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Modern Talking suena en medio del estruendo de una máquina de soldar y una amoladora. Brother Louie, You’re My Heart, You’re My Soul, o Cheri Cheri Lady es el repertorio que escucha José Facundo Vargas, mientras corta, suelda y da forma a una estructura de metal con una habilidad única. Su destreza pareciera ser la de un soldador experimentado, a tal punto que se da el gusto de mover su cuerpo al ritmo de la música tecno que escucha mientras trabaja en la soledad del taller.

De unos 36 años, José no es un soldador senior ni mucho menos. Hasta antes del 22 de marzo era el responsable de almacén de Roghur, una empresa dedicada a la importación de equipos industriales. 

Pero tras la llegada del enemigo invisible más famoso del mundo la empresa tuvo que dar un giro a buscar alternativas para mantener ocupados a empleados como José, luego de que el Gobierno ordenara una cuarentena total y la economía se paralizara.

La empresa dejó las importaciones y volcó sus esfuerzos en la fabricación de cámaras de desinfección que tras la aparición del coronavirus son muy demandadas. Sumado a esto la compañía comenzó a digitalizar su trabajo para evitar la aglomeración de personas.

El virus que llegó de Asia los obligó a cambiar. Pero no son los únicos, desde pequeños negocios hasta grandes empresas se han visto en la necesidad de adecuarse a la nueva realidad.

Precisamente, para hablar de la nueva normalidad, Fernando Hurtado, presidente de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco), en un foro económico realizado por la UPSA, reveló que la presencia del coronavirus obligó al tejido empresarial a apurar los procesos la innovación en sus asociados.

Dijo que la Cainco trabaja con sus asociados para acelerar estos procesos, aunque no detalló los pasos a seguir. En su ponencia, Hurtado describió los escenarios por los que atravesará la economía por la emergencia sanitaria, que van desde una caída en los ingresos de diferentes sectores que están dejando sin liquidez a las unidades de negocio, hasta una lenta recuperación.

Hurtado identifica cuatro fases. La primera es el distanciamiento físico, en el que se necesitaba liquidez. “El 60% de las empresas son informales y viven del día a día, se dio oxígeno para el flujo de caja y planes de apoyo al empleo con prórroga de créditos e impuestos”, sostuvo.

Luego, mencionó la ‘salida gradual’ al distanciamiento social, que es la que empezó el lunes con el sector minero. Hurtado mencionó que ahí se precisan políticas de medidas estructurales para intentar compensar dando incentivos a la oferta como se impulsa la demanda, que beneficien a todo el tejido empresarial.

Las empresas grandes tienen una cadena de valor de la que dependen empresas pequeñas, según destacó el titular de Cainco, pero también afirmó que no se puede esperar que el Gobierno lo haga todo y se debe revisar en las compañías cómo cambiarán la propuesta de valor, y la estructura de costos.

 Luego de esa salida gradual, se llega a la ‘nueva normalidad’. En este periodo los empresarios precisan también medidas más estructurales, modificación de políticas tributarias, laborales, simplificación de trámites y políticas sectoriales, algo que se debe ir trabajando y aplicar nuevos modelos de negocio.

Charles Darwin, padre de la teoría evolutiva decía: “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive. Es aquella que se adapta mejor al cambio”. Esta frase se acomoda a la perfección a la nueva realidad que vive el mundo de los negocios.

En este escenario, las empresas y los pequeños emprendimientos tratan de sobrevivir y adaptarse. Un ejemplo claro de esto es la familia Carrillo.

Desde hace años Marcelo (40), el patriarca del hogar, junto con su esposa, María Eugenia Gabriel, se dedican a la fabricación de camisas y ropa de mujer. Su taller hasta antes de la cuarentena también hacia mochilas y ropa escolar. 

Pero cuando el Gobierno decretó la cuarentena (el 22 de marzo), la familia estuvo 10 días parada: nadie buscaba sus diseños. 

En medio del temor y las restricciones, Marcelo realizó un rápido ‘estudio de mercado’, con la ayuda del internet y buscó especificaciones, moldes y telas para hacer trajes de bioseguridad.

Una vez concluidos los primeros overoles su hija mayor Heidi, comenzó a ofertar el producto por Facebook. Incluso médicos han buscado estos trajes en esta pequeña empresa familiar del barrio El Fuerte, en el octavo anillo de Santa Cruz.

Cambios rápidos

La crisis del Gran Confinamiento, como bautizó el Fondo Monetario Internacional a esta coyuntura, más allá del tema sanitario -que también es importante-, ha puesto a prueba la capacidad de adaptación de las empresas en climas adversos.

