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Es media mañana en la capital cruceña. La cuarentena sigue en pie, así lo determinaron las autoridades para frenar la expansión del coronavirus. Sin embargo, hay tráfico vehicular y movimiento. Nadie recorre las calles aledañas a la plaza 24 de Septiembre sin barbijo, esa es la principal diferencia con respecto a 'los días normales', cuando no había brotado el virus. Incluso hay comercios que están abiertos que muestran que la economía se reactiva.

Cambistas ofrecen dólares y bolivianos en la intersección de las calles Libertad y Junín, frente a la plaza principal. Cerca de ahí las casas de cambio están atendiendo y hay heladerías que tienen tortas en exposición para 'seducir' a quienes transitan por ahí. Mientras las tiendas de zapatos y ropa tienen puesto el letrero de 'Abierto'. Cerca de los bancos, hay ambulantes que por la 'temporada' ofrecen dispensadores de alcohol, gafas y barbijos con precios que oscilan entre los Bs 3 y 10.

También hay ópticas atendiendo, tiendas de reparación de celulares y espacios de venta de abarrotes. En las calles aledañas a la plaza 24 de Septiembre no hay espacio para estacionar y en la misma plaza hay gente ocupando los asientos. Evitan ser abordados, ya que conocen de las restricciones.

Hay gente que también sale de su confinamiento. "Ya no se puede estar dos meses encerrado, los que vivimos por el centro nos sentamos un rato aquí en la plaza", comenta un vecino de 60 años, mientras fuma un cigarro en una sombra frente a la Casa de la Cultura y espera a su esposa que está cobrando un cheque en una entidad financiera cerca.

Los negocios abren con 'timidez'. Hay miedo y éste se presenta en diferentes matices. Miedo por el ascenso de los contagios (en las últimas horas se registraron 88 nuevos casos positivos por coronavirus en el departamento, 73 de ellos en la ciudad, según el reporte de la Gobernación). Temor porque saben que hay restricciones y no todos siguen las reglas. También hay temor porque tal vez hoy no se venda nada. Y temor al 'ataque' de la gente y los comentarios que pueden afectar al negocio.

"La gente no sabe que uno abre sus tiendas por hambre. Nosotros también quisiéramos estar en nuestras casas con nuestra familia, pero es la necesidad la que nos hace salir. Solo quien conoce nuestra situación nos entiende", señala una vendedora de una tienda de carteras y accesorios. Otros comerciantes dicen que solo "están atendiendo pedidos a domicilio", con las persianas metálicas a medio abrir.

Maribel Trujillo, operaria de Vega Solví, es una de las trabajadoras que a diario hace limpieza en las mañanas en la zona del Casco Viejo. Con un turno de 7:00 a 14:00 da fe del mayor movimiento que se vive en las calles, ahora hay más trabajo, porque "al haber más gente, más se ensucia", señala.

Según una estimación de la Asociación de Propietarios del Centro de la ciudad de Santa Cruz (APC) hay alrededor de 4.000 negocios en la zona céntrica (sin contar los mercados). No obstante, estudios jurídicos y oficinas públicas todavía no volvieron a la actividad (de momento).

En el mercado Los Pozos, los 'cachivacheros' ofrecen celulares y ropa de medio uso y vendedores de a pie que se mezclan con algunos transeúntes, prima la venta de barbijos y otros insumos de bioseguridad, así como otros ambulantes que ofertan accesorios de teléfonos móviles o ropa interior. 

En las entidades financieras, supermercados, farmacias y tiendas de abarrotes hay movimiento normal hasta las 14:00 y en horas de la tarde ya el movimiento disminuye. Caída la noche, las calles vuelven a estar desiertas y el silencio solo se ve interrumpido por sirenas de ambulancias y recorridos que hacen las fuerzas de seguridad.

De esta manera, poco a poco se reactiva lo que hace poco más de dos meses era uno de los núcleos de mayor movimiento comercial y de personas en la capital cruceña, pese a que el temor persiste, "el fin justifica los medios", concluye un policía que trabaja en una entidad y es testigo de esta reactivación silenciosa de la economía.