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El inicio de los ensayos en campo de semillas de  organismos genéticamente modificados (OGM), conocidos como transgénicos para dar vía libre a nuevas variedades de caña de azúcar, trigo, algodón, soya y maíz ha despertado el debate entre quienes están a favor y en contra de la biotecnología.

EL DEBER consultó al vicepresidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Óscar Mario Justiniano, la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), el Movimiento Agroecológico Boliviano y el representante de la ONG Productividad Biósfera Medio Ambiente (Probioma), Miguel Ángel Crespo.

Los 10 argumentos a favor:

1.- Más productividad. Se produce más cantidad de alimento por hectárea. Dentro de las bondades de estas nuevas variedades está, sin duda, el aumento de los rendimientos, duplicando o triplicando las exportaciones dependiendo del cultivo que se hable. Para el cultivo de soya, al tener las nuevas semillas disponibles, se aumentaría el rendimiento de 1,9 a 2,9 toneladas por hectárea, llegando a producir 1,4 millones de toneladas por año adicionales de soya. En los países que cultivaron maíz OGM se registraron aumentos en la producción entre 5 a 15 y 25%.

2.- Empleos. Se crearán más de 300.000 empleos directos e indirectos. El aporte del sector agropecuario al Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia alcanza un 5,3% en momentos en que la participación de los hidrocarburos cayó a un -10,3%. 

3.- Alimentos. Cuando se produce alimento, la cantidad de gente involucrada es mucha, el agricultor, empresas de servicios, transportistas, las pensiones que dan alimento... etc. Es por ello, que al producir mayor cantidad, de beneficiará a cada integrante de la cadena productiva. El sector agropecuario genera al momento 1,8 millones de empleos directos.

4.- Diversificación económica. El país saldrá de la crisis económica que se avecina “en el mundo” solamente si genera empleos e ingresos por exportación. El sector plantea ser el motor de crecimiento de Bolivia con ingresos superiores a los actuales por venta de gas natural. En 2019, las exportaciones superaron los $us 700 millones.

5.- Menos insecticidas y pesticidas. Se deja de importar más de 2.000 toneladas de insecticidas y pesticidas, porque las semillas ya son resistentes. Por ejemplo, al gusano del maíz. También se probarán semillas resistentes a la sequía para evitar las pérdidas económicas que reporta la falta de lluvias, en momentos en que se pronostican menos precipitaciones debido al cambio climático. Ahorro. Se estima un ahorro de más de $us 100 millones por importación de pesticidas. En las aplicaciones de agroquímicos en soya, también tendremos una gran disminución, tomando en cuenta que existen eventos donde ya no se fumigará (para que se entienda) contra gusanos o ciertas enfermedades, disminuyendo 9,8 millones de aplicaciones al año.

6.- Más semillas. La práctica de cultivar especies más eficientes y, por tanto, la reducción de la biodiversidad, no es algo nuevo. Esta situación no ha sido creada por la biotecnología. Con los transgénicos lo que se cambió es el método de obtención de esa planta que ahora es en laboratorio, de forma controlada. La biotecnología ha potenciado bancos de germoplasma, conservan ejemplares de todas las variedades conocidas que antes desaparecían por evolución natural.

7.- Medioambiente. Menos emisión de dióxido de carbono (CO2) al usar unas 10 aplicaciones menos de pesticidas. Menor contaminación. Menos daños al suelo y menor uso de agua porque se dejarán de aplicar 2.000 toneladas de pesticidas. China, Brasil y Argentina invierten grandes sumas en el desarrollo de biotecnología, y cada vez más empresas se incorporan a este negocio. En la Unión Europea se registran 143 variedades diferentes de maíz transgénico comercializadas por la casi totalidad de las empresas que venden el producto. Si la tecnología es útil, el menor problema es el número de empresas que lucren con ella. Hasta la fecha nadie fue sancionado por el Tribunal de la Competencia de la Unión Europea en el ámbito de la biotecnología.

8.- Frontera agrícola. Si no ingresaran estas nuevas variedades, se debería desmontar y habilitar más de 700.000 hectáreas de nuevas tierras para llegar a tener ese tonelaje (1,4 millones al año). Hoy en día, sin tocar, sin quemar, sin destruir un árbol, alcanzaremos los niveles productivos de Sudamérica.

9.- Cuidado de la tierra. Se sustituye el arado por la siembra directa, que no precisa chaqueos. Los productores aprovechan los rastrojos que dejan nutrientes en los suelos para la rotación de cultivos, lo que genera un menor daño al medioambiente.

10.- Los pequeños productores tendrán más seguras sus cosechas porque tendrán semillas resistentes a sequías, gusanos, orugas, etc. Los agricultores obtienen un beneficio directo (12% al 21% como media) de los cultivos transgénicos producidos, gracias al aumento de la producción y al menor uso de fitosanitarios. Los consumidores también consiguen una ventaja económica porque los precios son más bajos.

Los 10 argumentos en contra:

1.- Constitución Política del Estado. Transgrede la Constitución Política del Estado, que en su artículo 255 señala textualmente “Seguridad y soberanía alimentaria para toda la población; prohibición de importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados y elementos tóxicos que dañen la salud y el medioambiente”. Transgrede las leyes nacionales y acuerdos internacionales como la Ley 300 de la Madre Tierra, Ley 144 de Revolución Productiva, Ley 071 Derechos de la Madre Tierra, Ley 3525 de Fomento a la Producción Ecológica, el Protocolo de Bioseguridad de Cartagena del Convenio sobre Diversidad Biológica que Bolivia suscribió el año 2000 y ratificó mediante Ley Nº 2274, 22 de noviembre de 2001, entre otros.

