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El algodón, cultivo que en los 90 tejió el despegue del desarrollo económico de Santa Cruz, retoma la ruta del crecimiento y genera cadena de valor en la parte industrial. En el último año la frontera agrícola de este cultivo pasó de 1.700 a 7.000 hectáreas y empresarios privados invierten para transformar la fibra textil vegetal en tela jeans para pantalones y camisas y generar, a partir de la pepita, aceite crudo comestible y biodiésel.

“Mire ese manto blanco. En ese estado se halla la mayoría de los campos de La Enconada -comunidad del municipio de Cotoca- donde se sembró algodón este año”. Así, con ese entusiasmo, el presidente de la Federación Departamental de Productores de Algodón (Fedepa), Jesús Arce, describió el generoso desempeño productivo alcanzado por el sector este año.

Hizo mención que en el último ciclo agrícola el área cultivada creció de 1.700 a 7.000 hectáreas y que el sector tiene potencial para expandir la frontera agrícola algodonera para cubrir la capacidad de consumo de fibra textil que ronda las 20.000 toneladas. Del área total cultivada estiman alcanzar este año unas 6.000 toneladas.

A juicio de Arce, la incursión de Industria Textil TSM en la producción de tela jeans ha motivado a los productores a expandir la siembra porque ven en este emprendimiento un mercado seguro para vender su producción. Denotó, además, que el sector ansía un crecimiento sostenible, pero para desplegar todo su potencial productivo se requiere seguridad jurídica, adopción de biotecnología, investigación en manejo del cultivo y acceso de créditos.

De darse estos aspectos, afirma que el sector está en condiciones de expandir el área cultivada a 100.000 hectáreas para cubrir el consumo nacional de hilatura y, además, contribuir con el aceite de la pepita de algodón para la producción de biodiésel. Este año estiman un acopio de 7.000 toneladas de pepita de algodón que extrusadas equivalen a 1,4 millones de litros de biodiésel.

Hoy, la pepita se destina como proteína para engordar bovinos doble propósito, carne y leche. Otros subproductos que se aprovechan muy poco y que tienen oportunidad de mercado son la perilla y la cascarilla de algodón y el linter que sirve para fabricar billetes.

De generarse las condiciones exigidas, según Arce, están en condiciones de generar ingresos por un valor de $us 100 millones y un millón de empleos, dado que el requerimiento de mano de obra es intensivo en el sector algodonero.

Eslabón primario

Carlos Josías y Félix Delgado, ambos agricultores, tienen una historia en común. El primero incursionó en la producción de algodón en Pailón y el segundo en Cuatro Cañadas. Dieron cuenta de que apostaron por el cultivo debido a la rusticidad y capacidad de resistencia al déficit hídrico. Josías sembró 100 hectáreas y anticipó que duplicará el área de siembra en el próximo ciclo agrícola. Delgado hará lo propio. Extenderá de 19 a 80 hectáreas. Ambos indicaron que alcanzaron rentabilidad y que con mercado asegurado el algodón dará ‘pelea’ y será una alternativa de cultivo de rotación en verano. Empero, creen que urge el uso de biotecnología para minimizar los costos de agroquímicos para combatir maleza e insectos y alcanzar mayor productividad en campo.

Desde Agrofortaleza SRL, su gerente general William de las Muñecas, señaló que este año la cosecha y la calidad del algodón fueron mejor que las anteriores dos campañas y que esas dos variables pesaron en el precio. Aludió que el mercado local consume la producción, pero que el eslabón primario algodonero de Bolivia debe aspirar a cerca de 10.000 fardos para volver a mercados internacionales.

Para ello, dijo que los productores deben tener acceso a genética vegetal de primera línea que permita llegar a una escala global de competitividad y “eso pasa por el uso de material transgénico”, dijo.

De las Muñecas afirmó que el algodón ha cambiado el sistema de producción, siembra directa fumigación dirigida, uso de reguladores de crecimiento, fertilización foliar, fumigaciones calendario y uso de maduradores con cosecha mecanizada hacen un cultivo diferente y como gran alternativa para rotar a la soya en verano.

