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La actual administración de Boliviana de Aviación (BoA) reveló una pérdida de $us 50 millones entre 2014 y 2019 y denunció una campaña interna de sabotaje, dirigida por exfuncionarios, que busca desestabilizar la gestión y operación de la estatal. Trabajadores de base no visibilizan un cambio de timón y creen más bien que el complot se sostiene en las malas decisiones tomadas por el presente plantel gerencial.

Según el gerente general de la aerolínea, Juan Carlos Ossio, los estados financieros entregados al Ministerio de Obras Públicas arrojan una pérdida que supera los $us 50 millones en los últimos cinco años. “Solo en 2019 excedieron los $us 20 millones”, apuntó.

Dio cuenta de que la contabilidad falseada no incluyó la desvalorización de los aviones que hoy despegan con turbinas alquiladas. “Ninguna de las aeronaves opera con sus propias turbinas”, ejemplificó Ossio, al deducir que el dinero para mantenimiento era gastado y cuando se cumplía el ciclo de las turbinas procedían a alquilar otra.

Para clarificar qué sucedió realmente en la aerolínea, BoA ha solicitado una auditoría a través de una entidad con experiencia, pero sobre todo objetiva e imparcial. “Tenemos estados financieros que no corresponden a la realidad. Se han maquillado cifras y necesitamos tener una figura clara de lo que sucedió”, afirmó Ossio, al señalar que los resultados de la radiografía sobre el manejo en todas las áreas se conocerán en abril.

El exgerente de BoA, Ronald Casso, refuta las denuncias aclarando que los estados financieros siempre fueron revisados por auditoría interna, auditores externos y presentadas a la Contraloría General del Estado para su revisión. Asimismo, dijo que fueron presentados a Impuestos Nacionales para
su verificación y se cumplió con el respectivo pago de los impuestos.

Diciembre de 2019, según Ossio, fue el mes en que la empresa no registró números rojos. La próxima acción para remontar la situación será el aumento de destinos internacionales y nacionales de manera gradual. Sumará a su flota un Boeing 737-800 NG y reestablecerá la operación de naves abandonadas que aún tienen vida útil.

En febrero subió a siete vuelos por semana a Uyuni y anuncia la expansión a Rurrenabaque, un atractivo apetecido por turistas.

Conspiración

El actual gerente de BoA denunció una campaña interna de sabotaje, por parte de extrabajadores, que intenta desestabilizar la aerolínea. “Están poniendo en riesgo la continuidad del servicio de transporte público aéreo”, señaló Ossio.

Respecto a la supuesta conspiración interna en BoA, representantes de los trabajadores de base, de técnicos de mantenimiento y de los pilotos salieron al paso para afirmar que no visibilizan un cambio de timón en la actual gestión y creen más bien que el complot proviene de las malas decisiones asumidas por los actuales administrativos que redujeron el itinerario a Uyuni en plena temporada de alto tráfico de pasajeros.

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