2.- Seguridad alimentaria. Pone en riesgo la ya deteriorada soberanía y seguridad alimentaria. Ya que somos importadores de alimentos debido a que se ha desplazado la producción de cereales (trigo), hortalizas, frutas, tubérculos, energizantes , fibras, derivados de la miel, derivados de frutas nativas que existen en la Amazonia y Chiquitania. Para precisar, la producción de cereales ha disminuido del 51% al 37% , tubérculos y raíces del 17% al 6%, frutales del 7% al 4%, hortalizas del 6% al 4% , forrajes del 8% al 4%, mientras los cultivos de oleaginosas se han incrementado del 12% al 45% ( INE 2019). Por esta razón, nuestro país es importador de alimentos (trigo, tubérculos, hortalizas, frutas, etc., por un valor anual de Sus 666 millones en el 2019 – INE , 2019)

3.- Patrimonio genético. Bolivia es centro de origen secundario de 77 razas de maíz que son parte del patrimonio genético y cultural porque forma parte de la alimentación humana de nuestras culturas desde hace 7.000 años (ver anexo de la Sociedad de Arqueología de La Paz). ¿Se imaginan lo que podría pasar con el ingreso del maíz transgénico que contaminará todas las razas, afectando la seguridad y soberanía alimentaria de nuestros pueblos que tienen al maíz como uno de los alimentos más importantes en su dieta diaria?.

4.- Agroquímicos. Provocará un aumento exponencial del uso de agroquímicos debido a que los transgénicos están ligados al uso de éstos. Existen evidencias científicas de que el uso de agroquímicos, afecta negativamente al medioambiente (suelo, agua y aire), la salud humana (afecta al sistema inmunológico) y la biodiversidad. En el caso del glifosato y el glufosinato de amonio que están asociados a la soya HB4, éstos tienen efecto de inmunosupresores, debilitando el sistema inmunológico de los seres humanos. Según el INE, la importación de agroquímicos, especialmente relacionados con la producción de soya transgénica que es la que se siembra en un gran porcentaje, se ha incrementado en los últimos 10 años en 150%; es decir, de usar 17,4 kg/ ha a 43 kg/ ha. (INE 2019)-

5.-Diversidad genética. Será una puerta abierta para el ingreso de otros eventos transgénicos de otras especies, que pondrán en eminente riesgo la diversidad genética de nuestras semillas nativas, criollas, semillas campesinas y semillas de la vida. La misma, inducirá a la pérdida de la diversidad genética, que nuestros pueblos están recuperando para la soberanía y seguridad alimentaria. Bolivia es un país megadiverso, centro de origen de muchas especies cultivables nativas, donde existe una inmensa diversidad de cultivos según sus ecosistemas y ecorregiones.

6.-Apuesta la soya orgánica. Bolivia produce el 1,5% de la soya del Mercosur y el 1% de la soya mundial. Somos parte de los 19 países que siembran el 8,7% de cultivos transgénicos, el 91,3% es sembrado solo por cinco países: Canadá, EEUU, Brasil, Argentina e India y en total son 24 países en el mundo que siembran transgénicos y ese número va disminuyendo año que pasa. Es decir, que nuestra producción es marginal en el mercado global y aun si dobláramos la producción a costa de ampliar la frontera agrícola, seguiríamos siendo marginales. ¿Si es así, porque producir más de lo mismo? ¿Por qué no competir en el mercado global con soya cualitativamente diferente? Por ejemplo, ¿con soya orgánica? Nuestra producción va fundamentalmente al mercado de la Comunidad Andina de Naciones en la que los compradores son Perú, Ecuador, y Colombia, los tres primeros no admiten en su Constitución el uso de transgénicos. ¿Se imagina qué pasara si comenzamos a producir soya tolerante a dos herbicidas? Japón devolvió a EEUU, trigo contaminado con transgénicos porque cuidan la salud de sus consumidores. ¿Ese trigo queremos producir en Bolivia y para consumo humano? 

7.- Contradicción. Va en contrasentido de la tendencia mundial de disminuir el uso semillas transgénicas por el riesgo que suponen para la salud humana, medioambiente y biodiversidad.

8.-Dependencia. Profundiza la dependencia de los productores a empresas transnacionales, perdiendo soberanía, autonomía y erosionando las prácticas ancestrales, destruyendo la agrobiodiversidad y el patrimonio natural y cultural de Bolivia, que son la base fundamental para un verdadero desarrollo sostenible. 

9.- Intereses corporativos. Viola el Estado de derecho y no vela por los intereses nacionales, subordinándose totalmente a intereses corporativos, cuando existen alternativas sustentables para el desarrollo agropecuario en Bolivia.

10.- Costos. Incrementará los costos a los productores porque se tiene pagar por su uso a los dueños de la tecnología de transgénicos, a través de patentes. También se incrementará el costo en el manejo porque en estos cultivos debe haber mínimamente un 20% del área cultivada con refugios con cultivos no transgénicos. Y aun así no se incrementarán los rendimientos porque los transgénicos están diseñados para tolerar herbicidas, o generar su propio insecticida que no afecta a todos los insectos plagas, o tolerará sequías leves. Los transgénicos no están diseñados para incrementar rendimientos, el ejemplo es la soya transgénica en Bolivia que en 13 años mantiene los mismos rendimientos que la soya no convencional.
El rendimiento se da por cuatro factores: buena semilla, suelos aptos, manejo del cultivo y el clima. Si estos cuatro factores no están en correspondencia, ninguna semilla podrá hacer el milagro de incrementar la productividad y como consecuencia, se tiene la ampliación de la frontera agrícola en zonas que no son aptas para la agricultura en gran escala (Chiquitania), con los impactos en los bosques y biodiversidad.