento de entre un 2% y 3% hasta 2024 atribuido a la mayor conflictividad política y social que podría existir en adelante, desde el Centro Boliviano de Economía (Cebec) de Cainco, consideran que las elecciones de mayo brindan una oportunidad importante para bajar la conflictividad y volver a un sistema democrático de pesos y contrapesos, saludable para la economía y el país.

Es influyente en las economías a escala global 

The Economist, es una revista especializada en el monitoreo y análisis de los factores políticos, económicos y sociales que pueden determinar el futuro en 180 países del mundo. Sigue una línea editorial liberal que apoya la libertad económica, el libre comercio, la globalización, la inmigración, y el liberalismo cultural. La publicación es reconocida en el ámbito periodístico por el rigor y la excelencia de sus artículos.

The Economist dedica la mayoría de sus páginas a cubrir la actualidad política, económica e internacional. Las cinco secciones principales son: Countries and Regions (Países y regiones), Business (Negocios), Finance and Economics (Finanzas y Economía), Science and Technology (Ciencia y Tecnología) y Other (Otros), en la que se incluyen reseñas de libros y necrológicas.

La publicación prepara un reportaje en profundidad sobre un tema de actualidad que se publica cada dos semanas, un suplemento de avances tecnológicos (Technology Quarterly) de periodicidad trimestral, y un anuario (The World in…) que se edita al final del año.

La edición en papel se vende en quioscos británicos cada jueves y llega al resto del mundo el día siguiente. The Economist se imprime en siete países, entre ellos EEUU y China, lo que les ha permitido aumentar su circulación hasta los 1,5 millones de ejemplares. En cuanto a su edición web, la visualización gratuita de la edición impresa está limitada a cinco artículos al mes. 



AJUSTES DEL GOBIERNO

Medidas. El Gobierno redujo el déficit a 7, 2% del PIB en 2019 de 8,1% en 2018 producto de un programa de gastos corrientes más eficiente, además del compromiso de reducción gradual del déficit fiscal establecido en el Programa Financiero 2020.

Indicador. Según el Gobierno, la inflación está controlada. A fines de 2019 quedó en 1,5%, por debajo del rango de proyección, a pesar de la incidencia de los conflictos e inestabilidad socio política que tuvieron lugar a finales de esa gestión.

Negocio. La suscripción de la octava adenda al contrato de exportación de gas al Brasil garantiza una fuente de ingresos futuros para el país; y el perfil favorable de deuda que incluye necesidades modestas de servicio de deuda a corto plazo y un riesgo limitado en la deuda externa.

Comercio. En enero del presente periodo Bolivia registró un superávit comercial de $us16 millones.


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