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En la calle Lapachos, allá en El Bajío, uno de los distritos más populares de Santa Cruz de la Sierra, Luis Alberto Pérez observa su pequeño taller de zapatos. Se pregunta una y otra vez: ¿Valdrá la pena seguir?, ¿Qué puedo hacer? ¿Cierro o sigo adelante? La pandemia, más allá de los estragos que generó en la salud, paralizó todas las actividades económicas en el país; empresas pequeñas, medianas y grandes dejaron de operar. Pero son las primeras las más afectadas.

Y pese a que las medidas de confinamiento se flexibilizaron, este sector no levanta vuelo: las secuelas del virus siguen; y sus actores anticipan que tendrán problemas para pagar aguinaldos y retomar el pago de sus créditos.

Dirigentes del sector aseguraron a EL DEBER que, durante la cuarentena rígida se perdieron tres millones de empleos en todo el país; que no pudieron recuperarse cuando se flexibilizaron las medidas restrictivas, que se establecieron para frenar el avance del coronavirus.

Los microempresarios tampoco pudieron acceder a una serie de préstamos y recursos que creó el Gobierno de transición para evitar que este sector colapse. Pero, al final la quiebra parece inevitable. Los mercados están vacíos. No hay ventas y menos capital para seguir operando.

Cambios

Pérez viene de una estirpe zapatera de origen cochabambino. Su padre, abuelo y hermano fabrican calzado desde siempre. Es lo único que sabe hacer desde sus 12 años, admite. Pero la situación económica por la que atraviesa lo hace repensar su futuro.

Desde hace 16 años radica en Santa Cruz, lugar al que considera como la “tierra prometida para los negocios”. Pero no son buenos tiempos, incluso en la ciudad más próspera de Bolivia. Antes de la pandemia, su pequeño taller daba trabajo fijo a cinco personas, y hasta 12 cada fin de año.

Hoy apenas tiene a dos familiares que lo ayudan a despachar los pocos pedidos.

La situación no fue siempre así. Hace diez años la actividad era rentable: “Te daba para prosperar y ahorrar y comprarte una casa”, asegura Pérez.

Era tan bueno el negocio que los artesanos se agruparon en la Asociación de Productores de Calzados de Santa Cruz. La organización, hasta marzo de este año, tenía 146 unidades productivas afiliadas.

Hoy la situación es distinta. Por la emergencia sanitaria, 51 talleres cerraron para siempre.

“Estoy viendo a compañeros que están vendiendo todo. Hace dos semanas un amigo vendió sus máquinas y se compró un ‘torito’ para trabajar de mototaxista; de él dependían siete personas, antes de la pandemia. Esas siete fuentes de empleo no existen”, señala Pérez que preside esta asociación.

Ya sea en el transporte, la construcción o, incluso, el comercio una buena parte de los microempresarios ha dejado sus talleres para buscar una fuente de ingresos en estos sectores.

En cambio, otros, como Pérez no saben qué hacer.

“Toda la vida hice calzados. A mis 36 años, difícilmente una empresa me va a contratar. No sé si me iré de ayudante de albañil, ¿qué hago yo”, se pregunta.

Ante esta situación, el microempresario ve muy difícil que el sector pueda retomar el pago de sus créditos a los bancos. Lo más preocupante, es que tendrá que rebuscar la forma para pagar el aguinaldo a sus pocos operarios.

Desde su pequeño taller instalado en El Palmar, Félix Huaycho, presidente de la Federación Departamental de la Micro y Pequeña Empresa (Fedemype), explica que un 70% de las unidades productivas de Santa Cruz están paradas. Otro 20% apenas arrancando operaciones y solo un 10% ha podido retornar a sus actividades, desde que se flexibilizó la cuarentena en Santa Cruz.

El propio dirigente es víctima de esta crisis. En su taller textil, donde antes trabajaban 15 personas ahora lo hace solo una.

Esto sin contar a toda la cadena que está involucrada en la producción de cada prenda, como los serigrafistas, bordadores y hasta gente que lava la tela.

“La cadena productiva es enorme, pero no nos hemos podido reactivar. No pudimos acceder a ningún crédito”, dice el dirigente.

