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"Cuando volví fue algo muy triste. No solo porque no había gente. Fui testigo de cómo las señoras que se encargan de la limpieza de la plaza barrían a las palomas muertas. Eran muchas. Murieron de hambre y de sed. Volví por eso y porque no tengo un centavo". Con el rostro y el cuerpo cubierto con una chamarra azul y chaleco verde, Erika López lanza maíz a más de un centenar de palomas que tiene a su alrededor, a poco metros de la Catedral.

A ella, la plaza 24 de Septiembre la acoge desde hace 15 años, donde llegó para trabajar como fotógrafa. Pero la digitalización y la facilidad de hacer fotos con el celular disolvieron el negocio. Ya no había a quién tomar fotos y, encima, ya había competencia en este lugar, que antes de la cuarentena tenía visitantes a toda hora.

Ahora es quien se encarga de vender alimentos para aves. En estos días de cuarentena, la jornada en la que le fue mejor llegó a ganar Bs 12, muy diferente en meses pasados cuando lograba vender Bs 50 de maíz y otros granos por jornada. En estos momentos, quienes llegan a la plaza no están precisamente interesados en alimentar a las palomas. El quintal que compraba para alimentarlas ahora se convitió en una arroba. No hay dinero para comprar más, pero ella llega para que estos animales no mueran de hambre.

En su soledad, Érika también es consciente de que tiene que llevar el alimento diario a su casa y espera que vengan días mejores para que el resto de personas que llegan a trabajar en la plaza y sus alrededores (kioskeros, canillitas, vendedores de refrescos y otros) también puedan volver.

Solo, cortado y con leche

Esta fue la primera vez en 40 años que Gumercindo Ventura había estado tanto tiempo sin trabajar. Los dos meses de cuarentena y la ausencia de visitantes al 'corazón' de la capital cruceña lo llevaron a confinarse en su hogar. Pero los ahorros se acabaron y la necesidad lo llevó a 'desempolvar' su gorro y su uniforme bicolor para volver a la 24 de Septiembre, mismo lugar al que llegó siendo un joven de 23 años para dedicarse a la venta de café.

El menú ofrece café solo, cortado o con leche. Ventura es otro de esos rostros anónimos que dan color a la plaza principal y conoce de cerca el movimiento que se vive en esta zona de la ciudad. Con tanto tiempo en el oficio ha sido testigo de hechos que marcan la historia de los cruceños y ha tenido el privilegio de servir la bebida e ingredientes que distribuye en ocho termos blancos a personajes ilustres de la urbe.

Pero el retorno a la actividad ha sido distinto. Los más de 20 integrantes de la Asociación 24 de Septiembre no están. Gumercindo está solo. Es el único de su gremio que se atrevió a volver y tener la fortuna de encontrar una bicicleta fue la señal para el retorno a la actividad. Mientras él recorre los cuatro puntos cardinales de este espacio de recreación, la 'bici' lo 'espera' encadenada a una de las luminarias del ala noroeste de la plaza.

En los días de mayor afluencia y con alta demanda de café, Gurmecindo llegó a repartir 200 vasos a quienes llegan de paseo, hacen tertulia o juegan ajedrez. Como está 'volviendo al ruedo' no sabe como le irá. Pero anticipa que no será igual, ya que las 'horas calientes' son en la tarde y en la noche y a esas alturas del día la ciudad se apaga. Todavía estamos en cuarentena.

Para conseguir ingresos se propuso llegar a la plaza a las 6:00, cuando la gente va acudiendo al centro, principalmente para ser atendidos en las entidades financieras o farmacias, ahí encuentra un enganche para vender, al igual que a otros más osados que llegan a ocupar las banquetas de la plaza.

La 'tímida' reactivación de los comercios despierta el optimismo en este hombre que con su trabajo sacó adelante a una familia de cinco hijos, algunos de ellos todavía estudian y otros son independientes (incluso uno trabaja en una textilera en Brasil). Con barbijo, guantes, alcohol desinfectante y un cordial saludo a metros de distancia Gumercindo se despide. El trabajo llama y hoy tiene que llevar comida a su hogar.