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Sonia Calisaya dejó de laburar después de cinco años como trabajadora del hogar, debido a que la familia para la cual prestaba sus servicios, le redujeron su salario y eso los obligó a ajustar su presupuesto familiar. "Me agradecieron y dijeron que ahora han bajado sus ingresos económicos y, qué si la situación mejora, tal vez más adelante me vuelvan a contratar", dijo.

Calizaya pidió prestado 700 bolivianos a su hermana y ha instalado una venta de refresco en la zona de la parada de micro Campo Rosa, distrito 10 de la ciudad capital. Allí está aprovechando las altas temperaturas y el sofocante calor que registra Santa Cruz para vender y con eso sustentar a su hijo de 8 años.

Similar es la situación de Florencia Mamani. La despidieron con el argumento de que su edad, 58 años, la catalogaba como una persona vulnerable ante el Covid-19, por lo que era mejor que cuide su salud. Hoy ella se dedica a vender tortitas de carne molida y panza rebosada en una cancha deportiva cercana al cuarto donde alquila, zona del nuevo mercado Abasto.

Juana Supayabe también se quedó sin trabajo. Su ex empleadora le pidió que trabaje cama adentro y con descanso cada tres meses, situación que no aceptó, por motivos familiares. Ella vive con su esposo y dos hijos en su casa, ubicada en el Plan Tres Mil. Para llevar el pan del día a su casa ha improvisado la venta de fruta en una carretilla.

Angélica Velásquez, secretaria del Sindicato de Trabajadoras del hogar de Santa Cruz, dijo que el 80% de sus colegas ha quedado sin trabajo. La mayoría desde marzo fue alejada de su empleo y hasta la fecha no fueron convocadas para retomar sus funciones. "Las empleadoras prefieren hacer ellas los quehaceres domésticos porque tienen mucho miedo a la pandemia, y en otros casos, no tienen presupuesto para contar con los servicios de las compañeras", manifestó. 

A decir de Velásquez, las que son oriundas de la ciudad capital han tenido que ingeniárselas para generar ingresos y llevar el sustento para sus hijos y para el pago de sus alquileres, la mayoría, haciendo pan, y las que son de provincia han regresado a sus pueblos y comunidades.

Felicia Tolavi, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Sucre, indicó que el 60% ha perdido su empleo, debido a la pandemia como consecuencia del coronavirus. "Muchas compañeras no sabían de dónde sacar dinero para sustentar a sus hijos y pagar su alquiler; especialmente las que trabajaban cama afuera han sido despedidas. No hay trabajo para nuestro sector", manifestó Tolavi a EL DEBER.

Según la dirigenta chuquisaqueña, a escala nacional el 90% de las  trabajadoras del hogar se ha quedado sin su fuente de trabajo, muchas de las que fueron despedidas han llamado a sus sindicatos para pedir orientación sobre el pago de sus beneficios sociales, sostuvo Tolavi.

Ambas dirigentas cifran sus esperanzas en que pase pronto la pandemia y puedan recuperar las fuentes de empleo.