Santa Cruz es el mayor productor de algodón y Villa Montes y Yacuiba, en Tarija, son los nuevos polos de expansión del cultivo. Colonos menonitas, en el sur del país, desarrollan con mayor intensidad la actividad agrícola algodonera.

Efecto dominó

El reflote del sector algodonero en el campo despierta un auge de servicios en Godefroy y Digrabol, las únicas dos desmotadoras que operan en la zona este de Santa Cruz.

Se advirtió alto flujo y rotación de productores y camiones en estos dos complejos. En Digrabol, el propietario Hugo Romano, reveló que hace tres años tenía en mente demoler las instalaciones, pero que hoy al visibilizar el repunte productivo del sector algodonero invertirá $us 600.000 para montar un planta y transformar subproductos derivados de la pepita de algodón.

Refirió que de Brasil está importando la maquinaria que extrusará la pepita de algodón para refinar aceite crudo comestible y que, en sociedad con un empresario cruceño, montará otro complejo para generar biodiésel y así reforzar el proyecto de biocombustibles.

Actores externos

Desde el Servicio Nacional Textil (Senatex), el representante de hilandería Mauro Uzqueda, aseguró que la estatal es también parte estratégica de la reactivación del sector algodonero del país.

A su criterio, lo trascendente es que Senatex está dando valor agregado a la fibra textil vegetal que se produce en campos de cultivo de Santa Cruz. Disponen de una capacidad instalada de 180 toneladas mensuales en sus plantas (hilandería, tejeduría y corte) instaladas en La Paz y hoy trabajan a un 30% debido al requerimiento del mercado. Las poleras polos 100% algodón son el producto ‘estrella’ y el Ejército y la Policía acaparan la demanda. Sus mercados de exportación son Argentina y Cuba.

Desde Industrias Albus -se dedica a la fabricación y comercialización de insumos médicos-, el gerente administrativo Javier Lupo Velasco, destacó el repunte del sector algodonero deduciendo que la disponibilidad de materia prima garantiza la operación de las industrias del sector que pasan por una etapa de crecimiento impulsada por la demanda interna. Estima que las tres industrias que transforman insumos médicos en el país, sin contar el hilo, requieren un promedio de 6.000 quintales por año para producir algodón.

Comentó que La Paz, Cochabamba y Santa Cruz captan el 70% del total de ventas y que Albus negocia con Cuba la exportación de gasas quirúrgicas y algodón hidrófilo. Hace poco salió de operación del mercado venezolano.

Ámbito industrial

En Cotoca, distante 20 km al este de la capital cruceña, Industria Textil TSM S.A. emprendió la producción de tela jeans. Según el presidente ejecutivo, Miguel Rada, este año perfilan industrializar 4 millones de metros lineales de tela jeans. Un 70% de esa producción ya está vendida. Una fracción a confeccionistas de Cochabamba y Santa Cruz y exportaron 250.000 metros lineales a Perú.

En la primera fase del megaemprendimiento se invirtieron $us 25 millones y, a decir de Rada, hasta febrero de 2020, inyectarán otros $us 25 millones para ampliar la capacidad de producción a 10 millones de metros lineales por año. “Para cubrir esa expectativa de crecimiento se requieren 16.000 hectáreas cultivadas para la próxima campaña agrícola. Esperamos que los agricultores continúen con el impulso de ampliación de la frontera agrícola algodonera”, dijo.

Respecto a la tela jeans que fabrica Industria Textil TSM, el vicepresidente de la Fedemype Santa Cruz, Miguel Choque, dijo que el sector ha comenzado a usarla en la confección de pantalones con óptimos resultados en calidad.

Hizo notar que los precios, comparado con la tela China, son más competitivos y que con la certificación de origen que les extiende Industria Textil TSM podrán exportar su producción.

 

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