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Es boliviana y radica en Inglaterra. Cree que Bolivia tiene una ‘oportunidad de oro’, de la mano de la biotecnología, para producir alimentos para el mundo.

_¿Cuál debiera ser la hoja de ruta a seguir por Bolivia para concretar la adopción plena de la biotecnología?
Un diálogo abierto donde se escuchen los miedos de ambas partes, sin intereses políticos o ideologías. Los grupos a los que yo llamo las ‘transnacionales del activismo’ están en contra de la globalización, de la manipulación de los grandes emporios transnacionales -los hay de semillas, de equipos móviles, de automóviles, de calzados y otros, pero ellos se enfocan a las transnacionales de las semillas- y esto ha creado una falsa idea de que estas tecnologías las producen las transnacionales, los países ricos. 

El siguiente paso, es la educación en ciencia y el tercero, actualizar la normativa que en Bolivia data de casi 20 años y es influenciada por activistas europeos. Tenemos que adoptar normativas de otros países que son más coherentes, menos precautorias y funcionales. 

El cuarto paso será para el nuevo Gobierno que tendrá que decidir si va apostar o no a la educación, la investigación, la ciencia y la tecnología, en estos dos últimos ámbitos lo que llamamos infotec y biotec. Estas dos áreas grandes de la ciencia y la tecnología están cambiando el mundo para bien o para mal.

_¿Qué pierde o gana Bolivia si mantiene el rezago o decide apostar por la biotecnología?
Imagínese que Bolivia no quiera adoptar tecnologías como el internet o las vacunas para el Covid-19 que se hacen por biotecnología, o que no quiera, no pueda o no esté en condiciones de adoptarlas en un mundo globalizado, simplemente queda atrás. 

Es igual que un individuo o que una familia que no tiene auto o un celular para hacer las cosas eficientes quedan rezagados contra otros individuos o familias que pueden hacerlo. 

Bolivia tiene más posibilidades de hacer agricultura para suplir las necesidades internas de la región, pero también para exportar; por ejemplo, a Europa que no produce ni la mitad de sus alimentos. 

Si Latinoamérica le dijera a los europeos que no les venderán alimentos, simplemente se mueren de hambre. Es un tema de sobrevivencia y así como hay individuos y familias que fracasan, los países también pueden fracasar. 

Ahí vemos a Venezuela, Haití y Cuba, aunque este último país está muy avanzado tecnológicamente. Un país que no adopta tecnología se queda rezagada inexorablemente y hay un precio muy alto de bienestar social para pagar.

_¿Cuál es la relevancia de la biotecnología durante la pandemia provocada por el Covid-19?
Sufrimos una crisis económica y podemos dejar de comprar muchas cosas, pero no podemos dejar de comer. Bolivia tiene capacidad para producir alimentos con ciencia, ética y responsabilidad.

No se trata de incrementar la frontera agrícola y quemar los bosques, se trata de producir más alimentos con más rendimiento, en igual cantidad de tierra, utilizando menos agroquímicos y menos agua. 

En estos tiempos de pandemia, la biotecnología es la que va a salvarnos porque es la que nos está dando las pruebas de diagnóstico y las vacunas que vamos a necesitar. La tecnología nos permite ser más eficientes y prohibir las herramientas de la biotecnología es como impedir a los médicos usar antibióticos porque pueden causar infecciones a bacterias resistentes.