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El impacto negativo de la pandemia de Covid-19 en el aspecto económico está lejos de detenerse. Y es que, el creciente desempleo tendrá implicaciones crediticias adversas para las economías de América Latina. Así lo señala un reciente informe de Moody’s.

Las condiciones del mercado laboral (especialmente para los jóvenes) en las economías más grandes de la región -Argentina (Ca estable), Brasil (Ba2 estable), Chile (A1 negativa), Colombia (Baa2 negativa), México (Baa1 negativa) y Perú (A3 estable)-, según el estudio, se mantendrán débiles hasta 2023, con consecuencias a largo plazo para muchos sectores.

Entre los principales puntos, el análisis señala que la pandemia ha empujado a la región a una contracción mucho más profunda que la que siguió a la crisis financiera mundial de 2008-2009. Por tal motivo, resulta poco probable que el empleo en la región vuelva a los niveles anteriores a la crisis durante los próximos dos años. 

Además, las débiles tendencias del empleo persistirán y tendrán implicaciones negativas para la recaudación de ingresos de los gobiernos locales y regionales de cada país. El impacto variará entre ellos, dependiendo de su base económica y nivel de apoyo gubernamental a su población.

En el país, según Nelson Villalobos, secretario ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), el dinamismo de la cartera de crédito se redujo en un contexto de pandemia, registrando un crecimiento del 4% en 2020, el menor dinamismo de los últimos años y de la última década.

Este resultado, dijo Villalobos, denota la menor demanda crediticia en un contexto de incertidumbre, tanto para las empresas como las familias. También muestra una posición más cauta de los bancos, así como el efecto de la reducción de sus flujos después de un periodo de diferimiento de 10 meses.

En relación al efecto del desempleo, Villalobos explicó que, si bien los datos dan cuenta de un incremento, su efecto no se ha visto reflejado en los indicadores del sistema, debido a las medidas de diferimiento de cuotas que se extendieron hasta diciembre de 2020, además de la disposición del periodo de gracia para operaciones de reprogramación y refinanciamiento por al menos seis meses de 2021.

En ese sentido, el sistema bancario se encuentra en un periodo de adecuación que no recoge el efecto sobre la situación de los prestatarios que pueden haber sufrido cambios en sus condiciones laborales o encontrarse desempleados; no obstante, es previsible que una vez que finalice este periodo, se comiencen a observar sus efectos.

Por su parte, el Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec), indicó que, en principio, es importante notar que, según la OIT, Bolivia es el quinto país más afectado en términos laborales por la pandemia con una pérdida de más del 20% de las horas laborales. Eso se dio tanto por el alza de la cesantía, pero sobre todo por la salida de varias personas del mercado laboral y restricciones a la movilidad.

“Las consecuencias de esta interrupción en los ingresos laborales han sido también significativas y no pudieron mitigarse plenamente con las ayudas sociales brindadas por el anterior y el actual Gobierno”, señala el Cebec.

Desde el centro dijeron que los eventos laborales tienen consecuencias en la calidad de las colocaciones. En términos comparativos, cuando en 1999 se produjo la crisis económica el desempleo urbano subió en promedio más de cuatro puntos porcentuales entre1999-2005 comparado con el periodo 1996-1997 y la pesadez de cartera (cartera vencida y en ejecución como porcentaje del total) subió ocho puntos porcentuales, afectada también por una devaluación.

Por tanto, se puede pensar que la calidad de cartera se deteriore en función al aumento del desempleo urbano de tres puntos porcentuales entre 2019 y 2020.

A decir de Christian Aramayo, coordinador del Centro de Desarrollo Humano y Empleabilidad, el impacto de la crisis y las excesivas regulaciones del mercado laboral generaron las condiciones para que el único soporte real haya sido la economía informal, pese a los importantes y prudentes esfuerzos desde la anterior administración.

Por su parte, Marcelo Núñez, expresidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz, señaló que, al aumentar el desempleo, el sistema financiero se ve afectado puesto que se achican las posibilidades de otorgar créditos, ya que los préstamos se desembolsan a personas que demuestren fuente laboral. “Los números no mienten, las utilidades de los bancos según informe de ASFI y Asoban se han reducido en casi un 50% en relación al año anterior”, dijo.

Importancia del sector

A decir de Villalobos, es importante considerar que el sistema bancario podría ser parte de la reactivación económica a través de distintos mecanismos, uno de ellos, la canalización de recursos a sectores más vulnerables, que requieren liquidez bajo condiciones favorables para reactivar sus actividades.

Desde el sector bancario, según Villalobos, se han propuesto con anterioridad algunas propuestas de características similares, pues se considera que, después de un deterioro tan significativo en algunos sectores, se precisan acciones conjuntas y coordinadas entre los sectores público y privado.

En tanto, desde el Cebec señalaron que, en términos de política pública, la urgencia es reponer a la cadena de pagos los Bs 20.000 millones perdidos por la crisis sanitaria y sus consecuencias, para evitar que la pérdida de empleo y actividad afecte al mercado financiero.

Para ello, se requerirán instrumentos financieros que puedan apoyar tanto a los prestatarios como a las entidades de intermediación financiera, tal como se hizo en la crisis de inicios de siglo.

Por su parte, Aramayo sugiere mejorar las condiciones tributarias (como la baja de impuestos) y la flexibilización laboral que estén acompañados por políticas públicas descentralizadas. “El desarrollo lo hacen los municipios y la realidad económica en Caraparí no es igual a la de El Alto, pero (imprudentemente) la competencia de regular el mercado laboral está en el nivel central del Estado”, dijo.



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