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Por Ximena Gutiérrez

El flagelo del contrabando a sectores productivos de alimentos podría poner en riesgo la soberanía alimentaria del país. Solo en los Valles cruceños donde se produce la mayor cantidad de hortalizas, cerca de mil agricultores abandonaron esta actividad en el último año, debido a que sus productos eran vendidos a un precio mucho más bajo del costo de producción que ellos tienen.

Juanito Delgadillo, presidente de la Asociación de productores 21 de Abril de la provincia Florida, indicó que las hectáreas de cultivo en esta zona se redujeron de 24.000 a 20.000 y con altas probabilidades de continuar este descenso si no se pone un alto al contrabando de alimentos.

“Desde el año pasado los productores vienen abandonando la actividad, actualmente alrededor de 14.000 personas se dedican a la producción. Las empresas están ofreciendo su semilla y nadie quiere comprar para producir. Aquí cuesta producir y si bien antes había temporadas bajas luego se mejoraba, pero con el contrabando el año redondo los productos son baratos”, dijo Delgadillo.

Por su parte el gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, indicó que los efectos del contrabando en el país podrían impactar severamente en la producción de alimentos y Bolivia podría pasar de ser productor a ser solo importador en cuestión de un par de años.

“En el último tiempo, lo que hemos visto es una crecida de ingreso de hortalizas, de granos y también de productos agroindustriales de tal suerte que el contrabando puede ocasionar que el día de mañana esta ruidosa competencia de términos de precio, lleve en poco tiempo a que los productores puedan dedicarse  a otras actividades, porque las economías individuales de los agricultores son muy frágiles, y nuestros sectores de producción básica puedan languidecer”, manifestó el funcionario.

Durante 2020, en Bolivia se cultivaron 3,9 millones de hectáreas, llegando a un poco más de 20 millones de toneladas de productos alimenticios, atribuible sobretodo a la expansión en el oriente boliviano que produce más del 70% de los alimentos que se consumen en el país.

El año pasado se importó alimentos por un valor de casi $us 4,8 millones por cerca de 30.000 toneladas de papa, lentejas, cebollas, ajo, arvejas, yuca, brócoli, zanahoria, tomate como los principales. Mientras que la importación de granos fue de $us 46,6 millones por 195.000 toneladas principalmente de trigo, maíz, arroz, sorgo, amaranto y cebada.

En total, en la anterior gestión se gastaron $us 51 millones importando legalmente hortalizas y granos.

De acuerdo a datos de la balanza comercial de importación de alimentos registradas por el IBCE con datos del INE, se evidencia que en los últimos cinco años la importación de alimentos en volumen fue de 951,789,647 para el 2017; 712,676,825 en el 2028; 717,300,875 en el 2019;  905,300,869 en el 2020 y hasta abril del 2021  fue de 235,764,080.

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