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La otra cara del Chapare: 30.000 familias exportan banana y generan divisas

Domingo, 26 de julio de 2026 a las 06:20
Cada racimo inicia un recorrido que culminará en mercados internacionales. En Chimoré, la cosecha de banana sostiene a miles de familias /FOTO: JUAN CARLOS TORREJÓN

Mientras el Trópico sigue asociado a la coca, miles de productores sostienen una cadena agroexportadora que abastece a Argentina, Uruguay y Chile. El sector genera miles de empleos, pero enfrenta bloqueos, falta de financiamiento y escaso apoyo

El primer racimo cae sobre los hombros del cosechador mientras la humedad de la mañana aún cubre las hojas del bananal. A pocos metros, otro grupo selecciona cuidadosamente la fruta que recorrerá más de 2.000 kilómetros, desde Chimoré los supermercados de Argentina, Uruguay y Chile. El movimiento es constante no falta trabajo.  Y cada racimo debe cumplir un protocolo casi quirúrgico antes de abandonar el Trópico de Cochabamba. En esta industria no hay improvisaciones. Sin embargo, esta escena cotidiana permanece opacada por una imagen que durante décadas definió a la región: la coca.

El Chapare carga con un estigma que opaca otra realidad.  Pero lejos del debate político y de los titulares asociados al narcotráfico, más de 30.000 familias han construido, con orgullo, una economía legal que exporta, genera divisas y sostiene miles de empleos. La banana se ha convertido en una de las principales cartas de presentación de esta región y, según productores y especialistas, su verdadero potencial apenas comienza a vislumbrarse.
 

Industria que crece en silencio

El proceso de producción responde a altos estándares de calidad / JUAN CARLOS TORREJÓN

La Asociación de Productores de Banano (Asproban) es la raíz de esta historia que comenzó en 1990, cuando un grupo de agricultores decidió apostar por un cultivo que entonces parecía una alternativa modesta. Más de tres décadas después, ese esfuerzo derivó en Expaca, una empresa exportadora integrada actualmente por 22 productores que cultivan alrededor de 130 hectáreas y envían fruta cada semana a Argentina, Uruguay y Chile.

Pero la empresa representa es una parte de una actividad mayor. De acuerdo con Javier Vilcaez, presidente de Asproban y Expaca, alrededor de 30.000 familias dependen de la cadena bananera en el Trópico de Cochabamba.

“Tenemos que hacer conocer que el Trópico no es solamente coca”, afirma. Para el dirigente, esa percepción limita el reconocimiento de una actividad que durante años ha logrado abrir mercados internacionales gracias al cumplimiento de estrictos estándares de calidad.

“La primera fuerza de exportación de banano está en el Trópico. Traemos divisas para el país”, resume el productor.

En un momento en que Bolivia enfrenta una marcada escasez de dólares, la importancia de las exportaciones adquiere un peso estratégico. Cada contenedor que cruza la frontera representa ingreso de divisas frescas para la economía nacional, un aporte que el sector considera insuficientemente valorado por las políticas públicas.

Pero el sector aún está lejos de alcanzar su techo productivo.

La banana del Trópico recorre un riguroso proceso de cosecha y selección / JUAN CARLOS TORREJÓN

Vilcaez sostiene que la principal barrera no es la falta de tierra ni de condiciones climáticas, sino el poco financiamiento. Con créditos adecuados y programas de incentivo, asegura que la superficie cultivada podría ampliarse de forma considerable, incrementando también la oferta exportable.

Esa visión es compartida por el ingeniero agrónomo ecuatoriano José Fernando Espinosa, quien durante años ha trabajado en una de las industrias bananeras más desarrolladas del mundo.

Su diagnóstico es contundente: el problema de Bolivia no está en la calidad de la fruta.

“Bolivia tiene la misma calidad que Ecuador”, sostiene. Y va más allá: “Tenemos mejor banano, incluso más dulce que Ecuador”.

La diferencia, radica en las condiciones que rodean al productor. Mientras Ecuador convirtió al banano en uno de los pilares de su economía exportadora —con ventas externas que oscilan entre $us 2.500 y 2.800 millones al año—, Bolivia enfrenta limitaciones que restringen su crecimiento.