Eso lo sabe muy bien César Velando, gerente general de Roghur. La compañía se tuvo que ajustar. El ejecutivo explicó que antes de que la pandemia llegue al país, la empresa había entrado en proceso de transformación que consistía en los mejoramientos de procesos, proyectos y digitalización del trabajo. Todo eso se aceleró.

Ahora todas las áreas de la compañía operan, casi con normalidad, gracias al teletrabajo.

A la par de apurar la transformación digital, la firma implementó el área de bioseguridad, desde donde se proveerá de equipos y productos para desinfección.

“Por ejemplo, armamos un equipo de fumigación, a base de bombeo, para sanitizar equipos de las empresas”, dijo.

Para Velando, la emergencia sanitaria ha puesto a disposición de la empresa una nueva área. “Ahora tenemos un área de bioseguridad. Nosotros importamos bombas, equipos pesados, transformadores y generadores. Hemos visto esta oportunidad”, señaló.

 Esto permitió a José, que solo soldaba por hobby, desarrollar esta habilidad. La empresa tardó cuatro días, desde que se declaró la emergencia sanitaria, en armar la línea de producción de esta área de trabajo.

Entre fierros

Roghur no es el único negocio que cambió sobre la marcha. Antes del confinamiento, Juan Carlos Aguilera era un hábil mecánico. Creció entre los fierros y asegura que pueda arreglar todo tipo de vehículo.

 De hecho, en su taller tiene varios automóviles listos para que sus clientes los recojan, pero no lo han hecho por la crisis sanitaria. Desde un BMW un Jeep o un Toyota sus manos lo arreglan todo. 

Esa pericia adquirida hizo que también incursione en la fabricación de cámaras de desinfección. Ya ha entregado varias a condominios y empresas.

Incluso donó algunos equipos para apoyar el trabajo que realizan los médicos del hospital público en Warnes. Su capacidad de adaptación ha hecho incluso que maneje a la perfección conceptos médicos y terminología, que antes de la cuarentena no conocía por estar sumergido en el mundo de los motores.

“La parte mecánica está muerta. Con esto cubro mis costos. Hay que buscárselas”, explicó el mecánico que ahora fabrica cámaras.

Auge del canal digital

En el sector comercial hay negocios que se adaptaron rápido. Es el caso de Dismac. La compañía es una de las pioneras en la comercialización de equipos para el hogar. Desde un televisor, heladeras, lavadoras y todo tipo de electrodomésticos.

Eliete Malpartida, jefa nacional de marketing en Dismac, explicó que, tras el aislamiento de la población en sus casas la compañía activó sus canales de venta digital.

Esto permitió que el flujo de ventas esté estable e inclusos se vendan productos más allá de las ‘doras’. Por ejemplo, los pedidos de videojuegos se dispararon, aunque la ejecutiva prefiere no dar cifras. Lo mismo pasó con las órdenes de televisores, e incluso las ‘doras’.

La gente aprovecha nuestros canales digitales”, dijo Malpartida.

El cambio llegó de forma abrupta, pero la compañía supo adecuarse e innovar, sostiene la ejecutiva.

Esto permitió acelerar el uso del teletrabajo. En la misma línea opera Multicenter con ventas online.

El gerente general, Cristoph Postey, dijo que el personal tuvo que operar vía online y en el call center. Afirma que los clientes están comprando artículos para el hogar, pero también equipos de gimnasio para cuidar su salud. 

Ahora, ante el actual escenario, todas las áreas se mantienen conectadas ya sea por Zoom, Skype, Hangouts, o cualquier app que permita interconectarse.

La plataforma digital es también la apuesta de la industria alimenticia Sofía.

Mario Ignacio Anglarill, gerente general de esa firma, explicó que su compañía realizó alianzas con plataformas online de empresas de delivery,(PedidosYa, Yaigo, supermercadomovil.com).

 La empresa no se conformó y reforzó su call center para atender pedidos de sus clientes y llevar los productos a sus hogares.

“En tiempo récord, sacamos nuestra plataforma virtual para pedidos por internet con todo el portafolio de productos Sofía”, señaló Anglarill.

El resultado fue bueno, asegura. “Aumentamos en 20% el número de camiones para llegar a más zonas en menos tiempo”, indicó.

Desde Viva informaron que antes de que se decrete la cuarentena la empresa decidió apostar por el teletrabajo, así mismo implementó un sistema de call center, Contac Center y Network Operations, que se usan por primera vez en el país.

Ya sea en la soledad de un taller, como José, o en el barrio El Fuerte donde la familia Carrillo confecciona y hasta las grandes empresas como Sofía, todos se adaptan para sobrevivir. 

Como lo decía John Rockefeller: “El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto”.