Ahora en su espacio de trabajo, solo reina el silencio que se pierde cuando llega uno que otro encargo: que garantice la subsistencia del negocio hasta que las ventas mejoren, pero no lo hacen.

“Estamos como en la cuarentena rígida. Vendemos una o dos prendas, antes vendíamos por docenas. Ahora, nuestros trabajadores vienen a preguntar si hay trabajo, pero es muy difícil decirle a la gente que no hay nada”, señala.

En este contexto, según el dirigente, es complicado que las microempresas puedan retomar el pago de sus créditos.

“Tenemos que pagar en enero. Pero no hay venta, no hay ni capital para comprar material. Yo tengo apenas tres rollos de tela, y necesito unos 20”, señaló.

Natividad Mancilla, junto con otras dos mujeres, mantienen con vida un pequeño taller textil ubicado cerca del mercado Fortaleza, en El Palmar.

Desde hace ocho años sostiene este negocio que produce pantalones jeans y que se resiste a cerrar.

La pequeña empresaria contaba con ocho trabajadoras fijas, e incluso vendía sus prendas en zonas fronterizas. Pero ahora las cosas cambiaron, y la reactivación tardará en llegar a su taller.

“La situación está complicada. Todavía no está saliendo mucha venta. Estamos trabajando poco a poco, solo para subsistir. No hay mucha entrada”, señala.

Datos

En el país hay dos dirigentes que se adjudican la representación de la Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype). Ambos coinciden en que la realidad del sector es crítica y dan cifras que preocupan.

El dirigente Agustín Mamani asegura que tres millones de personas, que se empleaban en el sector Mype, ahora están en la calle.

Esto se debe a que 450.000 unidades productivas siguen paralizadas; pese a la flexibilización de la cuarentena.

Según Mamani, uno de los problemas es el poco movimiento en el mercado interno, y el escaso control de las fronteras, que hace que la mercadería de Argentina y Brasil llegue al país.

Por su parte, el también dirigente Néstor Conde, sostuvo que en las actuales condiciones los microempresarios necesitan que el Gobierno amplíe por unos seis meses más el diferimiento de créditos para el sector productivo.

En lo que va de la emergencia sanitaria aseguró que al menos 120.000 empresas cerraron por las medidas restrictivas que estableció el Gobierno de transición.

“Será difícil que volvamos a pagar los créditos en enero, porque no tenemos recursos”, dijo.

Sugieren cierre de fronteras y barreras para arancelarias a artículos extranjeros

Ante la actual situación, los pequeños productores plantearon el cierre de las fronteras a los artículos de manufactura de procedencia extranjeras e imponer barreras paraalancerarias a este tipo de ítems.

Agustín Mamani, dirigente de las Mypes, señaló que es necesario que el actual Gobierno cierre el paso de productos extranjeros por un periodo de tres años, hasta que la actividad productiva, y en especial el de la manufactura, se recupere. “Necesitamos que se restrinja el ingreso a los productos que llegan e invaden el mercado”, dijo.

Sugirió que los municipios y las gobernaciones impongan impuestos a la internación de mercadería extranjera en los mercados locales.

El dirigente planteó que desde el nivel central de Gobierno se establezca una línea de crédito a ocho años de plazo, con dos de gracia y tasas de hasta el 3%. Esto permitirá, según Mamani, que los productores puedan acceder a capital de operaciones para poder reactivar sus unidades productivas.

“Necesitamos políticas claras hacia la reactivación, dirigidas a los textileros, artesanos y todo el sector”, sostuvo el dirigente.

Se consultó al Ministerio de Economía y al de Desarrollo Productivo sobre las medidas concretas que realizará el Gobierno para reactivar a las microempresas, pero hasta el cierre de edición ninguna de estas carteras de Estado contestó.

Pero en una entrevista realizada por EL DEBER, el ministro de Economía, Marcelo Montenegro, sostuvo que desde el Gobierno se “fomentará la oferta, la capacidad productiva de las Mypes, microempresas, medianas y grandes empresas con incentivos para que vuelvan a producir”.

“También se impulsará la demanda interna a través de políticas como los bonos (transferencias condicionadas) e inversión pública”, dijo.

Además, aseguró que mediante el Bono Contra el Hambre se inyectarán $us 600 millones a la economía, lo que generará un efecto multiplicador en todo el país.



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