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A casi dos años de la pandemia un taller donde se confeccionaban pantalones y generaba empleo a diez familias sigue cerrado y no hay vísperas de que abra nuevamente. Así también un ingeniero comercial que quebró en su emprendimiento, no encuentra trabajo y se las da de taxista para poder mantener a su familia. A casi dos años de la pandemia, los pequeños productores siguen buscando mejores condiciones para trabajar. Y mientras el Gobierno asegura que el país se recupera, lanza cifras rimbombantes, pero esos números no coinciden con la realidad de personas que, en sus bolsillos, no sienten los efectos de la recuperación económica.

Cierre

Antes de la crisis que generó la pandemia en la economía global, Susana Rivero Santo, una mujer de 28 años, era una pequeña empresaria que prosperaba. Su taller ubicado en la zona de Los Lotes, en Santa Cruz de la Sierra, daba empleo a una decena de familias.

Experta en la confección de pantalones de vestir, por ocho años disfrutó del éxito del trabajo duro. Los pedidos iban y venían, todos buscaban sus sobrios diseños. Era feliz, eran días de vacas gordas en el negocio. Pero todo cambió con la pandemia.

En 2020, todas las actividades se paralizaron para evitar la propagación del coronavirus. La medida dejó grave secuelas, según la Confederación Nacional de Micro y Pequeñas Empresas (Conamype) en el periodo de emergencia sanitaria unas 100.000 unidades de negocios cerraron.

“No he podido reabrir mi negocio. No tenemos mercados. No nos llega la ayuda que dice el Gobierno, y el contrabando sigue haciendo de las suyas. Siguen los problemas políticos, nuestro sector no se ha reactivado al 100%”, señala con preocupación la mujer.

Félix Huaycho, presidente de la Federación de la Micro y Pequeña Empresa (Fedemype) de Santa Cruz, sostuvo que la recuperación en su sector es lenta y que los programas de crédito creados por el Gobierno para las actividades productivas no han llegado a todas las unidades de negocio.

De forma concreta, asegura que solo un 15% de las microempresas en todo el país han recibido algún tipo de ayuda o financiamiento de parte del Estado. Y no es que estos programas sean malos, sino que las condiciones para acceder a ellos son difíciles de cumplir para las unidades productivas.

El dirigente explicó que los asesores del Gobierno no conocen la realidad de los microempresarios y han diseñado programas para empresas que se rigen en el régimen general de comercio. Ante esta situación, el sector planteó crear un régimen especial y apoyar a la formalización de las unidades productivas.

Solo en Santa Cruz, de los más de 4.000 afiliados que tiene Fedemype, solo la mitad ha vuelto a operar después de la emergencia sanitaria. La mayoría no volvió porque se quedó sin capital y subsisten vendiendo lo mínimo.

Todos despidieron a sus trabajadores porque no tenían recursos para pagarles. Justamente eso pasó con Rivero, que actualmente solo trabaja con su esposo, y ellos mismos se encargan de vender la ropa que confeccionan.

“Antes venían a buscar la ropa, ahora nosotros tenemos que ir de feria en feria y de pueblo en pueblo para vender”, aseguró.

La emprendedora observa que la situación política no ha hecho más que frenar la anhelada reactivación económica.

“Estamos tratando de volver, pero todo es lento. La gente no consume por la tensión, la gente hace pedidos pequeños, una docena y una cuarta”, señaló.

El desempleo es otro de los problemas que sigue teniendo el país. Jorge Hurtado, un ingeniero comercial con 10 años de experiencia trabajando en el sistema financiero. En 2019 abrió una empresa que surtía a los restaurantes de verduras e insumos para la elaboración de comidas.

La pandemia quebró su negocio. Decidió buscar trabajo en el sector financiero, pero los espacios laborales se cerraron.

Por un tiempo trabajó como taxista. Ahora con sus pocos ahorros se dedica al comercio minorista. También tiene previsto incursionar en la cría de patos.

No renuncia a la idea de conseguir un trabajo formal, pero eso parece una quimera. Los efectos de la pandemia perduran en la economía boliviana.

“Las cosas no son como antes. El mercado laboral se está achicando para los profesionales y los sueldos ahora son bajos”, dijo.

Isidoro Barrientos, presidente de la Cámara Agropecuaria de Pequeños Productores del Oriente (Cappo), afirmó que la tensión política impide que el país acelere la recuperación.

El hombre del campo explicó que el sector tuvo un año regular, que se complicó por el mal tiempo. Las heladas y la sequía causaron pérdidas a muchos agricultores.

“Todo va lento, hay que ajustar las cuerdas. El Estado debe sentarse con el sector empresarial, debe haber una alianza entre todos para enfrentar los problemas de la pandemia. Solos nos va a costar”, dijo.

En base a datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) desde la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) explicaron que los sectores más afectados fueron la minería (-28,5% de caída), transportes (-25,5%), restaurantes y hoteles (-19,4%) y construcción (19%).

“Ninguno de los sectores se había recuperado hasta julio de este año (en términos acumulados), sino que permanecía por debajo de similar periodo de 2019: minería un 6% por debajo, transporte un 16% y construcción el 8%, según se deduce del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE)”, detallaron desde Cainco.

De acuerdo con la entidad empresarial -a raíz del coronavirus- se perdieron temporalmente en torno a 800.000 puestos de trabajo en el área urbana.

La mayor parte de esos empleos, según la organización, se ha recuperado, aunque el número de desocupados al tercer trimestre (184.000 personas) sigue siendo mayor a la de similar periodo de 2019 (106.000).

“Conviene señalar que la recuperación ha sido cuantitativa porque más de 100.000 puestos se han perdido en las empresas y se transformaron en autoempleo”, explicaron desde la Cainco.

Rolando Kempff, presidente de la Cámara Nacional de Industria (CNI), afirmó que durante 2020 el Producto Interno Bruto (PIB) cayó a un 13% y para esta gestión la recuperación del PIB será solo de un 4 %.

“Esto significa un rebote de la economía. Como empresario buscamos la seguridad jurídica, y que se reactive la recuperación”, señaló.

Desde el sector empresarial, según Kempff, se desea que la recuperación económica “sea más palpable” y “podamos seguir invirtiendo”.

“El país necesita una inyección de liquidez, que no ha llegado”, dijo.

Desde la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) indicaron que el retorno a la normalidad y la apertura de la economía mantuvo la estabilidad financiera. Esto permitió una importante recuperación del empleo, pero todavía subsisten problemas de precariedad, subempleo y desocupación en algunos sectores.

“En el sector privado formal se hizo un gran esfuerzo para mantener las planillas aún en la cuarentena y aunque hubo despidos y cierre de empresas, se continúa luchando conjuntamente para recuperar el empleo perdido”, dijo la institución.

Ante las críticas a la gestión gubernamental, mediante un comunicado de prensa, el Ministerio de Economía y Finanzas, señaló que el nivel de las Reservas Internacionales Netas (RIN), el superávit en su cuenta corriente, el crecimiento económico del PIB al 9,4% al segundo trimestre y el superávit comercial registrado al mes de agosto con $us 1.360 millones contribuyen a mitigar los riesgos de la economía.


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