A los ingenieros les gusta resolver problemas. A Juan Pablo Calderón Claure le obsesionan. Durante años recorrió el mundo analizando megaproyectos energéticos para la petrolera española Repsol. Vivió en distintos países, participó en evaluaciones de inversiones multimillonarias en gas natural licuado, desarrollo energético y adquisiciones corporativas. Pero fue lejos de Bolivia donde llegó a una conclusión incómoda: el país que había dejado atrás tenía algunas de las mejores condiciones del planeta para desarrollar energías renovables y, paradójicamente, parecía no estar mirando en esa dirección.
Por eso regresó.
Hoy, desde Santa Cruz, lidera una iniciativa que busca instalar en Oruro uno de los proyectos energéticos más ambiciosos concebidos en Bolivia en las últimas décadas: un complejo de generación renovable e hidrógeno verde capaz de producir energía, insumos industriales y exportaciones en una escala inédita para el país.
La apuesta surge en un momento particularmente delicado. Diversos estudios y especialistas coinciden en que la producción de gas natural atraviesa una fase de declinación estructural. Las proyecciones más conservadoras estiman que el equilibrio entre oferta y demanda podría romperse entre 2028 y 2029. Más allá de la discusión política, el problema tiene implicaciones profundas: Bolivia depende del gas para generar electricidad, abastecer industrias, producir combustibles y sostener buena parte de su matriz energética.
“Me gustó la palabra que utilizaste: salto cuántico. Porque eso es exactamente lo que necesitamos. Somos un país fuertemente dependiente del gas y, además, dependiente de energía subvencionada”, afirma Calderón.
¿Por qué el hidrógeno verde puede convertirse en una alternativa para Bolivia?
Porque puede ayudarnos a resolver simultáneamente los dos grandes problemas energéticos que tiene el país: la generación de electricidad y el consumo de combustibles. El hidrógeno puede sustituir parcialmente combustibles fósiles y al mismo tiempo formar parte de una estructura capaz de generar energía renovable a gran escala.
Bolivia consume electrones y moléculas. Los electrones son la electricidad; las moléculas son el gas natural, la gasolina y el diésel. Nosotros consumimos principalmente moléculas. Por eso una planta solar o eólica resuelve solo una parte del problema.
Cuando hablamos de energía normalmente pensamos en electricidad, pero un país consume dos cosas: electrones y moléculas. Los electrones son la electricidad que utilizamos en nuestras casas, industrias y comercios. Las moléculas son el gas natural, la gasolina, el diésel y todos los combustibles que utilizamos para transportarnos o producir.
La discusión pública suele concentrarse en la electricidad. Sin embargo, el verdadero desafío está en las moléculas. Por eso una planta solar o eólica, por sí sola, no resuelve el problema energético boliviano
El hidrógeno permite atacar ambos frentes. Puede mezclarse con gas natural y utilizarse para producir fertilizantes, amoníaco, ácidos industriales y otros derivados. Por eso creemos que puede convertirse en una alternativa importante para Bolivia.
¿Usted sostiene que el problema energético boliviano es más profundo de lo que parece. Por qué?
Porque además de un problema de oferta tenemos un problema de eficiencia. Consumimos mucha energía en actividades que generan poco valor agregado. Una parte importante del consumo está vinculada al transporte y a una estructura industrial pequeña. El desafío no es solamente reemplazar el gas; es utilizar mejor la energía.
Si analizas la matriz energética encuentras que una parte importante del consumo está vinculada al transporte. Tenemos vehículos muy antiguos, sistemas poco eficientes y un consumo elevado de combustibles importados. En algunos casos consumimos más energía moviendo vehículos dentro de las ciudades que generando actividades capaces de producir divisas.
¿Por qué decidió apostar por Oruro?
Porque encontramos unacombinación difícil de igualar. Tenemos una de las mejores radiaciones solares recuperables del planeta, clima frío favorable para procesos industriales, actividad minera, disponibilidad de agua y diferencias de altura que permiten soluciones eficientes de almacenamiento energético.
Cuando juntas radiación solar, clima frío, minería, disponibilidad de agua y diferencias de altura encuentras una combinación extraordinaria. Son condiciones difíciles de replicar incluso en proyectos internacionales que hemos analizado.
¿Qué tienen esas diferencias de altura que resultan tan importantes para el proyecto?
Nos permiten almacenar energía mediante bombeo reversible. Durante el día se bombea agua utilizando energía solar y posteriormente se recupera electricidad cuando esa agua desciende. Es una alternativa muy competitiva frente a otros sistemas de almacenamiento.
Más allá de la energía, usted habla constantemente de industria. ¿Dónde está el negocio?
Ahí está el corazón del proyecto. El hidrógeno no es solamente energía. Es una plataforma industrial. Puedes producir fertilizantes, amoníaco, ácidos industriales e insumos para minería.
