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Un país del tamaño del Beni: Guyana recibe 14 veces más capital fresco que Bolivia

Martes, 30 de junio de 2026 a las 06:10

El informe de la CEPAL revela que Guyana es el país que crece más y recibió cerca de $us 9.000 millones de inversión extranjera directa en 2025, frente a los $us 620 millones captados por Bolivia

Guyana tiene casi la misma superficie que el Beni. El país sudamericano ocupa 214.969 kilómetros cuadrados; el departamento boliviano, 213.564. Durante décadas, ambos compartieron una característica: permanecían lejos de los grandes centros económicos de la región y buena parte de su riqueza seguía bajo tierra.

Hoy la historia es otra.

Mientras Guyana se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para la inversión extranjera de América Latina gracias al petróleo, Bolivia enfrenta una pregunta cada vez más urgente: ¿qué reemplazará al gas como motor de crecimiento y atracción de capitales?

El más reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ofrece una fotografía contundente. Guyana recibió cerca de 9.000 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED) en 2025. Bolivia captó 620 millones. La diferencia supera las catorce veces.

Además, el director de Desarrollo Productivo y Empresarial de la CEPAL, Marcos Llinás, destacó que la inversión extranjera representa menos del 1% del Producto Interno Bruto de Bolivia, mientras que en Guyana supera el 40%.

La explicación está bajo tierra.

Hace poco más de una década, Guyana descubrió gigantescas reservas petroleras en aguas profundas. Desde entonces, compañías energéticas internacionales desembarcaron en el país para desarrollar campos de producción, infraestructura, servicios especializados y cadenas logísticas. El resultado es una de las economías de mayor crecimiento del mundo.

Bolivia, en cambio, atraviesa una etapa distinta. Hoy enfrenta la declinación de reservas y la ausencia de descubrimientos capaces de reproducir aquel ciclo expansivo.

Flujo de recursos. A lo largo de los años, la inversión extranjera directa ha ido en franco retroceso, hasta llegar a niveles históricos.

Las cifras de la CEPAL reflejan esa transición. Aunque la inversión extranjera directa creció 73,3% en Bolivia durante 2025, pasando de 358 a 620 millones de dólares, la mayor parte de esos recursos no corresponde a nuevos inversionistas. El 76% provino de reinversión de utilidades de empresas que ya operaban en el país. Los aportes frescos de capital apenas representaron el 2% del total.

En otras palabras, las compañías instaladas decidieron quedarse, pero pocas nuevas decidieron llegar.

La comparación adquiere mayor relevancia si se observa el contexto regional. América Latina y el Caribe recibieron 194.233 millones de dólares de inversión extranjera directa durante 2025. Bolivia captó apenas una fracción de ese flujo. Como resume el economista Fernando Romero, de cada 100 dólares que llegaron a la región, el país recibió apenas 30 centavos.

Para la CEPAL, la inversión extranjera sigue siendo un factor clave para impulsar productividad, empleo de calidad, transferencia tecnológica y crecimiento económico. Sin embargo, la competencia global está cambiando. Los grandes capitales ya no buscan únicamente petróleo, gas o minería. telecomunicaciones, centros de datos, inteligencia artificial, servicios digitales y energías renovables concentran una porción creciente de las nuevas inversiones.

Ahí aparece el verdadero desafío boliviano.

Guyana encontró petróleo cuando el mundo todavía demandaba energía. Chile atrae inversiones vinculadas al litio. Brasil concentra megaproyectos tecnológicos. Bolivia todavía busca cuál será su próxima gran promesa económica.

Litio, agroindustria, minerales críticos, energías renovables, tecnología o corredores logísticos aparecen entre las alternativas posibles; pero el desafío construir las condiciones de estabilidad, confianza y previsibilidad que permitan atraer los capitales necesarios para desarrollarlo.

La diferencia entre Guyana y Bolivia no se mide en kilómetros cuadrados. Tampoco en población. Se mide en la capacidad de convencer al mundo de que el futuro todavía vale una apuesta.

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