Entre ellas identifica el escaso apoyo estatal, las dificultades para acceder a financiamiento, los elevados costos logísticos, los bloqueos de carreteras y la reducida cantidad de mercados internacionales abiertos para la fruta boliviana.

Aun así, considera que el potencial es enorme. Menciona que en Ecuador existen 200.000 hectáreas de producción bananera, mientras que en Bolivia la producción alcanza a 7.000.

Si el país logra consolidar políticas de apoyo y abrir nuevos destinos comerciales, especialmente hacia Europa y Rusia, la producción podría incluso triplicarse.

“Si eso pasa el país tranquilamente puede llegar a las mismas hectáreas de Ecuador”, dijo.

Empleos

Argentina, Chile y Uruguay son los principales mercados de la banana boliviana / JUAN CARLOS TORREJÓN

El impacto económico del banano trasciende las parcelas agrícolas.

Según el productor Néstor Chura, cerca de 18.000 familias viven directamente del cultivo y alrededor de 17.000 productores participan en la actividad.
Pero el empleo no termina en las plantaciones de bananas.

Cada hectárea requiere mano de obra permanente para labores de mantenimiento, fertilización, control fitosanitario y cosecha

A ello se suman jornaleros, trabajadores de plantas de empaque, transportistas, clasificadores, exportadores, operadores logísticos y comerciantes.

Por ejemplo, una sola plantación bananera de 1.000 hectáreas puede generar alrededor de 800 empleos directos y más de 1.500 puestos de trabajo si se considera toda la cadena productiva, desde el campo hasta la exportación. 

Proceso de cosecha

El recorrido de un racimo de banana no concluye cuando es cortado. El proceso es industrial.

Cada fruta atraviesa un riguroso proceso de selección antes de ser autorizada para la exportación.

Los técnicos verifican que el fruto tenga un calibre mínimo de 39 y que la longitud alcance al menos 19 centímetros. Incluso inspeccionan el estado de maduración de la pulpa y descartan cualquier fruta que presente golpes, rayaduras o defectos estéticos.

Solo entonces comienza la etapa de postcosecha.

Los racimos son desmanados, nuevamente clasificados, fumigados con productos autorizados por el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) y cuidadosamente empacados.

Cada contenedor transporta 1.000 cajas, equivalentes a unas 22 toneladas de banana.

Durante el trayecto internacional la fruta viaja refrigerada a 13 grados centígrados para preservar su calidad hasta llegar a los mercados de Argentina, Uruguay y Chile.

Los obstáculos 

Aunque la demanda de esta fruta existe en el mercado global, el crecimiento enfrenta obstáculos ajenos al control de los productores.
Los bloqueos de vías figuran entre las principales amenazas.

Vilcaez calcula que las últimas interrupciones provocaron pérdidas de entre $us 6 y 8 millones debido a contratos incumplidos, retrasos logísticos y fruta que no logró llegar a destino.

Para un producto perecedero, cada día de cierre representa pérdidas difíciles de recuperar. Según los productores, perder un racimo por los bloqueos equivale a perder un año de trabajo.

Néstor Chura añade otros factores igualmente determinantes.

Las inundaciones y los desbordes de ríos afectan periódicamente las plantaciones, mientras la escasez de combustible dificulta tanto las labores agrícolas como el transporte hacia los centros de exportación.“Los bloqueos nos han perjudicado bastante”, resume.

A ello se suma el deterioro de la infraestructura vial y la falta de nuevas rutas comerciales que permitan reducir la dependencia de pocos mercados.
La experiencia ecuatoriana demuestra que el fruto puede convertirse en un motor de crecimiento.

Mientras Ecuador genera miles de millones de dólares cada año gracias a este producto, Bolivia aún aprovecha solo una fracción de su potencial.
 El verdadero reto consiste en transformar ese potencial en una política de desarrollo capaz de multiplicar la producción, generar más empleo y aumentar el ingreso de divisas para un país que hoy las necesita con urgencia.

Porque, mientras el mundo sigue asociando al Trópico con la hoja de coca, en los bananales de Chimoré se cultiva otra historia: la de una industria silenciosa que busca convertirse en una de las grandes protagonistas del futuro exportador de Bolivia.
 

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