Bolivia importa prácticamente todos los ácidos que consume. Si queremos desarrollar minería o litio a gran escala tendremos que multiplicar varias veces esa capacidad. Ahí aparece una oportunidad enorme de industrialización.
Precisamente ahí está el corazón del proyecto. El hidrógeno no es solamente una fuente energética. Es una plataforma industrial.
Bolivia importa prácticamente todos los ácidos que consume. Si queremos desarrollar minería o litio a gran escala tendremos que multiplicar varias veces esa capacidad. Ahí aparece una oportunidad enorme de industrialización.
¿De cuánto dinero estamos hablando?
Los estudios revisados por el Centro de Estudios Económicos y Desarrollo de Cainco muestran resultados muy interesantes. Dependiendo del escenario, el ecosistema asociado al hidrógeno puede generar entre 800 y 1.500 millones de dólares anuales.
Si incorporamos producción de ácidos industriales, minería verde y otras actividades asociadas, el impacto podría acercarse a los 2.000 millones de dólares por año.
¿Por qué esa cifra es importante para Bolivia?
Porque estamos hablando de construir una nueva fuente de divisas en un momento en que el gas ya no tiene el peso económico que tuvo durante la década pasada.
Bolivia llegó a recibir alrededor de 4.000 millones de dólares anuales por exportaciones de gas. Ningún sector nuevo reemplazará eso de inmediato, pero sí puede comenzar a construir una alternativa relevante.
Hoy la electricidad en Bolivia refleja una estructura basada en gas subvencionado. Cuando ese gas deje de estar disponible, los costos necesariamente van a subir. Lo que buscamos es construir una alternativa que permita mantener competitividad y evitar un salto brusco en los costos energéticos.
Lo importante es entender que esto no termina en el hidrógeno. Hay todo un ecosistema industrial alrededor: electricidad, fertilizantes, amoníaco, ácidos industriales, minería y nuevas actividades exportadora
Usted menciona constantemente el caso de Chile. ¿Qué hicieron ellos que Bolivia todavía no hizo?
Tuvieron una visión estratégica. Estudios como los realizados por McKinsey & Company identificaron el potencial del hidrógeno verde gracias a la radiación del desierto de Atacama y al recurso eólico del extremo sur.
Ese estudio identificó el enorme potencial que tiene Chile gracias a la radiación solar del desierto de Atacama y a los recursos eólicos del extremo sur.
Lo más importante es que lograron construir una política relativamente estable alrededor de esa visión. Independientemente de los gobiernos, siguieron avanzando.
Las proyecciones llegaron incluso a plantear que el hidrógeno podría alcanzar una relevancia económica comparable a la minería. Estamos hablando de uno de los pilares históricos de la economía chilena.
Cuando observas eso entiendes que no estamos hablando de una tecnología marginal. Estamos hablando de una industria capaz de transformar economías completas. Por eso Chile decidió convertirla en una política de largo plazo, con estabilidad e inversión.
¿Puede Bolivia hacer algo parecido?
Yo creo que sí. Tenemos recursos extraordinarios y algunas ventajas incluso superiores. El desafío está en transformar esas ventajas en proyectos concretos.
Ahí es donde normalmente nos quedamos a medio camino. Tenemos recursos naturales excepcionales, pero muchas veces no logramos convertirlos en proyectos productivos de gran escala.
Usted suele decir que esta propuesta rompe con la lógica tradicional del extractivismo. ¿Por qué?
Porque no se trata de extraer y vender. Se trata de producir.
Necesitas infraestructura, conocimiento, universidades, técnicos, operadores, investigación y nuevas cadenas industriales. El valor no está solamente en el recurso natural. Está en todo lo que construyes alrededor de él.
¿Existe respaldo social para una iniciativa de esta magnitud?
Sí. El primer respaldo llegó de la propia gente. En Oruro encontramos universidades, técnicos e instituciones muy interesados en impulsar algo distinto.
También existe una necesidad evidente de equilibrar el desarrollo regional. Mientras Santa Cruz concentra cada vez más actividad económica, departamentos como Oruro y Potosí necesitan nuevas fuentes de inversión y empleo.
No estamos hablando únicamente de energía. Estamos hablando de llevar actividad económica a regiones que durante décadas quedaron fuera de los grandes ciclos de inversión. Eso tiene implicaciones económicas, sociales y demográficas..
Finalmente, ¿todavía estamos a tiempo
Sí, pero el reloj está corriendo.
Una planta solar de gran escala puede construirse en dos o tres años. La infraestructura de almacenamiento requiere aproximadamente cinco años. Todo el proyecto podría estar funcionando en cinco o seis años.
El problema no es tecnológico. La tecnología existe. El conocimiento existe. El potencial existe
La verdadera pregunta es cuándo empezamos.